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13 diciembre 1987 RAFAEL ALBERTI, OCHENTA Y CINCO AÑOS ABC XI El burro explosivo un libro que empecé en el treinta y seis y que continué en la Argentina, tengo poemas que caen dentro del Código Penal, de modo que los editores no se han atrevido con él, a lo mejor salen en las obras completas que se publicarán en febrero próximo. Bueno, volviendo a mi poesía, creo que tengo ritmo, sentido musical... Y conste que soy autodidacta, no tengo ni el bachillerato, pero estoy dotado para el idioma, quizá por eso tenga mucho que ver Andalucía, porque allí, si no hay palabras, se inventan. ¿Qué sensación le causa que la poesía sea un género bastante menos leído que otros? -En mi opinión, cada vez hay más lectores de poesía, aunque entre los editores sea la Cenicienta. De todas formas, creo mucho en la comunicación verbal de la poesía, incluso la más difícil es comunicable. Además, soy optimista en el sentido de que la poesía se abre más y más camino en España. La palabra mar -De todo lo que usted ha visto, ¿qué es lo que más le ha impresionado? -E l mar, y no por mera cuestión literaria. Es tal su potencia que incluso cuando pienso en él se me borra todo lo demás. Es lo más misterioso, lo más rico, lo más salvaje e insondable, lo más permanente. Cuando en mi poesía escribo, y la escribo mucho, la palabra mar pienso en la bahía gaditana, que aunque parezca tranquila tiene sus grandes tempestades. -Y si tuviera que hablarme de la imagen más desgarradora... -También le hablaría de esa bahía a la que tuve que abandonar por culpa de la guerra más brutal del siglo veinte, porque fue entre hermanos. Tuve que arrancar mis raíces- s i las hubiera dejado aquí estaría muerto o habría ido a parar a un campo de concentración- pero la hondonada donde estaban enterradas no me la llevé. Todos los escritores que dejamos España hablamos mucho de ella, pero, también, sin vanidad, puede que haya sido yo el que lo haya hecho en mayor medida. En mi libro del Museo del Prado hablo de lo que no podía ver, y si en otro menciono el Paraná, en realidad estoy pensando en España; así, siempre. Recuerdo que cuando el trimüenario de Cádiz lo celebré yo solo montando una exposición. Cádiz es la ciudad más antigua de Occidente, el final de Europa, una punta abierta a todo. -Dígame, si tuviera que ser árbol, ¿cuál le gustaría ser? -Un pino parasol. ¿Porqué? -Son de copa abierta, como una especie de sombrilla. Desde mi amanecer los he visto en El Puerto de Santa María. Los pinos son hermosos. Hay un poema de Rubén Darío en el que se refiere a ellos como bañados de gracia, de azul... Rafael Alberti, de tan remetidos en el corazón, en su presencia, siempre Cádiz, siempre el mar. Trinidad DE LEON- SOTELO nencia de voces en el aire y eso se está estudiando. No, no discurro sobre estas cosas para consolarme. De hecho, cuando en el pasado julio tuve el accidente de automóvil en la calle de Alcalá me dije: Mira que si me muero aquí, ¿a dónde habría ido a parar? ¡Imagínese, en la calle de Alcalá! Sí, de la pierna no estoy bien todavía, pero no hablemos de eso porque da mala suerte. -Y ya en plan futurista, ¿qué le gustaría ser en ese porvenir inasible por nuestra parte? -U n ser errante que se encontrara con otros y se dieran amores nuevos, uniones nuevas. Vamos, que cuando una mujer me gusta me la vuelva a encontrar por ahí con todas sus consecuencias. ¿Qué significa el amor en la vida? -E s lo más importante. Cuando no existe, la gente está muerta. -He tratado de llevar al libro la velocidad de la información. Yo soy un apasionado de la radio y me la llevo hasta debajo de la almohada. En este espacio de tiempo que usted y yo estamos hablando pueden haberse producido un sinfín de cosas y yo estoy empeñado en hacer una prosa o una poesía que tengan la velocidad con la que hoy se producen los acontecimientos. Ahí, en ese jarrón, hay unos preciosos gladiolos que invitan a escribir algo idílico, pero de repente te enteras de que en una frontera han muerto seres humanos y entonces la visión bucólica se empaña con la tremendista. La información actual enriquece mucho la capacidad mental. -Usted es poeta. ¿Significa eso que tiene el privilegio de experimentar sentimientos de un modo especial y que además puede expresarlos a través de la belleza? -Ser poeta es un don como nacer rubio o moreno; ahora bien, la sensibilidad puede ser una cosa muy tremenda y nada sencilla. Le aseguro que hablo sin vanidad de ninguna clase si le digo qUe estoy dotado de forma muy varia para la alegría, para el drama profundo, el humor, la sátira feroz... Sí, sí, en Pasión por la radio -En La arboleda perdida usted simultanea los acontecimientos trascendentales con los más pequeños hechos cotidianos, sus perros, su gato, su loro Cocorito