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44 ABC CARTAS Á PEDRO SAINZ RODRÍGUEZ LUNES 14- 12- 87 quiera cuatro días, por haber criticado actos de quien tiránicamente ejerce el poder. Lo que debía causarle a ese general VaHespinosa no ya profunda tristeza sino profunda vergüenza es tener que formar parte de una comparsa que encubre las barbaridades de esos dos tiranuelos- e l Primo y el Martínez Anido- que están envileciendo y deshonrando en nombre de España. Y no estamos no, bajo la oprobiosa cayada del pastor sino presos de las quijadas de los mastines Hoy no hay ahí pastor, no hay más que mastines. Y algunos hidrófobos. Y con carranclas envenenadas. De mí casi nada he de decirle. No sé que se haya publicado la Real Orden reponiéndome en las cátedras y otras funciones académicas de que por Real Decreto fui depuesto, pero si se publicase y se me comunicara ya sabría yo contestar porque un hombre digno no puede volver a su función pública mientras no se respete la libertad de opinar en público. Que hoy no se respeta ni en las serenas regiones de la doctrina diga lo que quiera ese general que encubre y apoya las atrocidades de los tiranuelos. Gracias de nuevo y cuente con la fervorosa amistad de su compañero Miguel de UNAMUNO París 4- IX- 1924 París XVI 2 rué Lapérouse Leí unas declaraciones de Magaz sobre la censura circunstancial tan triste y vergonzosas como las de Vallespinosa. Un Directorio que soporta a ese dictador no merece ninguna consideración. Hoy la disciplina militar tiene su límite en la dignidad humana. Señor Don Pedro Sainz Rodríguez. Madrid Dispense, mi buen amigo, que haya tardado tanto en devolverles este contrato. Allá va firmado. Y Dios nos dé el que pueda yo, como es mi deseo, empezar a cumplirlo. ¡Si viera usted lo que cuesta resignarse a la expectación! Tengo que apretarme el alma para no cejar a la impaciencia. En estos días me he acordado de una triste carta- e l escribirla, como un penoso deber, me causó un tan sabroso dolor de parto como parir a mi Abel Sánchez- que tuve que escribir en contestación a otra suya, al doctor Adolf Hillman, de Estocolmo, cuando al indicarse a Galdós- e l de Electra- para el premio Nobel empezaron a Dover protestas contra ello desde España y contraponiendo a Menéndez y Pelayo, claro que sin participación de éste. Los suecos se hicieron los suecos, pero estaban escandalizados; ningún otro país les había dado un caso así. Y yo, ¡con qué tristeza! tuve que explicarles lo que es la castiza zelotipla inquisitorial producto de la que el mismo don Marcelino, mi venerado maestro, llamó la democracia frailuna. Y figúrese la que está abonando la pomocracia pretoríana. Si es que no otro triste poder... Y me vuelvo a embozar en mi soledad fronteriza toda poblada de ensueños y desensueños. Adiós. Es su amigo Miguel de UNAMUNO Hendaya- 21- XM 928 Autógrafo de la carta de Unamuno a P. S. R. de noviembre del 28 Carta de Pedro Sainz Rodríguez a Miguel de Unamuno Membrete Ateneo de Madrid Secretaría Señor don Miguel de Unamuno: Ante todo he de dar a usted una explicación de mi retraso en enviar a usted mi Discurso y mi respuesta a su carta. Ha sido porque he tardado unos días en enterarme de a quién podría enviar ambas cosas con la seguridad de que no serían interceptadas. La carta de usted, aunque hubiese estado escrita a máquina y sin firma, habría adivinado que era de usted sólo por el primer párrafo. Sólo usted tiene esa conciencia moral tan exquisita que le hace dar explicaciones, que podría callarse, a persona que, como yo, se consideraría muy honrado con su simple felicitación! Mil y mil gracias, don Miguel. Antes, de siempre, tenía usted en mí un admirador de su obra, que he releído infinitas veces en la soledad y aislamiento de Oviedo, cuando fui ailí catedrático, pero desde ahora puede usted contar con un amigo leal del hombre, del hombre que tiene esa elevación de alma y para quien todos los hombres somos dignos del mismo respeto cuando somos hombres. Yo soy un apasionado de la Historia y nunca he tenido deseos de intervenir en las cosas de hoy como hombre de acción, pero cuando escribí mi discurso quise decir lo que sentía y pensaba, y me hubiese ruborizado yo, a mis solas, si hubiese alterado cualquier cosa por temor o por agradar a alguien. Mis escritos creo honradamente que no tienen gran valor y que son más bien aportaciones de erudito, pero tengo ei orgullo de que jamás escribí una línea para agradar a nadie y que siempre dije lo que sinceramente pensaba. He recibido de toda España muchas cartas y tarjetas de felicitación, contándose entre estas felicitaciones bastantes de gentes muy humildes, que me pedían, por favor, el Discurso. Esto prueba que ya hay un gran ambienté en contra del Directorio, y si un discurso, académico y de tipo erudito ha hecho efecto, una campaña bien dirigida de publicaciones políticas arrastraría mucha gente ¡Yo creó que la cosa está madura y que sólo falta quien dé el empujón. Lo lamentable es la cobardía de la gente de nuestra clase, de los escritores y catedráticos que tiemblan ante la idea de perder su sueldo. Cuando pienso esto me entra un gran desaliento y tristeza y si se pudiese dar uno de baja como en un casino, me daría de baja en esto de ser español, ahora. ¿Qué piensa usted hacer? ¿Va a seguir en París? Yo creo que un viaje de usted a América bien organizado le convendría a usted y le convendría a España. Aquí no dejan entrar Le Quotidien y no sé cómo procurármelo. Hace tiempo que preparo mi libro sobre el misticismo español y siempre he tenido el propósito de consultar a usted y exponerle mis ideas antes de publicarlo. Si tiene usted tiempo y humor le hablaría de esto. Si no puede usted, me lo dice con franqueza y lo dejaremos para más adelante. Aunque mi Discurso no hubiese producido más resultado que la carta de usted y el poderme ofrecer como leal y sincero amigo suyo, lo daría por muy bien empleado. Sepa usted, don Miguel, que en mí tiene un antiguo y entusiasta admirador y un amiqo, no por reciente menos cordial y decidido. Pedro SAINZ Señor don Pedro Sainz Rodríguez Madrid Aunque ya lo sabrá usted, mi querido amigo y compañero, por otros conductos, y entre ellos el de mi consuegro Quiroga, me creo en el deber de advertirle que el día 1 o de mayo llegaré a ésa, para dar mí primera conferencia en el Ateneo ei día 2. No estoy aún restablecido de mi muñeca- todavía me cuesta escribir de mi puño (no sé dictar) y no lo hago sin molestia- pero mi lengua y mi espíritu- m i espíritu es lengua y mi lengua es espíritu- están desembarazados. Muchas gracias por e homenaje de La Gaceta Literaria de que hablaremos, como de otras cosas. ¡Tengo tantas al aire! ¡Editoriales, de teatro, de política... La casa Rieder, de París, que adquirió la propiedad de mi librito L agonie du Christianisme me propone entablar negociaciones para la edición española, pues el texto original se considera en nuestro contrato como traducción. Les he indicado a ustedes, a la CIAP, pues presumo que debe de antar en ello una casa catalana. No creo que tengan inconveniente. A lo de la casa inglesa ya le daré ahí la contestación, pues el editor Knopp, de Nueva York, tiene un derecho de opción para la traducción de mis obras al inglés, aunque no le veo muy pronto a hacer uso de él. La verdad es que donde más suerte he tenido es en Alemania. Fui, como sabe, repuesto en mis dos cátedras y en forma estrictamente legal y con toda satisfacción, pero no pienso posesionarme de ellas hasta que expire el plazo, por varias razones y, entre otras, que no quiero que se plantee todavía, como se planteará, otro pleito, pues el rector actual dimitirá. Yo pienso luego renunciar a la cátedra de Griego y quedarme titular de la acumulada, pues me interesa ésta más, y dos cátedras diarias me son ya mucha carga. También de ello charlaremos. Salude a todos esos buenos amigos que tan bien me tratan y sabe cuan lo es suyo Miguel de UNAMUNO Salamanca, 21- IV- 1930