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F Tres piezas del bestiario de Josep Granyer Carta de Barcelona Un escultor del 17 E N la primavera de 1979 se celebró- en Barcelona una exposición de homenaje a Cuatro escultores del 99 Eran Apel. les Fenosa, Josep Granyer, Joan Rebull y Josep Viladomat, máximos exponentes de la plástica catalana en lo que, siguiendo la nomenclatura de Eugenio d Ors, cabe definir como arte de entreguerras Aquella exposición alcanzó cierto relieve, a lo que por supuesto ayudó que fuera ofrecida en su octogésimo aniversario- asociándolo así al referido homenajeai entonces presidente de la Generalidad, Josep Tarradellas, también nacido en el fin de siglo a que el numeral del título hacía referencia. Bien se veía, además, que éste había sido concebido sobre la falsilla del que aglutinó a la generación o los hombres del 98 aunque con la diferencia, claro está- l o que no dejaba de infundir cierto matiz irónico a la apropiación- de que aquél apuntaba a vísperas de algo diferente y más esperanzador, mientras que éste lo hacía al funesto desenlace de cuanto le había precedido. Pero con aquella adscripción cronológica, y tal vez sin que los organizadores de la exposición lo advirtieran, se daba pábulo a que los cuatro escultores citados quedaran inscritos de raíz en el noucentisme, o novecentismo que ya había empezado a consolidarse por obra de Xenius cuando ellos no habían llegado aún a uso de razón, y me 150 ABC nos todavía de razón artística. Pese a ello, cada vez que reaparecen ante la consideración pública obras de estos escultores, como ahora ocurre con algunas de Granyer en la sala de Arturo Ramón, el calificativo de noucentista diríase que renace cansinamente de sus cenizas para serle aplicado al conjunto de su producción con aires que para muchos resultan más descalificadores que otra cosa. Y ello pese a que en aquella ocasión ya Francesc Fontbona, especialista en el arte catalán de las dos centurias últimas y cabal comentador del tránsito de una a otra, procuró poner los puntos sobre las íes, precisando y delimitando bien, dentro del cajón de sastre más o menos clasicizante y mediterraneísta en que indiscriminadamente se está queriendo convertir al noucentisme, lo que fue y significó la por él denominada generación del 17 -a ñ o este en que tantas cosas cruciales acontecieron para el arte y la estética contemporáneos- en sus dos principales desinencias o vertientes: de un lado, la de los evolucionistas grupo al que, junto a algunos pintores como Joan Serra y Alfred Sisquella, pertenecieron los citados cuatro escultores, y de otro la Agrupación Courbet, de la que saldría Joan Miró como figura estelar de las primeras vanguardias en Cataluña y fuera de ella. La generación del 17 tuvo verdadera entidad por sí y por lo que supuso como engarce entre cubismo y surrealismo, las dos grandes escuelas que les fueron sus dibujos y esculturas animalísticoetáneas en su adolescencia y ju- c o s o más bien humanoventud, y de las cuales, bien que a animalísticos, consisten. Con todos cierta distancia, no dejaron los evo- ellos creó un género propio; mejor lucionistas de recibir, siquiera fuese dicho, infundió rasgos personales dialécticamente, marcados influjos. propios a un género que se pierde El que más de todos, precisa- en la más remota antigüedad y mente, Josep Granyer, y por ello que, entre nosotros- para no ir en desde las páginas de L Amic de les busca de lejanos influjos o concoArts (1926- 1929) la única revista mitancias con los que seguramente consistente de los inicios de las nunca tuvo nada que ver- -encuenvanguardias en Cataluña, con Foix, tra sus más claros antecedentes en Gasch, Cassanyes y Montanya al los capiteles románicos y góticos. frente, no dejó de ensalzarse su De éstos en especial- por modo obra- l o mismo que la de un Sis- semejante a como lo hizo otro conquella inspiradísimo en sus juveni- temporáneo suyo, el solitario e inles prácticas de cubismo y surrea- justamente olvidado Pere Jou, aulismo- aunque al final por quienes tor de los estupendos capiteles del acabaran sintiéndose más subyu- Maricel, de Sitges- prosiguió Gragados fuera por el Dalí de enton- nyer la línea lúdica y festiva, humorística más que sarcástica, y hasta ces y el Miró de siempre. si se me apura más de lírica fantaOe Granyer, que falleció a los dos años de la exposición mencio- sía que de admonitoria impertinennada al principio, lo que Arturo Ra- cia, que le impidió incurrir en lo món nos brinda ahora, a modo de que de antipático y de recíprocahomenaje postumo, en su galería, mente humillante tiene toda hibries mayoritariamente la obra de ca- dación entre lo animal y lo humarácter animalístico, y dentro de ella no. una amplia antología de las numeAlgún día habrá que escribir larrosas series dibujísticas que le go y estudiar a fondo- debe haocuparon gran parte de la segunda cerlo Montserrat Blanch, su experta mitad de su vida. Se trata de un presentadora en el catálogo- sogénero en el que, como aquí pue- bre Josep Granyer, notable esculde verse, Granyer se singularizó tor de la generación del 17, al cual por su ingenio, su refinamiento, su debe asociarse, por vida y obra pafertilidad de recursos y un dominio ralelas, su gran amigo Ángel Fede los condicionamientos anatómi- rrant- -quien con él mantuvo una cos de toda criatura viva- animal, sostenida correspondencia- tan, vegetal o humana- sin las cuales en espíritu, carácter y estilo, cercano le hubiera sido posible llegar a no a Granyer. las audaces e insospechadas metamorfosis y ejemplaridades en que Rafael SANTOS TORROELLA JUEVES 17- 12- 87