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4 Ó ABC RELIGIÓN MARTES 8- 12- 87 El documento católico- ortodoxo destaca el deseo de unidad de ambas Iglesias Los problemas teológicos quedan encomendados a comisiones Ciudad del Vaticano. Miguel Castellví Con una solemne declaración conjunta en la que la Iglesia católica y la ortodoxa renuevan su compromiso en favor de la unidad y un propósito de Juan Pablo II y Dimitfios I de caminar juntos hacia la unión, terminó ayer la visita del patriarca de Constantinopla al Vaticano. Antes de dejar Roma, ei patriarca Dimitrios afirmó que la visita dará frutos riquísimos Rezaremos hasta e! fin de nuestra vida por la unidad de todos añadió. cuentros han puesto de manifiesto la unidad sustancial en materia de fe y sacramentos. La declaración común afirma que los documentos realizados por la comisión mixta ponen de relieve aquello que la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa pueden ya profesar juntas como fe común sobre el misterio de la Iglesia y la unión entre fe y sacramentos Y la diferencia de expresiones en la celebración de los sacramentos no son obstáculo sino que enriquecen la vida de la Iglesia y el conocimiento, siempre imperfecto, del misterio revelado Después de manifestar el deseo de que este diálogo fomente el mejor conocimiento mutuo entre católicos y ortodoxos, el documento pone de relieve que todavía perduran problemas que impiden la intercomunión. Por esto se pide al Señor que haga que se encuentren soluciones a las dificultades que impiden todavía la plena comunión que se manifestará en la concelebración eucarística La parte final del documento contiene un programa de colaboración conjunta en defensa de la paz y la justicia. Se habla de la defensa de la dignidad del hombre amenazada por la miseria, por la limitación a la libertad de las personas y las comunidades a vivir su fe y desarrollarse según su cultura, por la utilización y el tráfico de seres humanos para Luchar juntos por la justicia servir a las pasiones de los otros o haciéndoEl texto de la declaración conjunta se com- los esclavos de la droga por el racismo. pone de una primera parte en la que se pasa revista a las relaciones entre católicos y ortodoxos, una solemne renovación del empeño en favor del diálogo hacia ia unidad y una afirmación del propósito común de colaborar en favor de la justicia y la paz. No contiene novedades sustanciales ni tampoco hace aluCiudad del Vaticano. M. C. sión al problema del primado, que será abordado a nivel de comisión teológica. Monseñor Lefebvre ha hecho unas declaraPaso central del documento es la reafirma- ciones en las que ha manifestado su satisfacción del compromiso ecuménico. Renova- ción por el desarrollo de la visita del cardenal mos ante Dios- dicen Juan Pablo II y Dimi- Gagnon a Econe. Hemos convencido al cartrios I- nuestro compromiso común para pro- denal Gagnon de que no hemos hecho nunca mover en todos los modos posibles el diálogo cosas abominables afirmó el prelado tradide la caridad, siguiendo el ejemplo de Cristo cionalista. que alimenta a su Iglesia y la rodea de los En la entrevista publicada por el diario La cuidados de la caridad. En este espíritu, re- Stampa Lefebvre dice que espera que el chazamos cualquier forma de proselitismo, Vaticano nombre una comisión que estudie cualquier actitud que pueda ser vista como serenamente nuestros problemas y que le una falta de respeto. Esta última frase es es más fácil entenderse con Gagnon que con una concesión a los ortodoxos, que tienen Ratzinger. Gagnon es un hombre de formamiedo a una hipotética absorción. ción clásica, Ratzinger está lleno de buena Llamados a una sola esperanza- añade voluntad pero piensa que los tiempos han el texto- esperamos el día querido por Dios cambiado y que no estamos ya en la época en el que se celebrará la unidad recuperada de Pío X y ni siquiera en la de Pío XII en la fe y en el que se restablecerá la plena En la entrevista se muestra respetuoso con comunión por medio de una concelebración el Papa y no repite ninguno de los ataques de la Eucaristía del Señor. Se subrayan realizados en otras ocasiones, criticando en también los resultados positivos del diálogo cambio a los obispos que queman echarnos teológico ¡niciado después de la visita del de las iglesias, de los colegios, tratarnos Papa a Cosntantinopla en 1979. Estos en- como leprosos. El último acto del viaje fue la firma de la declaración ecuménica. Fue el Papa quien, con una nueva muestra de deferencia hacia su invitado, se desplazó hasta la Torre de San Juan en el Vaticano donde Dimitrios ha residido estos días. Allí, en una sala presidida por el escudo de León XIII se leyó el texto de la declaración en griego y francés. Por último Juan Pablo II y Dimitrios I pusieron sus firmas en el documento. El último abrazo del Papa al patriarca de Constantinopla tuvo lugar en la puerta de la Torre. Antes de subir al coche Dimitrios agradeció la hospitalidad y dijo al Papa que esperaba que pudiesen peregrinar juntos en el camino hacia la unión porque el camino compartido es más ligero y fructuoso La visita ha dejado una profunda huella en el patriarca Dimitrios. En el aeropuerto hizo unas declaraciones en las que manifestó su conmoción y alegría por todo lo que ha podido ver y vivir estos días. Esta visita- añadió- dará frutos riquísimos para la reconciliación y la unidad de las dos Iglesias hermanas y quedará grabada en la historia. Hasta el fin de nuestras vidas seguiremos rezando y trabajando para cumplir el fin querido por Dios de la unidad de todos dijo por último el patriarca de Constantinopla. Buena nueva ADVIENTO- IMBUÍ (III) Hay, es grave ignorarlo, en los medios menos creyentes un cierto rechazo (agresión en otros) al punto de la virginidad. Es muy posible que- ¿inconscientemente? -sea una actitud defensiva frente a una afirmación agresiva de una virginidad de connotaciones más fisiológicas que morales. Lo malo no es que así sea, lo malo es que de paso el rechazo alcance a lo que antes y principalmente significa la virginidad en la historia de la salvación cristiana. Me molesta que piadosos y maliciosos (quizá sean lo mismo) me pregunten si Mana fue virgen en el parto; contesto que no me preocupa, ya que, cualquiera que sea la respuesta, mi vida de fe y las exigencias del Evangelio y de la virginidad de María, no sufren alteración alguna cualitativa ni cuantitativa. Sé muy bien que jamás mujer alguna podrá imitarla en ese aspecto de la virginidad. Sé muy bien que ni el ser ni la misión de Jesús están supeditados a la forma de su nacimiento. Algo sí me preocupa: ¿por qué la teología y la enseñanza no sale al paso de esa pertinacia sexual y femenina de la virginidad cristiana? Quiero que mi reflexión nos ayude a tener otros pensamientos y otras exigencias (sin menoscabo de las dichas) cuando dirigiéndonos a Ella la digamos: Virgencita (o Madrecita que es lo mismo) de mi corazón. La virtud de la virginidad en la revelación cristiana apunta al corazón mismo de la fe; una fe que pone a la persona humana en una total disponibilidad para la acción graciosa de Dios; una fe que permite que el mismo Espíritu Santo pilote en solitario y con nuestro aplauso la nave de todas y cada una de nuestras decisiones. Mantener la exclusiva del Espíritu, no desfallecer nunca en la obediencia, mantener imperturbable la mirada interior, he aquí la virginidad. Viejas preocupaciones paradisíacas acentuaron en demasía una visión de la inmaculatez más como algo hecho que como algo sembrado. Los horrendos progresos de la detergencia aséptica nos hacen sentir cierta vergüenza de inútiles y tristísimas decencias. Decir que Inmaculada se reduce a pensar que alguien ha nacido limpio, vallado, inexpugnable, como si ya toda quietud hubiere de ser perfección y toda perfección asepsia, es invitación a irse o a desesperarse. Lo ejemplar es que usted, que yo, cualquiera, hoy mismo, ahora mismo, iniciemos una tarea inmaculatizante que algo en nosotros comience a ser pilotado por el Espíritu, que, al menos, de lejos y sin tope, podamos empezar a parecemos a Ella. María fue Inmaculada porque nada que pueda manchar la obediencia al Espíritu navegó en la mínima porción de su alma. Si vivir es navegar sin descanso, María tiene mucho que ver con nuestro adviento. Amén. Jaime CEIDE Lefebvre, considera al cardenal Ratzinger demasiado moderno