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56 A B C Coyuntura ABC LUNES- 14- 12- 87 La apuesta por alcanzar un IPC del 3 por 100 en 1988 noes difícil de lograr Máxima atención a los tipos de interés y a la presión fiscal A menos de un mes para el cierre del ejercicio económico de 1987, la previsión oficial de variación de los precios internos españoles, medidos a través del índice de Precios ai Consumo (IPC) tiende a cumplirse, quizá con alguna pequeña variación al alza. El crecimiento medio anual del IPC, según todos los síntomas, se situará en torno al 5,4 por 100, mientras que el índice diciembre sobre diciembre, de pronóstico más comprometido, parece que lo hará en torno al 5,2 por 100. Así la previsión de rebajar el IPC en 1987 en unos tres puntos porcentuales va a cumplirse sin mayor dificultad. Una apuesta que parecía difícil, pero que los hechos van a probar que no lo era tanto, si se mantenía cierto control en la evolución de los costes y las magnitudes monetarias. Los precios al consumo en 1987 van a reducir en tres puntos su tasa de crecimiento, debido, en primer lugar, a la absorción de los efectos del IVA introducido en nuestro sistema impositivo en enero de 1986. Efecto evaluado en unos dos puntos porcentuales. La mejora del punto restante se atribuye al menor crecimiento de los precios de los alimentos y al de algunos productos importados. La depreciación del dólar respecto a la peseta ha rebajado los precios en pesetas de buena parte de las importaciones básicas que nuestra economía tiene que adquirir de los países del área del dólar. A pesar del alza del precio de los crudos de petróleo, en dólares, la rebaja en su tipo de cambio ha permitido absorber el alza sin incidencia en los precios en pesetas de los productos energéticos consumidos en España. En la medida que los tres factores citados- absorción del efecto alcista del IVA, contención en el alza del precio de los alimentos y deflación importadorahayan podido sumar incidencia superior a tres puntos porcentuales, quedaría patente que el resto de componentes inflacionistas, los que inciden en lo que suele denominarse inflación subyacente, han permanecido 0 incluso se han acelerado a lo largo de 1987. El componente no alimenticio del IPC, que incluye los precios energéticos, ha mostrado gran rigidez a lo largo de 1987, situándose en tasa comprendida entre el 5,2 y el 5,5 por 100. Es un dato fundamental a retener de cara a la evolución del IPC del próximo año. Para 1988 el Ministerio de Economía y Hacienda ha previsto alza del IPC, diciembre sobre diciembre, del 3 por 100, lo que aproximadamente equivale a que el IPC medio de los doce meses aumente en torno al 4 por 100. Dadas las expectativas de mayor caída en la cotización del dólar y del precio de los crudos de petróleo parece razonable esperar que la inflación importada incida en crecimiento del IPC con tasa menor del 4 por 100 anual. En cuanto al precio de los alimentos, su evolución errática es difícil de prever. Para que el IPC medio anual en- 1988 se sitúe en torno al 4 por 100 es necesario que el comportámiervto de los costes que conforman la denominada inflación subyacente mantengan desaceleración que haga posible rebajar en más deíún punto ese 5,2 por 100 en el que estuvo áncfada en 1987. El factor que más pesa en la evolu- SECTOR PUBLICO Una de las más acusadas características de nuestro siglo es la tenaz e ininterrumpida expansión del sector público, especialmente a partir de la segunda guerra mundial. Tal movimiento parece haberse frenado ligeramente en los últimos años, aunque el retroceso no presente idénticos perfiles en todas las sociedades industriales entre las que lógicamente incluimos a España. No cabe duda de que las teorías keynesianas impulsaron fuertemente esta orientación én los primeros momentos y que más tarde la creciente presencia de Gobiernos de naturaleza socialista o socialdemócrata acentuaron la tendencia. Sin embargo, tras las convulsiones de 1973, con la década de los ochenta se anuncia un cierto cambio de signo, un intento de devolver a los mecanismos del mercado su función original mediante la limitación de las prerrogativas que con el paso del tiempo y en función de las circunstancias se ha? bía ido arrogando el sector público. La necesidad no es, desde luego, de hoy. John Stuart Mili, por ejemplo, hace ya ciento cuarenta años, escribía que una de las cuestiones más discutidas en el periodo actual es la de los límites que deben fijarse a las funciones y a la acción de los Gobiernos Este debate adquiere singular dimensión cuando se centra en el campó de la economía. La visita a Madrid de James M. Buchanan, premio Nobel de Economía en 1986, ha puesto de actualidad la teoría de la elección pública- l a public choice de la que es él esforzado paladín. En una reunión organizada por el Instituto de Estudios Económicos hemos tenido ocasión de escuchar de labios del ilustre profesor algunas interesantes reflexiones que bien podrían tenerse en cuenta al analizar la situación actual y las perspectivas de evolución a corto y medio plazo de la economía española. Previsiones recientes hechas públicas por la OCDE revelan que los ingresos fiscales como porcentaje del PIB han aumentado en ocho puntos porcentuales entre 1975 y 1985- por supuesto, en nuestro país- y que en ese mismo perioao la presión tributaria dinámica ha crecido aquí nada menos que en casi un 47 por 100. Por su parte, la Comisión de las Comunidades Económicas estima que en 1988 la deuda pública española superará el 51 por 100 del producto interno, veinticinco puntos más que en 1982, con una práctica estabilización del gasto público total en torno al 41- 42 por 100 del PIB. A la vista de la dinámica expansiva del sector público cabría meditar en España sobre la conveniencia de fijar módulos que determinaran una futura moderación de este comportamiento. Pues bien, entre las reformas que propone la teoría de la elección pública figura el establecimiento de límites constitucionales a la expansión de gastos e ingresos p ú b l i c o s y a la e x i s t e n c i a de desequilibrios presupuestarios. Quizá sea una fórmula idónea para corregir desajustes fundamentales que todavía subsisten en nuestra economía. Se puede sembrar la idea, pero no parece fácil que fructifique en el actual contexto político. Andrés TRAVESI Tasa de variación anual del índice de precios alc (msanno (I. P. C. (Parteítqe vutacwn ufare igual mes d l ano iterior) ÍNDICE GENERAL 1936 ENERO... FEBRERO MARZO ABRIL... MAYO JUNIO JULIO AGOSTO. SEPBRE... OCTUBRE NOVBRE. DICBRE... 1987 AL 1 MENTACI 8 N 1986 1, Q, 1 1987 V: OTROS COMPONENTES ÍÍ 986 1987 9,3 9,0 8; 7 7,8 7,8 6,1 6,0 6,2- 6,2 5,8 8, T 4; 9 4,9 9,4 9,5 4,6 4,4 9,5 9,3 4,6 8,3 8,3 9,8 9,1 7,2 7,3 10,6 12,0 12,7 13,3 13,3 11.1 10,6 7,7 8,9 8,5 7, -1; 8,0 8,4 7,8 ¿8,1 6,6- 8,0 4,3: 8 0 5,2 5,5 5,4 5,4 5,4 5,3 4,2 3,2 3,0 3,5 8,1 7,8 7,5 7,3 6,8 7,0 5,2 5,3 5,2 5,3 Fuente: índice al Consumpo INRE) ción de los costes de producción es el coste del trabajo. Si los salarios por persona no superan tasa media del 6 por 100 parece bastante probable que el coste salarial unitario se limite al 4 por 100, compatible con la previsión oficial del IPC. En la medida que la retribución media por persona ocupada supere en 1988. tasa del 6 por 100, se estará promoviendo crecimiento del IPC superior al 4 por 100 anual. Los otros factores que pesan también en la formación del IPC, desde el lado de los costes de producción, son, aparte de los precios de Importación ya comentados, él tipo de interés del dJnero y la presión fiscal. Dos variables sobre las que la autoridad económica tiene posibilidad de influir y a las que deberá prestar la máxima atención para el logro de los objetivos propuestos. Por último, quedan los efectos inflacionistas que vienen desde el lado de la demanda. La opinión mundial es que el efecto de pérdida de riqueza derivado de la crisis bursátil se traducirá en contención de la demanda. En España también se espera que la demanda de consumo reduzca su ritmo de crecimiento, lo que debe promover menor tensión inflacionista. En cuanto a la cantidad de dinero, última variable que puede incidir en los precios internos, no parece que el Banco de España vaya a tener los problemas que surgieron en 1987. La apuesta del Gobierno de limitar al 4 por 100 el IPC medio anual de 1988 no parece que sea imposible de alcanzar, ni siquiera difícil, si la actuación de los agentes económicos y la política económica oficial se adaptan a lo que las circunstancias aconsejan. (Servicio de Estudios del Banco de Bilbao)