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38 ABC OPINIÓN DOMINGO 13- 12- 87 Panorama FOTOS DEL AÑO D ISTINTAS publicaciones nos presentan, por estas fechas, las fotos del año. Son escenas espectaculares, y en la mayor parte de los casos tienen relación con las múltiples desgracias que ocurren a lo largo de doce meses. Más que una interpretación de la realidad son una copia fotográfica de la apariencia de los hechos. Esa procesión de los acontecimientos tiene algo de cine mudo o, vueltos del revés, de aquellos chistes gráficos cuyos autores se sentían obligados a escribir como único texto: Sin palabras Desde la tragedia en el mar hasta la angustia en la tierra, se confirma que las noticias son, habitualmente, malas noticias. Para dificultar los cierres de edición de estos resúmenes gráficos se han hecho terriblemente imprescindibles la imagen de un cuartel de la Guardia Civil derruido el pasado viernes en Zaragoza y la de un carguero panameño frente a Finisterre, todo ello en las últimas jornadas, cuando ya pensábamos que diciembre caminaba, inofenso, hacia el adiós de la Nochevieja. Estos anuarios de sensaciones repiten sus argumentos y cada año tiene bien calculadas sus dosis de dolor y de alegría. Predomina un clima de lamento que nace en las imágenes: un niño que busca a su madre en Beirut, violencia en los campos de fútbol, alguien que aprovecha para suicidarse la presencia de las cámaras de la televisión, el rostro de la tierra sedienta de Etiopía, etcétera. Tampoco faltan recuerdos de otro signo: estadistas que se encuentran y dialogan tras años de incomunicación, petróleo que ilumina por unos instantes el tenaz penacho de la plataforma marina, la sorpresa de un premio literario, la belleza de Roma bajo la nieve, la velocidad de Cari Lewis como una escultura de Benlliure, y tantas otras páginas de la vida. Las fotos del año son, inevitablemente, una síntesis que, con pocas imágenes, reconstruye la sensación que en nosotros va dejando el paso del tiempo. Somos testigos sobre el papel y, al mismo tiempo, podemos vernos en el espejo. Museo de urgencias, pocas veces el arte nos permite sentir tan fácilmente los enigmas y las contradicciones. La vida es como es, se nos dice desde esa efímera galería. Quizá dentro de miles de años un ejercicio de arqueología consista en ordenar estas fotografías de hoy, supervivientes del tiempo y halladas en las excavaciones entre volúmenes de hormigón. Alguien se horrorizará, al clasificar los distintos géneros, ante la mudez de las imágenes. Faustino F. ALVAREZ -N o debemos dejarles a los rojos la exclusiva de las grandes iniciativas. Si en ese pueblo han hecho concejal a Gorbachov, nosotros debemos nombrar al Papa sacristán de la parroquia. Cosas que pasan STOY esperando, reverendísimo señor obispo de San Sebastián. Estoy esperando que sus manos, tan ágiles para escribir pastorales confusas y bendecir lo imbendecible, se posen sobre las pequeñas cabezas destrozadas de esas cinco niñas asesinadas en Zaragoza por quienes defienden- s o n palabras suyas- la soberanía de su pueblo No sienta remordimientos y acaricie con sus manos las expresiones dormidas de esas cinco Txakurrillas ensangrentadas. Tres txakurras -e s decir, tres perros que así es como llaman ustedes a los guardias civiles dos mujeres de txakurras y un txakurra adolescente de dieciséis años, también aguardan en el silencio de la muerte la bendición de sus manos. Muchos perros para tan pocas manos, señor obispo. Si siente repugnancia por su aspecto, si la sangre derramada le marea, si los trozos de cuerpo roto le nublan la mirada, no se acerque hasta Zaragoza. En España hay infinidad de manos limpias y temblorosas que han bendecido intensa y amorosamente ese amasijo de vidas arrancadas. Mucha sangre, señor obispo. Y no de perros. No canse sus manos en bendecir lo que no sienten. Pero al menos esfuércelas brevemente para redactar unas palabras de condena que le permitan salir del paso. Una cosa es que no llore y otra muy distinta que se desentienda. Su hijo Jon Idígoras ha dicho ya que condenar este atentado sería una hipocresía A veces, cuando se representa más de lo que uno es, la hipocresía es necesaria. Al fin y al cabo Idígoras es un cómplice de asesinos como buen batasuno y su ilustrísima es el obispo de San Sebastián. No le haga caso, señor obispo, y, aunque sea sin sentirlo, redacte la hipocresía de su condena. Los que creemos en Dios E YA NO ESPERO MAS necesitamos engañarnos en situaciones como ésta para sentirnos confortados. Miéntanos con un dolor que no padece. Pero díaalo al menos. Sus palabras se leerán en todos los pulpitos de su diócesis y en n u m e r o s o s casos por sacerdotes que ayudan, cobijan y conviven con los asesinos. Hay tanto salvaje suelto por aquellas tierras que más de un feligrés interpretará su condena como una traición a los objetivos abertzales Que un obispo vasco lamente el asesinato bárbaro, cobarde y brutal de doce txakurras -e n t r e ellos c i n c o txakurrillas que murieron soñando la llegada de los Reyes Magos- no es de recibo. Para esos feligreses que comulgan a diario y extreman su moral y buenas costumbres hasta límites insospechados, lo que hacen esos chicos de ETA no son más que travesuras. ¿Cómo puede un obispo condenar una travesura? Parece mentira que pierdan el tiempo en esas insignificancias. Está su ilustrísima en un buen lío. O hace caso a Idígoras y permanece callado o tiene que condenar a quienes tantas veces ha defendido. No me sentiría a gusto ni en su piel ni en su conciencia. Entre otras razones porque mis ojos sí están nublados por esos cuerpos dormidos y destrozados. Cuerpos benditos de guardias civiles y de sus familias. Entre ellos los cuerpos de cinco niñitas. Estoy esperando. No sé a qué, pero le espero, señor obispo. Ya sé que ha firmado con los otros dos prelados vascos una pastoral cansada de hábitos. Que vuelven a la pacificación negociación y búsqueda incesante de pactos. Ya no espero de su ilustrísima nada, indigno señor obispo. Alfonso USSIA EMILIO FERRARI 34 Tel 408 8967