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13 diciembre 1987 RAFAEL ALBERTO, OCHENTA Y CINCO AÑOS ABC IX Las vueltas que da el mundo Fiesta O CHENTA y cinco años constituyen a no dudarlo una espléndida oportunidad para una declaración de amor. La que yo pudiera hacer a Rafael Alberti es ya conocida, continuamente renovada aún en la distancia. Se la hice en 1969, cuando le conocí en su exilio romano, y no he dejado de reiterarla a lo largo de los años en numerosos escritos, o presentando hace dos años, en el Círculo de Lectores de Barcelona, una conmemoración de su aniversario de aquel entonces. No valían allí, ni en este ahora, disertaciones eruditas, que están lejos de mi ánimo y de mis capacidades. Tampoco hubiera valido- n i vale hoy- la típica, ociosa revisión crítica sobre toda una obra, tan inmensa por otro lado que se nos escapa. Lo que hoy vale es un himno de fiesta. Porque los ochenta y cinco años de Alberti son una festividad grande para la cultura española. V E hacen notar que Rafael Alberti cumple la bonita edad de ochenta y cinco años, y yo, que aspiro a emularlo en eso, echo una mirada retrospectiva hacia los encuentros que la vida nos ha deparado a lo largo del tiempo: en Madrid, primero; después, en Buenos Aires; en Roma, luego; por fin, otra vez en Madrid de nuevo- ¡las vueltas que da el mundo! y a mi memoria acuden parajes, situaciones, escenas con cuya evocación podrían llenarse muchas páginas. Pero el puro azar ha traído ahora a mis manos un último número de Olvidos de Granada, revista muy lujosa publicada por la Diputación de la provincia, donde encuentro lo que llama quien lo ha editado un texto teatral inédito de Rafael Alberti Auto de fe (dividido en un gargajo y cuatro cascarrias) Para presentarlo, cuenta el comentarista la historia de este manuscrito que su autor nunca había dado a la imprenta. Se trata de una sátira rabiosa contra la Revista de Occidente y la tertulia que en sus locales mantenía Ortega y Gasset, provocada por el hecho de M que su secretario, Fernando Vela, había devuelto al joven Rafael unos poemas bajo alegación de su crudo vocabulario. Al verlo impreso ahora, he recordado el manuscrito y sus circunstancias. En los círculos y tertulias literarias de aquel Madrid causó un mínimo escandalete; se comentó mucho, fue muy reído y celebrado por su desenvuelta procacidad. Y muy vivamente recuerdo- a pesar del mucho tiempo desde entonces transcurrido- la indignación casi frenética de Rafael ante los escrúpulos de la elegante y remilgada revista. Decía- casi me parece estarlo oyendo todavía- Pero qué idiotas. Si Víctor Hugo le llamaba a las estrellas caspa de Dios. Cuando algunos de estos días me tropiece con Rafael, sacaré a relucir el asunto para comprobar si aún le queda, después de cincuenta y cinco años, algún resquemor de aquel incidente. Francisco AYALA de la Real Academia Española No digamos para sus amigos. No digamos para quienes hemos tenido la fortuna de disfrutar de su generosidad, de recibir por vía de su ejemplo constantes muestras de vitalidad y de resistencia. Para quienes hemos conocido, en resumen, el inmenso privilegio de ser queridos por Alberti. Con este ánimo, el mismo que ha presidido los años y el ejemplo de Rafael, terminé yo la presentación de su vigésimo tercer aniversario con unos ripios que no eran suyos, pero que su notable sentido del humor sabría apreciar: soy el que más te ha querido, con eso tienes bastante Ignoro si a Rafael le habría hecho más gracia que se los recitase Estrellita Castro, a cuyas habilidades no alcanzo. Lo cierto es que yo estaba demasiado emocionado para caer en falsas solemnidades. Emocionado también hoy, a punto de ausentarme de España y, por tanto, imposibilitado de hacer de chambelán en el homenaje que el Círculo preparaba para Alberti. Y, por lo emocionado, no ajeno al espíritu del recuerdo, tan rico en instante de Rafael, tan lleno de cosas inolvidables que llegaron cuando ya hacía años que se me había hecho inolvidable su poesía. Le conocí en Roma, dije, y en aquella ilusoria época de mi juventud él y María Teresa León se arrogaron e deber de convertirse en padres de una criatura creció... Nunca sabré si para mejor. Pero el amor no ha decrecido. Ya he dicho que llevo publicados muchos artículos sobre Alberti- amigo, y toda reiteración podría parecer abuso de la memoria. Nunca hay que extrañar a esta dama, nunca apurarla. El escritor, el apologista, el amigo, debe coger, de ella, perlas dispersas, y todo lo más llegar a destacar la sombra del sueño en que llegó a convertirse. Queda la sensación de haberme enriquecido por muchos conductos a través de las facetas distintas de Rafael. Amigó andaluz y guía romano. Compañero de risas y emisario de nostalgias. Y por encima de todo un clásico que nos ha deparado el privilegio de vivir entre nosotros, aceptando ser el más ingenuo de los párvulos de la vida. Ochenta y cinco años de Alberti. ¡Pardiez, qué joven es la poesía! TerenciMOIX; Para ti, Rafael R AFAEL, Rafael, joven amigo pon en mi hombro tu cansada frente comunícame el sueño adolescente que te va de los ojos al ombligo. O lo llenes de miedos ni nostalgias, llénalo de muchachas de orgías, N muslos, senos, codos, yymiradas, de no de dogmas, congresos ni partidos. r- ESAPARECER quieres en el aire, LJ dejar en el espacio, vivo, a Alberti. Déjame que en el vuelo te acompañe. Soy gitana del aire, sí, tu esperti. Nuria ESPERT