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GENTE Julie Delpy como pasión ARA ingratas, ella y su sombra. Apenas descubierta por Jean- Luc Godard en Detectives, se negó en redondo al Rey Lear moderno que le ofreció de seguido, seguramente para no educar en el capricho al padrino de la nouvelle vague y poder visitar al tiempo otros papeles menos académicos que los de Cahier du Cinema. Cuando la pasión se entiende con diecisiete años, el ángel motorizado que fue con Leos Carax se torna dulce fiera indómita a la sola propuesta de Bertrand Tavernier de conducir con la cámara la fascinante historia de Béatrice de Cortemart. Cuenta que la atrajo el primario influjo feminista que traspira la muchacha que habitó el legendario castillo del Langue d Oc. Una impávida niña cuyo padre no cree ya ni en la justicia de Dios ni en la de los hombres; odia el mundo, y la sola llama que continúa alumbrando en la opacidad de su universo es la fulgurante muchacha de la piel rosada que lo esperó hasta su vuelta. Pero ella lo matará. Evidentemente la gratitud de Julie Delpy goza dé parámetros propios y sobre todo ignotos para el resto de los paseantes de este mundo. Los meses de rodaje a la interperie, en un viejo castillo sitiado de grados bajo cero, han sellado en su frente el gélido tono de la escarcha, y la vaporosidad de la niebla vela desde entonces un rostro en que sólo se dibujan ya los restos de una merienda a base de frambuesas y pámpanos silvestres. Mi Béatrice es la antítesis de Ivanhoe- h a dicho con el descaro de los años- Nada de Hollywood, nada de melodrama. La quise ambigua, terca, como fiera, en absoluto amable, más bien soberbia. A veces incluso desagradable. Como yo. Y es ingrata- insolente generación ésta- hasta con Bertrand Tavernier (Alrededor de la medianoche) que le ha dado en La Pasión Béatrice la oportunidad jamás soñada. Pero también a los grandes hay que ponerles de vez en cuando los puntos sobre las íes y las comas en su sitio. Según ella Tavernier no sabe tratar cinematográficamente a la mujer o la trata de un modo imposible, espantoso. La mujer de entonces, Béatrice, es como la de hoy o la de mañana, capaz de levantar la cabeza por sobre las cicatrices. Hoy como ayer, se mantiene siempre más fuerte que el hombre Ahí es nada, diecisiete años y la pasión como coartada. Gratitud ¿para qué os quiero? Ramiro VILLAPADIERNA JUEVES 3- 12- 87 ABC 131 P