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Marcial Gómez Galería Rayuela Claudio Coello, 19 Hasta el 3 de enero De 30.000 a 800.000 pesetas se adorna, a veces, con elementos extraños a su poética: tuberías y planos de máquinas fantásticas, que evocan a Leonardo. A destacar, sus bosquecillos, su universo vegetal lleno de gracia y soltura, sus piedras, sus rincones, sus ambientes italianizantes y, muy especialmente, los dibujos. Los dibujos, realizados con esa inconfundible maestría de los pintores del realismo andaluz ABC de ía María Paz García- Borrón Galería Maite Muñoz Manuel Silvela, 2 Hasta el 5 de enero De 27.000 a 75.000 pesetas L O que en su día se llamó realismo andaluz ha dado, pasado el tiempo, una pléyade de pintores que, en buena parte, derivaron hacia el hiperrealismo, pero conservando siempre ese buen hacer de el ideario que los inspiró: el ideario estético de los clásicos del siglo de oro de la pintura en Andalucía. Así hemos de entender el realismo de Marcial Gómez, a quien una larga estancia en Italia ha aproximado al hiper italiano, muy semejante al español, pero con alguna característica propia, que le acerca (en cierto modo) a los primitivos y que, en la composición (sobre todo en esos bodegones con piedras) busca efectos más preciosistas que los del simple realismo original. Sin embargo, Marcial Gómez vuelve a sus orígenes en el tratamiento de los lienzos, en la exaltación de un único utensilio doméstico como centro del cuadro, en la pintura de arbustos humildes y en la utilización de tierras y sierras muy sugestivas. Una treintena de cuadros y quince dibujos y acuarelas forman su actual exposición madrileña (segunda individual entre nosotros) y la delicadeza de la mayoría de sus obras fc í- Pintura de M. Gómez Una obra de María Paz García- Borrón, con óleo y tintas Manuel de Gracia Gatería Ingres Espalter, 13 Hasta el 5 de enero UNQUE la mirada del contemplador está habituada a toda clase de sorpresas no podemos por menos de imaginar el asombro del público cuando, hace más de un siglo, se enfrentó por vez primera con un cuadro impresionista. Pinceladas sueltas, colores atrevidos (y entonados, sin embargo) ausencia de perfiles, efectos sorprendentes de luces y sombras, empastes... Hoy, la obra de Manuel de Gracia no constituye un escándalo para el público, sino un grato espectáculo, porque la vista acepta sus sabios empastes, sus juegos de luz y sombra, sus gamas osadas (verdes, amarillos, cadmios calientes, bermellones, malvas) su dibujo (oculto por la pintura) su toque de pincel acertado siempre. No sorprende su visión de la Naturaleza ni su paisaje urbano, podemos pasear por sus jardines y sus campos, visitar JUEVES 17- 12- 87 A los tesoros monumentales de España o de Francia y podemos olvidarnos del tema- pretexto para quedarnos, sólo, con la pintura. Jugosa pintura, fresca, directa, enemiga de lo superfluo y lo minucioso, que enlaza directamente con lo mejor del impresionismo, que fue la libertad del aire libre. Y que nos ofrece, junto a estampas de delicada luz otoñal, el paisaje deslumbrador (y esquemático) de las tierras y los montes de Toledo, amarillas, verdes, ocres. Pintura de M. de Gracia ARÍA Paz García- Borrón es una artista madrileña radicada en Barcelona desde hace años que cultiva, indistintamente, el dibujo y la ilustración de piedras. Sólo una pequeña muestra de esta última especialidad nos ofrece ahora en esta exposición dedicada, casi por completo, al dibujo (al óleo, a lápiz, a tinta) que, para ella, es un medio más acorde con su personalidad que la pintura. Treinta y cuatro piezas, centradas en una temática que viene cultivando desde siempre: la figura humana, representada por la pareja, las maternidades, la familia, el desnudo femenino y algunas composiciones fantasistas. Suele pensarse con frecuencia que lo ilustrativo debe permanecer al margen de las salas de exposiciones y reducirse al libro o la revista, olvidando que mucha pintura de calidad es ilustrativa y (en éste caso) que la predilección de García- Borrón por la línea no excluye una obra al óleo, realizada en el pasado. Lo que sí puede afirmarse es que este mundo de soledad, de resignación, de dramatismo a veces, de melancolía siempre, t i e n e a l g u n a s n o b l e s filiaciones, también femeninas, como la gran ilustradora de Blanco y Negro y ABC, ya desaparecida, Angeles Torner Cervera (que firmó A. T. C. durante muchos años) o como la pintora Montserrat Gudiol, artistas ambas muy sensi- M bles que, al igual que María Paz García- Borrón, estilizaron la figura y captaron esa lejanía inaccesible en la mirada de la mujer. Es la estilización de los cuerpos, los cuellos y (sobre todo) las manos, afiladas, largas, expresivas, símbolo de una suavidad que no impide a la pintora el ejercicio de una línea limpia y segura, constructiva y al servicio de una intencionalidad poética evidente. Sus piedras participan de esa suavidad, aun cuando se interesa de preferencia por el sílex que, a pesar de sus duras aristas, tiene texturas, colores, transparencias, formas y relieves sugestivos, hábilmente aprovechados por ella. Javier RUBIO Dos figuras dibujo a lápiz ABC 141