Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
30 A B C OPINIÓN JUEVES 24- 12- 87 Panorama NOCHES NAVIDEÑAS DE UNAMUNO ESDE el balcón de su casa, por frente la torre Monterrey, Unamuno, nuestro Miguel de Unamuno, contempla las noches sedosas y silentes de Salamanca. Noches navideñas, algunas del 36, su postrer año. Vendrá la noche la que da la vida y en que la noche, al fin, el alma olvida, traerá la cura. La noche agónica y oscura de Unamuno cederá paso a la noche iluminada. Unamuno es místico y poeta. Como si presintiese la muerte, como si no quisiera morir del todo, porque ardía en abrasantes deseos de sobrevivir aunque fuese resucitando en el polvo de la calavera, increpa a la noche, llagado de eterna nostalgia incurable: ¿Qué habrá más allá del infinito de esta bóveda hostil en el reverso? Sus ansias de infinitud se disparan, tenso el arco, más arriba, más allá, hasta la otra ribera, hasta la otra frontera. Todo lo quiere explicar desde un lado y otro de la frontera. La noche está constelada de estrellas, veladoras o desveladas, guías en la cerrazón de la duda, del duelo encarnizado entre el poeta y et hombre; entre el filósofo y el creyente. Hay estrellas, radio- escuchas del infinito gramófonos celestes El infinito habla a la finitud precaria y desvalida. Las estrellas son medio de comunicación hábiles para emitir el mensaje, la buena noticia, el gran gozo. Cuelga de aquella estrella tu paz final que allí empieza la eternidad allende lo natural. Unamuno desea reposo después del duro bregar entre su fe y su razón, entre su corazón y su mente. En las noches, serenas de Fr. Luis- otro catedrático salmantino- en Unamuno angustiadas a veces, contempla éste a Sirio, a Alclebarán, lumbrera del misterio Y más allá de todo lo visible ¿qué hay al otro lado del espacio? Desde su apertura a la trascendencia se remonta de lo visible a lo invisible en sus interrogantes estremecedores y pungentes. La luna en la noche unamuniana. Puesta de luna La media luna es una cuna La luna al telescopio son títulos de poemas. Si se pone la luna, la lobreguez impide tener a Dios a la vista y en presencia. Sobra el telescopio. Unamuno en las noches navideñas colmó su sed trágica de ser más de ser Dios Dios se ha hecho Niño Pues al hacerte Niño Nos hace dioses gracias mi Dios Sobre la cuna del Niño se deslíe y deshila el corazón de Unamuno, que es como la luna. Noche de Cristo dormido vela su sueño la luna pácenle estrellas la cuna. Unamuno se siente inmortal. Aspira el opio de la religión. Se sueña feliz. También la Virgen vela la noche santa. Las manecitas del niño se abrigan entre esos pechos de amor caudales Y llega la cabalgata de los Reyes Magos: Tres magos, Baltasar negro Y el niño, al ver al Rey negro se echa a reír La noche de Belén, disipadas las dudas de Unamuno, es noche de luz, de epifanía, de revelación. Crisógono GARCÍA D Planetario PERICO CHICOTE ACE diez años un hombre extremadamente popular escogió un día como este para hacer, con discreción, su mutis definitivo. Se llamaba Pedro, pero todo el mundo, y no hay en esto exageración, lo conocía como Perico. Perico Chicote. Su sonrisa y su coctelera llenaron los años. de las orquestinas de jazz de las primeras faldas cortas antes de que Mary Quant avergonzara con ellas a la pavesas del imperio británico, y enseñó, él que sólo bebía de lo tinto, un nuevo modo de beber y no sólo a los españoles. Lo que después sería denominado por la inocencia imperialista del franquismo vino español enseñó a una sociedad que se renovaba a comer de pie, a tomar delicadamente con la punta de los dedos los pinchos de tortilla y los canapés de salmón, a la par que aprendía la suprema frivolidad: picar con el minipimer de la indiferencia las antes sólidas y sesudas conversaciones convirtiéndolas en pequeños canapés de frases ahumadas por el uso y servidas peripatéticamente entre la condesa y el ministro, la estrella del cine y el hombre de negocios. Perico Chicote nos enseñó a beber y a vivir de otra manera. El lo había aprendido todo H desde la barra del bar. Era eso que los americanos llaman un self made man y que en Nueva York empieza por vender periódicos en Wall Street y en Madrid comenzó por limpiar los dorados del Hotel Riz, como Chicote me dijo un día en que era allí el anfitrión y los invitados don José Clara, presidente de la Telefónica; el director general, señor Domenech, y yo. Años después, invitado yo por una dama encantadora, francesa de apellido español por su casamiento, madame Fernández, relaciones públicas de la Mediterranée de Cannes, llevé conmigo a Chicote y a mi querido compañero Carlos Sentís. Qué hombre tan bien educado me dijo madame Fernández cuando la saqué a bailar, refiriéndose al barman más famoso de Europa. Alguien, no recuerdo ya quien, ha dicho que la popularidad es la calderilla de la gloria. Chicote, creador, generoso, espléndido sin ostentación, hombre de silenciosas caridades, viajero de los mejores salones, fue pues pagado en calderilla por su talento y su capacidad innovadora. Ayer, pasando por la Gran Vía, vi que un rótulo vulgar que dice Museo Chicote ha sustituido al simple Chicote que atraía en tiempos a la crema de la intelectualidad Hice rodar la puerta giratoria. El local está limpio, pero sin brillo. La sonrisa de Chicote íabía sido borrada con mistol y asperón. Salí sin dejar parar el molinillo de la entrada. El Museo Chicote- c r e o- ha sido vendido por piezas. Nadie parece recordarlo. La moneda de la calderilla de la gloria ha rodado hacia el olvido. No es justo. Pongo pues esta pálida flor, un solo nardo quizá, nardos, caballero, a la puerta de aquel madrileño que dio sonrisa y ademán a un Madrid mejor. Lorenzo LÓPEZ SANCHO GALERÍAS VELAZQUEZ 57 ALFOMBRAS ANTIGUAS Desea a sus clientes y amigos FELICES FIESTAS Velázquez, 57. Tel. 275 21 23. Madrid Abierto sábados por la mañana