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34 ABC OPINIÓN Panorama JUEVES 17- 12- 87 REAGAN- GORBACHQV S OBRE dos leves pero significativos detalles de la famosa entrevista ReaganGorbachov hubo pocos comentarios en la Prensa. Apenas si se habló del sombrero bajo el cual, al pie del avión, en el aeropuerto donde fue recibido el líder soviético, pronunció éste, sin quitárselo, sus primeras palabras de saludo, ni del traje oscuro con el que destiñó el esmoquin de su anfitrión. Lo del sombrero cabe justificarlo por la temperatura, aunque la de Washington al lado de la de Moscú, de donde provenía, fuera de gran benignidad; eso, y el deseo de retrasar todo lo posible el mostrar su gran calvicie, bien entendido que la calvicie puede embellecer al hombre, aunque no esa especie de sierpe trepadora que recorre la del líder soviético hasta la proximidad de las cejas, pero aun así, y comoquiera que el pueblo americano iba a examinarla muy pronto y de muy cerca y que, por añadidura, la conocía ya, debió haberse dejado ganar por la cortesía y saludar con el flexible en la mano a los representantes de la Casa Blanca y a los espontáneos que acudieron a darle la bienvenida. Lo del esmoquin es ya más serio y ahí las buenas formas limitan el libre comportamiento con mayor rigurosidad, Diríase que cuando se acepta una invitación, lo obligado es respetar las reglas del juego. Nada obliga a aceptarla, pero sí a cumplirlas una vez aceptada. El anfitrión es dueño de exigir uniforme, frac, condecoraciones, esmoquin, traje oscuro o shorts y si se nos antojan caprichosas o molestas sus exigencias está en nuestra mano el excusarnos. Ahora, el desatender esas normas, las que sean, a cuyo respeto se nos compulsa, eso, es de mal tono. El esmoquin no es, protocolariamente, una prenda vitanda, ni llamativa ni aristocrática, no insulta la blusa proletaria. Tal vez a Gorbachov le haya incitado a desdeñarla la parvedad de su guardarropa, el temor a la sorna o el retintín de sus. compatriotas al ver sus solapas de seda, si bien es evidente que la TV y la Prensa soviéticas estaban perfectamente en condiciones de sustraerlas á las miradas de los funcionarios del Kremlin y de los infatigables ciudadanos que hacen cola para rendir culto a la momia de Lenin. De todas maneras, el éxito de Gorbachov ha sido importante. Sin embargo, ganar la sonrisa de Norteamérica no era empresa difícil pensando en el perfil de quienes le habían precedido en el poder: el Chernenko, el Andropov, muñecos del pimpam- pum conmemorativo de los otoños de la Plaza Roja, o el hermético Breznev o el palurdo Kruschev. Para triunfar en urr puesto hay que tomar la medida del predecesor y en este caso todo favorecía a Gorbachov. Si estamos ante un nuevo Yaltá, como muchos temen, ya nos lo dirá el paso del tiempo. -Ahora los buenos empleos no se consiguen por oposición ni por escalafón, sino por méritos. Asi que ya estás buscando para nuestro hijo las mejores recomendaciones que puedas encontrar. Planetario G ARY Hart, ¿recuerdan? ha sacado el pecho en Concord, lo bastante al norte para eludir los calores sudistas y lo bastante cerca de Nueva York para hacerse oír, y ha dicho que pelillos a la mar. Que aquel tropezón con Donna Rice de la primavera pasada y ya lejana, no tiene por qué impedirle ofrecer a los norteamericanos sus muchas y buenas ideas para sacarles del atolladero en que va a dejarlos dentro de poco Ronald Reagan. Los demócratas andan flojos de la glosa presidencial, o sea, de la capacidad de comunicar proposiciones políticas importantes al electorado por la sencilla razón de que, según parece, no las tienen. Ante panorama tan aflictivo ¿por qué van a tenerle en cuenta al señor Hart los electores su probada afición a las diversiones con falda? La señora Hart ya lo ha perdonado. Los niños Hart prefieren un padre faldero y presidente a un padre austero sin empleo y con deudas. Ante el indulto familiar el indulto social se impone: Hart for president Si aquí, en este pueblo tan liberal y demócrata, tratáramos a nuestros políticos con el rigor norteamericano frente a los deslices HART, CANDIDATOsexuales, CORAZÓN crisis de ordago a DEL se armaría una la grande. Caerían ministros, presidentes de las más altas Corporaciones, altos cargos comunales y una legión poderosísima de magnates políticos en cuyos cuadernos de notas sería fácil registrar numerosas direcciones secretas y con olor a perfumería sexy de la que tantos anuncios publica nuestra liberal televisión. Pero nosotros somos tolerantes, O quizá sólo somos hipócritas en cualquiera de las numerosas versiones de la hipocresía con que estos días nos ilustra nuestro ¡lustre compañero de páginas, Julio Cerón. Nuestros gays no tienen, aunque hagan política, por qué suicidarse como algún atrasado gay alemán hacía meses atrás. Y si lo gay es hoy del mejor tono ¿por qué vamos a condenar a un caballero por la simple razón de que le gusten más de la cuenta las damas ajenas a la familia? Algo así podría decirle nuestro Alfonso Guerra o quizá mejor don Felipe a los norteamericanos que tanto le aprecian. Claro que si don Felipe no ha tenido tiempo para ir a Zaragoza a tomar parte en el duelo por el bárbaro atentado etarra, menos lo tendrá para ocuparse de esas naderías del viejo puritanismo del país amigo al que a toda costa queremos echar dé aquí. De cualquier modo, Hart, un tenorio moyenant l argent que dicen los franceses, bien podría sustituir al viejo cow- boy a punto de retirarse. Hart en la presidencia ejercería un hechico a lo Casanova, levemente sulfuroso, sobre las grandes damas estatales, como la Thatcher, la Aquino y hasta quizá sobre Raisa, esa elegante señora que lleva por donde quiere a su señor Gorbachov. La política internacional está pidiendo alegrías, madrigales y flirteos. En eso los españoles, o mejor dicho nuestros gobernantes, estamos en vanguardia. Esperemos que Hart agite como enaguas perfumadas las voluntades de los electores norteamericanos. Lorenzo LÓPEZ SANCHO CE UNE PARÍS VENTA ESPECIAL NA VWAD 25 descuento en todos nuestros artículos Horario, 10 a 2 y 4,30 a 8 Sábado 19, abierto CASTELLO, 72 Tel. 27 ¿26 44 Pero por el momento hay una especie de eufórico confeti flotando en el aire. Ojalá no lo arrastre el viento a las aguas del Potomac o del Moscova. Joaquín CALVO- SOTELO de la Real Academia Española