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CANDELA E f L micruhús niimerc 2 ik- tie un conduciüT bcncmcTitii. unos Palabra de horror ra- hdsl, i que linios lo corejron con cniusi, i mii y puniiialos v mt lip senliido en la üUima U 3. que. nü es poi iiaü; i. pero soy yo. Av uc uirdc eslc miLTubú amarillo come ni i como síemirc su travecio en Cunde d e eñalvcr, gl j la dL Ccihii y siguió p o r J u a n Briivo con su agradable arrullo motorizado. Pero de pronti nos TMbresallumn E conductor hahin frenado hmíicam nte, sin decir siquiera: o Ojo, i ue I r e n o! Por ctício de la súbiía delciición, su cabeza calva habij hecho formitiuble impacto eon el crisial dehmiero, c inmediytnnienle dcsput N. al recuperyr su primitiva posinón. una señoril que iba haciendo punió en Li icrccrü fila, y mic había salido despedida, le elavó una agU del cuairo en el aíopécico ixxipudoUna íurgonel ¿i había surgido imp re vistamente por una m cacalle, sin respetar In prelerentia del microbús, y esia era la causa del mopiniído frenazo. El Irrilado conducior. Iras amo- MICROBUS 2 nesrar con furia contenida a IJ damji que había practicado la cspTima en su calva, abrió IÍL puerta v, sin levíintarse. reprendió con grandes voces al lemcrürio chúfer de la furgoneta, que resultó ser un hombre menudo, tímido y creo que Ue Zamora, aunque no nloy seeuro: ¿P e r o qué hace usted, bur r o V ¿N o v e 11 ue l e m a un Stop- asi de grande ¡Haber mirado, por lo menos, idiota! -l i s que no podía. -se o j o replicjr débilmenie. V por qué no podía, hombre, sí puede Mberse -PorE UC. como iba levendo... Esta declaración hizo sufrir a nuestro cmduclor un repentino acccsij lie ira- Como no tema pelos para tirarse de ellos, se conformó con unos alaridos: ¿Pero lo oyen ustedes? ¿Ehies no dice el lío, encima, que iba levendo ¡Se va a enterar ese beína! Descendí, le pedí el libro al atemorizado chi ler y regiesi para mostrárselo a conductor Incorporóse con ánimo evidel niicrobus. No puede repridente de atizarle, como mínimir unii carcajada mientras le mo, varios pescozones- Pero veía leer ijn IÜ lapa: Códipo lUKi discreta anciana que ocude Circulación- Apenas tuvo pahd uu asiento en la quinlu tiempo de darme uníi famástiea tila le contuvo: b o f e t a d a tiíupcrado por los acontecimientos, nuestro con- O i g a oiga, tranquilo. Al ductor e clamóí jPalahra de fin y ii cabo, leer nif es malo. horror, yo enloquezco! y se Además, habría que saber íjud leía ese p i b r t hombre. No es de. iplomó sobre la bocina. lo mismo conducir una lur onela leyendo la revisia- í eniboU Como njdie sabiy conducir el s e- q u e leyendo- La moramicrobus, este bajó por Juan das por ejemplo. Lo primero Bravo, atravesó Serrano a cuque debemos hacer es preguntraordinaria velocidad, acelero tarle qué leía, y luego ya vereaun ma. í su marcha at descenmos. der por el puente de la Castellana V fue a empotrarse en el Esta opinión fue un lnime- edificio del Defensor del Puemcnie aprobada por lodos los blo con enorme estrepito. viajeros. E s verdad, es verdad. apoyó uno Me pido l l n i o n c e s al r e c l a m o del preguntarle añadí vo inmediachoque, salió el señor Ruiz Jitamente, Pues baje, mozop, resolvió la discreta anciana. Y tntínei siempre atenio. le dijo antes de cumplir con la misión al conductor que esíuvíerj tranquilo, yue cualquiera podía leue se me eneL mendaba. a hn ner un falio, le inviió a llorar e motivarme, i- riló: TráfTeo. sohrc su hombro. basura respétala lectura tráfico, hjsura respeta la lectuIgnacio TORRIJOS a CAdu tf 44