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Alfredo García Revuelta Galería Seiquer General Airando, 12 LFREDO García Revuelta (Madrid, 1961) es un costumbrista. Tal vez un costumbrista que tiende al esperpento (mejor será decir tendía) a través de la exageración de las impresiones. Esto sucede tanto en sus cuadros como en las esculturas de trapo. En los primeros, los edificios de una ciudad se ven rodeadas por calles elevadas, túneles imposibles, caminos que no llevan a ninguna parte definida pero imponen su propia realidad. Una realidad ahora vacía, puesto que no aparecen coches ni menos personas. No es una ciudad ideal, es la ideación de un modo de vida donde el trayecto parece imponer su presencia aún a costa de lo habitable. Todo esto explicado sin mayores dramatismos, con ese sentido del humor que las escultruras reflejaran de forma aún más acabada. Unas esculturas de trapo definitivamente estupendas y que se encuentran entre lo más original que se haya visto en este país. Esculturas que se relacionan con la vida cotidiana... ¿Quién no ha considerado al dentista como una especie de sádico armado hasta los dientes? ¿Quién no se ha sentido piloto Hasta el 9 de enero De 40.000 a 450.000 pesetas ManRay ABC Gamarra y Garrigues. Villanueva, 21 Hasta el 30 de enero Levy. López de hoyos, 38 De 75.000 a 5.000.000 de pesetas A H La secretaría de caza viendo la televisión? ¿O no ha alucinado viendo la vertiginosa rapidez de una mecanógrafa, toda manos? Tal vez el único problema de García Revuelta (y no es suyo, sino de quienes pueden contemplar su obra) sea que no es grave, que es divertido. Una virtud que en estos tiempos puede ser un terrible pecado. ACE unos años, Man Ray (Filadelfia, 1890 París, 1976) y su obra nos visitaron institucionalmente. Fue en Madrid y Barcelona, lugares donde los aficionados r e c o r d a r á n la demencial colocación de unas fotografías cuya contemplación y entendimiento requería de dos personas, una que miraba y decía el número y otra que buscaba tal número y cantaba el título entre una lista de treinta o cuarenta. Era muy entretenido y chocante si se iba acompañado, irritante y cansado si se estaba solo. Plancha Ahora, con piezas a la venta, Man Ray vuelve a la carga en dos galerías de la capital, donde la contemplación resulta más razonable, y el ambiente, más pacífico. Y aún más: si se siente un amor irrefrenable por una pieza, sólo hay que extender un talón y llevársela a casa. Man Ray, a los ojos de la historia es el fotógrafo del Dada y del surrealismo. El, junto a MoholyNagy, fue uno de los que revolucionaron las técnicas fotográficas, y sus retratos de Duchamp, Picasso, Braque, Leger, Matisse, Gris, Joyce o Hemingway le hicieron famoso. Pero especialmente uno de la marquesa Casati, una foto movida en que la joven dama parecía tener tres pares de ojos. Al parecer, Man Ray se llamaba originalmente Emmanuel Rudnitsky, dato tan nebuloso como su vocación de artista a los siete años. Cuando su familia se trasladó a Nueva York, Man Ray comenzó a frecuentar la galería del importantísimo fotógrafo y promotor del arte moderno Alfred Stierglitz, a través de quien, seguramente, conocería a Marcel Duchamp, amigo para toda la vida e influencia mayor en su obra. Con todo, lo fundamental de esta exposición no son las fotos, sino una multiplicidad de objetos que van desde una plancha con púas hasta una caja de puntos fechada en Cadaqués. Pasando por magníficos grabados de corte automático, dibujos y acuarelas. Juan Correa Galería Moriarty Almirante, 5 Diciembre. De 35.000 a 175.000 pesetas J UAN Correa hace objetos. No son esculturas ni pinturas sino más bien urnas donde se recrea un mundo entre romántico y religioso. En realidad parecen relicarios de recuerdos queridos, gozosos como una flor o dolientes como un puñal. Hay en estas piezas un cariño inmenso y una sensibilidad que, por raro milagro, no cae en la sensiblería ni la cursilada. Retrato de Meret Oppenheim Meret Oppenheim con sus delicadas paradojas (por cierto, Meret Oppenhiem comparte con Ray el espacio de una de las galerías) Siendo, como son, de un gran interés los trabajos presentados (además de muy entretenidos) lo más notable es su carácter contrario a la unicidad de la obra de arte. Esto llega al paroxismo en El ídolo del pescador, pieza de 1927 de la cual se fundieron en bronce nada menos que 1.000 ejemplares. Este planteamiento, unido a una imaginación portentosa y a una curiosidad nada común, provocan infinitas lecturas en una exposición heterogénea que más merece ser vivida que narrada. Man Ray perteneció a esa generación portentosa que desde los más diferentes supuestos cambió radicalmente el curso del arte en nuestro siglo. Aquí, en estas salas, se muestran buena parte de las razones. José Manuel COSTA A B C 143 Junto a las relaciones emocionales que cualquiera puede establecer, esta exposición plantea una serie de cuestiones puramente formales que no deben pasarse por alto. Por ejemplo, el hecho de ser obras cerradas por un cristal o destinadas a cerrarse con unas puertas, como aquellos Cristos o Dolorosas que se paseaban de casa en casa. Pero también la combinación del objeto encontrado y la piedra semitaílada y dibujada. O el tratamiento del metal que sirve como fondo y que en sus oxidaciones acaba emulando un paisaje. Dése luego puede afirmarse que lo de Juan Correa no es corriente ni dentro ni fuera de España. Otro mérito añadido, uno más en una exposiJUEVES 17- 12- 87 Paisaje del brillante (fragmento) En general, casi todos los objetos son múltiples realizados a partir ción sorprendente y que incita a de originales a veces muy antiseguir los pasos de su creador. guos. Algo parecido a lo que hizo Duchamp con sus ready- made o Ojalá los dé pronto.