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XII ABG RAFAEL ALBERTI, OCHENTA Y CINCO AÑOS 13 diciembre- 1987 N 1959, la casa sátira, siguen ocupanFabri de Buedo el mismo puesto. La nos Aires lanlibertad evocadora del zaba la primera edición narrador lleva a alguextensa de La arboleda nas reiteraciones, pero perdida, con los libros I Rafael ALBERTI el lector no puede por y II (el i se había publimenos de sentirse adSeix Banal, Barcelona, 1987. 379 páginas. 1.200 pesetas cado en México mirado ante este Alberen 1942) que pronto fue reconocida como se recoge. Estas acotaciones, como ya ocu- ti más poeta dinámico y viajero que nunca una de las más bellas autobiografías escritas rría en el volumen de 1959, pero ahora de como él mismo reconoce (página 333) Los en castellano durante este siglo. Tuvo en se- modo mucho más acusado, no presuponen mejores aciertos están, a mi juicio, en los moguida en España el prestigio de un texto míti- una estricta sujeción cronológica, que real- mentos más líricos: así, por ejemplo, la salvaco. Sin duda que a él contribuían la dilatada mente no existe. La memoria del autor proce- ción de los cuadros del Museo del Prado, el pervivencia de la dictadura y la condición de de un poco por saltos, privilegiando determi- conocimiento de las flores aprendido de su exiliado de su autor: dos circunstancias que madre, el recuerdo de los perros del poeta, la nutrían la obra de modo poderoso. Pero no llegada del otoño en Utrecht, los gatos de era sólo esto; había- h a y- también en Roma (en el libro III) y el elogio del viento de aquellas páginas valores sustantivos: así, la la bahía de Cádiz, de la cal andaluza y medivigorosa evocación de la infancia gaditana terránea, la descripción de la niebla madriledel futuro escritor, con el marcado contraste ña y del primer encuentro amoroso, o la soentre su vocación de libertad y el mundo sórñada presencia del padre (en el libro IV) dido del colegio de jesuítas al que el niño Pero todo el volumen se lee con sumo placer, acudía; la oposición entre los espacios abierdada la variedad de escenarios en que el autos de la bahía de Cádiz y las tendencias tor se mueve, la viveza de su ritmo narrativo claustrofóbicas del ambiente familiar. Y toda y, naturalmente, la relevancia de los personala potente rememoración de Jos años veinte y jes que discurren por estas páginas: muchos treinta y de la sociedad literaria de entonces, de los grandes creadores dé la literatura y el proyectada sobre sus coordenadas políticas y arte de este siglo. Debe subrayarse también sociales. El contrapunto constante entre pala franqueza con que el autor habla de sí sado y presente daba a la evocación una inmismo, aunque ha de agradecérsele el distensidad peculiar, a lo que colaboraba la agilitanciamiento con que trata sus vicisitudes dad del memorialista, capaz de tocar los climás personales. mas más diversos y de conjugar registros Alberti es el único poeta de su generación estilísticos muy variados: desde el lírico al satírico, desde las pinceladas paisajísticas a los que ha escrito sus memorias, si se exceptúa retratos penetrantes. el de aquel lírico fronterizo con el 27 que fue José Moreno Villa y su Vida en claro (1944) Más allá de la referencia política corría De Vicente Aleixandre sólo nos ha quedado- -corre- por esas páginas un aire rotundo de Los cuadernos de Velintonia, debidos a su libertad, de frescura conceptual e ideológica. fraternal José Luis Cano, quien seguramente Nadie más lejos que Alberti (o hay que pennados episodios y relegando otros. El libro III podrá en su momento revisar y ampliar el pasar en Neruda) del militante comunista encecomienza con la llegada a Oran en 1939 y se norama allí descrito. De García Lorca tenerrado en el dogmatismo y en esa curiosa cierra con el proceso de Burgos de 1970. El mos las páginas del diario de Carlos Mormentalidad conservadora que tan a menudo libro IV se abre con el regreso a España y ía (1957) muy notables, pero por desgracia se ha dado en tales territorios doctrinales. concluye con el ya mencionado suceso del trucadas a causa de la labor de poda que el Dos imágenes arquetípicas genera esa priaccidente. De treinta y cuatro capítulos cons- autor decidió hacer, sin que, al parecer, los mera Arboleda perdida: la del poeta libre y la ta uno y de veintinueve otro. Eso significa materiales eliminados sean recuperables. De de la nostalgia; la del canto y el cantor derrique los años del retorno han sido objeto de los grandes líricos de la época es, pues, Albando muros (literarios, sociales, políticos) y un interés superior, aunque las libertades del berti el único memorialista, al que debe agrela del mismo poeta violentamente arrancado poeta con la cronología y sus saltos hacia garse, en el ámbito de la lengua española, el del paraíso- el. de la infancia y el de la juatrás resten entidad al presumible desequili- magnífico Confieso que he vivido, de Pablo ventud, también el de la patria, convertida en brio. Neruda, publicado postumamente (1974) y, mito y en sueño con la distancia- cifrado De todos modos, el mismo autor es cons- según mis noticias, mutilado. Los dos tomos aquél ya en el mismo título de la obra, que el de La arboleda perdida constituyen, desde propio autor glosaba de modo inequívoco. ciente de la omisión de hechos decisivos de su biografía, o de un tratamiento más detalla- este punto de vista, una cantera relevante de Esta imagen o gran tema de la nostalgia forma parte del meollo mismo del mundo poéti- do de otros, como reconoce en el capítu- materiales para la reconstrucción de la sensilo XXVI, del libro II: ingreso en el Partido Co- bilidad del período vanguardista, aunque poco albertiano. Los mejores logros del escritor munista, la guerra civil, el exilio en Argentina siblemente más el primero que el segundo han brotado de ese hontanar: desde Marinero en tierra- título también elocuente- hasta y Uruguay, y la estancia italiana. Todo esto por razones comprensibles. La fidelísima meSobre los ángeles Paraíso perdido se lla- será tratado en la tercera Arboleda, que aquí moria de Rafael Alberti es digna en este senma su primer poema) y Retornos de lo vivo anuncia. De momento, estas 361 páginas son tido de todo crédito. un testimonio elocuente de la magnífica vitaliCon todo, y según ya indiqué antes, su lejano. dad de este Rafael Alberti dispuesto a de- condición informativa es secundaria confronMemorias, pues, de un poeta: lo que hay mostrar que tercera edad no designa en él tada con su naturaleza sustancialmente poétide información en ellas, aun teniendo interés, ningún piadoso eufemismo. ca, literaria, y no dejan de ser significativas posee menos relieve que la recreación de Asombra, en efecto, el vigor estilístico, la en este aspecto las semejanzas de La arboambientes y personajes, de mundos y criatu- potencia de escritura del autor, su desenfado, leda con el Confieso que he vivido nerudiano, ras. En suma, son literatura, en el más alto y su jovialidad, a mil leguas de todo pesimismo, invocado por los demás de modo expreso en estricto sentido del término. Alberti fue escri- siempre fiel a sus convicciones y permanen- estas nuevas páginas. Lo dicho, en modo albiéndolas durante bastantes años, según ya temente traspasado por un fervor existencial guno rebaja su valor de testimonio. Pero se se ha consignado, bastantes más de los que mediterráneo a prueba de brumas y cre- trata del testimonio de un poeta, esto es, sé ha invertido en la redacción de esta segunda púsculos. Quiere ello decir que aquella ima- centra en la comprensión de los elementos parte, que ahora se publica, iniciada en 1983 gen del poeta libre de la primera Arboleda esenciales. Por eso esta segunda parte se y concluida sólo hace unos meses. perdura fresca y renovada, aunque la otra, la cierra como comenzaba la primera: con la Esta segunda Arboleda se divide, como la de la nostalgia, haya decrecido notablemente evocación del niño Alberti yendo hacia ei colegio bajo la luz y el cielo de la bahía de Cáprimera, en dos libros: el primero abarca des- por razones en buena medida lógicas. de 1931 a 1977; el segundo, desde este año La técnica formal del memorialista no ha diz. hasta julio de 198 J ¿rnes en que el poeta su- cambiado en cuanto a los medios. esenciales. frió un accidente de circüFación, episodio que Los encuadres líricos, la rememoración, ta Miguel GARCÍA- POSADA E La arboleda perdida Libros III y IV de memorias