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54 A B C INTERNACIONAL -El equilibrio nuclear tras el Tratado de Washington- DOMINGO 13- 12- 87 El acuerdo USA- URSS desmonta la estrategia de Defensa europea Sin los misiles americanos, la hegemonía atómica es soviética París. Juan Pedro Quiñonero El Tratado de Washington anunciando la destrucción de los misiles Pershing II y SS- 20 de alcance intermedio, cuando el Senado estadounidense lo apruebe definitivamente, erosiona de forma definitiva la doctrina estratégica en la que se ha fundado la seguridad militar de Europa, paraliza con ello la modernización indispensable del arsenal euro- estratégico aliado, iniciando así una batalla tecnológica e institucional de nuevo cuño. Eliminando la única familia de armas aliadas que podía alcanzar el territorio soviético desde el continente europeo (los Pershing II, una de las armas más eficaces y temibles de la historia de la guerra) la OTAN se priva de la última estrategia que hacía creíble la doctrina de la respuesta flexible negociada entre 1963 y 1967. Veladamente, el Tratado de Washington entona el réquiem final de una doctrina que no cuenta con las últimas armas que podían afirmar su credibilidad. Tras el lanzamiento del primer Sputnik (1957) la Alianza Atlántica percibió con brutalidad que la doctrina de las represalias masivas había perdido todo fundamento: Washington no aceptaría el riesgo del bombardeo de Nueva York para salvar la libertad de Hamburgo. Robert MacNamara impuso la negociación bizantina donde nació la respuesta flexible impensable el suicidio atómico, incapaces los aliados de asumir una defensa convencional muy costosa, las armas nucleares se ponían a disposición del comandante en jefe de la OTAN para poder lanzar una última advertencia al adversario potencial, que evitase el recurso inmediato al arsenal nuclear estratégico, y santuarizase la disuasión a través de una amenaza y un riesgo mayor. Tras el doble acuerdo aliado de Bruselas de 1979, los Pershing II tenían por misión salvar la muralla de las defensas antiaéreas y situar la amenaza en el corazón del sistema nervioso enemigo. Conscientes de la eficacia de tal proyecto disuasivo, los generales soviéticos hace cinco años que lanzaron los SS- 25, una familia de armas intercontinentales que utiliza la misma infraestructura de los SS- 20. Destruidos, previsiblemente, los Persing II y los SS- 20, la OTAN pierde su única arma que alcanza el corazón de la URSS, mientras que esta continuará neutralizando los F- 111 aliados, y los SS- 25 cumplirán las funciones de gendarme atómico, desde Vladivostok a Santiago de Compostela. Erosionada la respuesta flexible hoy, los aliados occidentales están perfectamente divididos en todas las cuestiones capitales para la seguridad continental- europea: Qué hacer con las armas nucleares de corto alcance, cuya modernización y sustitución parcial se negoció en Montebelto en el 83, tratándose de armas dé la OTAN que sólo sirven para esgrimir diplomáticamente el riesgo de suicidio nuclear de las dos Alemanias, favoreciendo la finlandización deseada por los generales soviéticos. Qué familias de armas pudieran iniciar la modernización del arsenal aliado: desde hace París y Bonn, embrión de un sistema militar autónomo París. J. P. Q. Tras la cumbre Reagan- Gorbachov de Reykjavik, en la que fueron sentadas las bases sobre las que construir el Tratado de Washington sobre los euromisiles, París, Londres y Bonn iniciaron por su cuenta, y al margen de la Alianza, un proceso de consultas intensivas, llamadas desde el principio a sentar las bases de varios proyectos de concertación europea en materia militar y estratégica, que algunos analistas militares occidentales consideran, y hablan de ello, como el embrión de una futura y todavía muy incierta Europa de la defensa El Instituí Fran, cais des Relations Internationales (IFRI) y la Deutsche Geselleschaft für Auswaertige Politik (DGAP) estiman que el eje París- Bonn, por la naturaleza de las dos naciones, debe estar, y está, en el corazón de este proyecto diplomático y estratégico continental. Las recientes iniciativas franco- alemanas, desarrolladas en el marco de la amistad entre los dos países, no dejan de ser estimulantes: Relanzamiento de la Unión Europea Occidental (UEO, donde España continuará ausente, por bastante tiempo, gracias a su enfrentamiento con los países anglosajones) aprobando en La Haya (27 de octubre pasado) una plataforma sobre los intereses europeos en materia de seguridad que muchos consideran como el primer esbozo estratégico continental desde el fracaso histórico de la Comunidad Europea de Defensa (CED) Creación inmediata (a primeros de enero) de un Consejo de Defensa franco- alemán. Creación de una futura Brigada francoalemana, cuyos objetivos tácticos y estratégicos son objeto de una difícil negociación que pone en juego la ambigüedad del uso (todavía muy incierto) del arma atómica francesa en la defensa de la RFA. Personalidades eminentes han avanzado proyectos mucho más ambiciosos. Helmult se despidió del Bundestag alemán el otoño de 1984 avanzando un proyecto de liderazgo militar francés, con apoyo financiero y logístico alemán, que luego profundizaría en las páginas del semanario Die Zeit con propuestas de un alcance estratégico mayor. Raymond Barre ha propuesto en el International Institute for Strategic Studies (IISS) londinense el estudio de la organización de un espacio estratégica- común entre Francia y la RFA. Hace meses que los ministros de la Defensa (francés y británico) negocian proyectos de concertación estratégica, barajando alternativas mayores (construcción de un misil de crucero franco- británico, armonización del despliegue disuasivo de las flotas de submarinos nucleares estratégicos... Algunos observadores privilegiados, como el embajador Francois de Rose o el vicealmirante Jean Chabaud, reclaman con urgencia la profundización de nuevos proyectos que consideran capitales, subrayando que los europeos deben movilizar con urgencia sus capacidades de investigación para constituir rápidamente una comunidad de pensamiento capaz de engendrar una doctrina estratégica que les sea propia y no les venga impuesta por los EE UU meses, privados de un background diplomático sólido, los mandos de la OTAN se disputan sin poder concertar las alternativas en estudio (nuevos misiles de crucero, nuevos misiles euro- estratégicos instalados en submarinos, nuevas familias de armas preestratégicas aerotransportadas, como reclama el nuevo comandante en jefe) Quien pagará el coste del refuerzo puramente, convencional de la doctrina táctica follow- on esbozada tras la última batalla de los euromisiles, el otoño- invierno del 83. Averell Harrimann cuenta en sus memorias que los generales soviéticos consideraban 1943 como el perelom como el tumingpoint el punto culminante que hizo bascular la historia diplomática y el destino de Europa, anunciando la gran ofensiva militar de los blindados soviéticos imponiendo la nueva ley marcial en toda Europa del Este. En términos militares, el general Eisenhower frenó y maniató a los blindados del general Patton, impidiéndoles una ofensiva que hubiera sido capital para la libertad de Europa, para permitir que los aliados soviéticos conquistasen las posiciones pactadas por Stalin en la conferencia de Teherán. El Tratado de Washington es el turning- point que confiere a los generales soviéticos la posibilidad de proyectar en toda la gigantesca masa geográfica euroasiática, el corazón estratégico del planeta, el poder imperial supremo de su parque de artillería nuclear estratégica, reforzada tras la destrucción de los Pershing II, confiriéndoles un poder de vida o muerte sin precedentes.