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JUEVES 24- 12- 87 INTERNACIONAL ABC 41 Estado de gracia de la revolución del thatcherismo en Gran Bretaña La Educación, entre los nuevos objetivos de la Dama de Hierro Londres. Alfonso Barra Los adversarios dé Margaret Thatcher dicen que es como los acróbatas: mantiene su equilibrio político diciendo lo contrario de lo que hace. La acusan de pregonar la apertura de las fronteras del Estado, y lo que ha hecho es apuntalar el poder del mismo. Cuando los conservadores ganaron en 1979 las elecciones generales, la inquietud generalizada era que Gran Bretaña podría transformarse en una nación ingobernable Ahora los socialistas repiten que la jefa conservadora intenta consolidar una dictadura electiva. Se repite que no suele haber gobierno si los gobernados no aceptan esa autoridad. La popularidad de Thatcher sigue en su apogeo. La realización capital del thatcherismo ha sido, precisamente, hacer gobernable a Gran Bretaña. Ha remodelado la autoridad del Estado para que puedan funcionar los engranajes de ¡a sociedad y de la economía. El año de 1979, durante el invierno del descontento los sindicatos estaban a punto de consolidar la usurpación de la autoridad del Estado. El país se hallaba en crisis. Además del envite anticonstitucional de los sindicatos, la economía alcanzaba el estado crónico de postración. El desempleo, la anarquía y la decadencia en el centro de las ciudades eran el denominador común de la vida británica. Para contener esa resaca era preciso un Margaret Thatcher Gobierno fuerte, más necesario aún para emprender la modernización de instituciones y del mercado esa tarea necesaria. En la esfeservidos. ra internacional los pretendidos reaccionarios conservadores son los que han dado la La obstrucción incondicional de la izquierindependencia a Rodesia y a Hong Kong. Si da, de la intelligentsia y las censuras sistemáticas de amplios sectores de los medios en Gibraltar no se prosperó más, no toda la de información, hacían más difícil aún la tarea culpa es de la intransigencia de Londres, que propuesta por los conservadores. Sigue laten- se encontró con gran sorpresa ante las rete la hostilidad crónica de ciertos sectores de nuncias gratuitas de los españoles. los medios de comunicación a toda manifesDe Gaulle quería acabar con la era de las tación de la autoridad del Estado. Thatcher feodalites para modernizar al país. Los no ha recortado esos privilegios, que parecen Stuart ingleses atacaban las instituciones más propios de los tiempos en los que el Go- para destruirlas. Thatcher ha barrido mucha bierno no encontraba resistencias extraordi- de la hojarasca del socialismo, pero su pronarias para realizar su política. Se pretende pósito con esa poda no es destruir las instituestablecer, sin embargo, que el Gobierno tie- ciones, sino darles nueva vitalidad. ne ahora más poderes y que la Prensa en general ha perdido sus privilegios. Pero Gran Bretaña ni se acerca a la dictadura ni se zambulle tampoco en las aguas de la utopía con el desgobierno como esencia de la vida pública. Lo significativo de la labor de Thatcher es que ha apuntalado al Estado para dar más libertades al individuo, para pom- der retirar los excesos de las atribuciones del poder público y, sobre todo, ha sustituido el dictado universal del gobierno socialista por la iniciativa de las fuerzas del mercado. El thatcherismo, auténtico heraldo del liberalismo, no vislumbra un Estado con las manos atadas a la espalda frente al terrorismo, la anarquía, el desarrollo de la criminalidad y los abusos de algunos medios de información. La autoridad firme del Estado es necesaria para la revolución del thatcherismo, que ha levantado los controles monetarios, reformó la Bolsa de valores y otras instituciones financieras, abolió buena parte de los trámites administrativos para desarrollar iniciativas y crear riqueza. La tarea de Thatcher ahora es Oficina: Avda. Pablo Iglesias, actualizar la Educación nacional, la Seguridad Social, el Seguro de Enfermedad, la Iglesia de Inglaterra. RUlACAMBiARDEVIVIENDA USO 8 S No es posible encomendar a las fuerzas J Rechazo a un primer ministro nnilingüe en Bélgica Bruselas. Andrés Garrigó El gobernador de una colonia africana podía permitirse no hablar la lengua de los indígenas: eso ya no es admisible en la Bélgica de hoy. Con andanadas de este calibre la Prensa flamenca trata de hundir a Guy Spitaels, el líder socialista nombrado por el Rey Balduino para informarle sobre la composición de un nuevo gobierno tras las elecciones del 13 de diciembre. El informador Spitaels tiene a su favor el capitanear el PS, partido que más avanzó en las urnas- d e 35 a 40 diputados sobre 212- pero sufre un handicap no se maneja en neerlandés. Eso no importaba en el siglo pasado, cuando el francés era la lengua única en el Gobierno y en el Parlamento. Pero hoy eso es grave porque los flamencos no han olvidado las humillaciones de antaño y están dispuestos a hacerse respetar Para la mayoría de flamencos ese respeto implica no ser gobernados por políticos que ignoran su lengua, el neerlandés, que- dicho sea de paso- es el idioma de casi el 60 por 100 de los belgas y de los 14 millones de holandeses. Para muchos incluso, ignorar, equivale a despreciar Y Guy Spitaels por lo menos ignora. Las caricaturas flamencas más benignas lo pintan acompañado de un intérprete. Le habrá hecho falta, porque en sus consultas con dos presidentes de partidos flamencos éstos decidieron no utilizar el francés. Era una manera de recordarle que no puede aspirar a la jefatura del Gobierno. Los últimos jefes de Gobierno unilingües (es decir francófonos, pues los flamencos son por lo menos bilingües) fueron Pholien en 1950- 52 y Leburton en 1973- 74. Desde entonces las sensibilidades lingüísticas no han hecho más que acentuarse y todo parece caminar aquí hacia una separación más que a una reconciliación. A esa polarización ha contribuido de modo eminente el propio Guy Spitaels, cuya campaña electoral consistió en galvanizar el nacionalismo valón (francófono) en torno alcalde José Happart, que por ignorar (despreciar) el neerlandés en un rincón de Flandes de mayoría francófona se ha convertido en la víctima del imperialismo flamenco Se ha sabido con mayor claridad cuál es la solución que preconiza el informador del Rey: una coalición de centroizquierda- democristiana- socialista- que debería formarse rápidamente de modo transitorio para resolver los problemas socioeconómicos urgentes. Más tarde esa coalición sería ampliada para recoger los votos suficientes para la reforma de la Constitución, que requiere una mayoría de dos tercios. El plan Spitaels preconiza reformas provisionales con una mayoría simple, igual que el plan Tindemans de 1974, que llevó a la creación provisional de regiones, que sirvieron de base para la reforma de las estructuras del Estado en 1980. El informador cree que operando por fases se evitará que toda la vida del país se polarice en torno al problema autonómico y no resten energías para la nueva política económica, que el PS quiere más social.