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JUEVES 3- 12- 87 OPINIÓN ABC 29 -Escenas políticas- MEDICA ció de las jornadas, se han revelado dos posturas: una de los administrativistas, favorable a la responsabilidad objetiva y directa de la administración hospitalaria, y otra de los civilistas, inclinados a la responsabilidad subjetiva y culposa. Ya se sabe, por evidente, que sin culpa no hay responsabilidad. Don Ramón López Vilas ha propuesto la admisión de una nueva categoría dogmáticajuridica, que sería el contrato de asistencia médica como contrato multiforme o unión de contratos, pues la vieja figura del contrato de arrendamiento de servicios ya es insuficiente para explicar la compleja relación médico- paciente. administración hospitalaria. Quizá a los usuarios de la Medicina les agradase más los puntos de vista del administra- tivista señor Muñoz Machado. Los médicos se inclinarían preferentemente por el señor López Vilas. Hasta el momento de redactar esta crónica hay empate doctrinal. No cabe, tal vez, despedir estas líneas sin dedicar una referencia al éxito de la organización, concretamente del Insalud y del coordinador don Diego Martínez Martín. Pero también sería injusto no recordar el papel promotor del Ministerio de Sanidad, y de su titular don Julián García Vargas, en el despliegue de esfuerzos intelectuales o consideraciones jurídicas sobre materia tan delicada como la que afecta a la responsabilidad penal de la administración hospitalaria. Esta mentalidad didáctica, aparentemente alejada de las inquietudes normales de un departamento requerido por la urgencia de la práctica cotidiana, introduce en la gestión del señor García Vargas un elemento diferencial que le sirve de ornato profesional y político en medio del fuego cruzado de las críticas habituales. Lorenzo CONTRERAS SOCORRO DE LATINES A sabía yo que la gramática de don Javier Solana iba a crear escuela. Desde que el señor ministro de Cultura revolucionó la Gramática y enseño en un discurso a decir catorceavo por decimocuarto, algunos batuecos de estos páramos le siguieron por los caminos de su predicación gramatical, y en la tribuna, en la radio y en la televisión empezaron a menudear los avos de la cultura socialista posmoderna en el lugar que antes correspondía a los ordinales. Lo que yo no me atrevía a sospechar es que en el pupitre de esa escuela gramatical de don Javier Solana se sentara párvulo tan distinguido como el mismísimo presidente del Gobierno, don Felipe González. La matriculación de don Felipe en esa escuela supone un espaldarazo definitivo a las revolucionarias teorías gramaticales de don Javier Solana, al mismo tiempo que se entierra nuevamente y en más profundos abismos a don Antonio de Nebrija, mandándole a los mismos palmos bajo las malvas que don Alfonso Guerra puso al barón de Montesquieu. Don Felipe González hablaba en el Senado. Se debatía el asunto de las autonomías y allí estaban algunos de los diecisiete presidentes de las diecisiete Españas en que tenemos dividido el país. El discurso del señor González fue breve, pero concluyente. Se levantó, dijo, sentó cátedra y se fue. O sea, que don Felipe habla asistido de la infalibilidad, y su palabra tiene la fuerza del dogma. El heresiarca que quiera discutir los dogmas felipistas, que los discuta; pero que lo haga en la soledad del error y en la contumancia de la herejía. Había comenzado el señor presidente una serie de adjetivos ordinales: primero, segundo, tercero, cuarto, quinto... veinteavo El Senado, Cámara Alta y solemne, estalló en risas. La ignorancia y el escaso aviso de los señores senadores no les permitía comprender que don Felipe González, lejos de resbalarse por el error gramatical hacia aquel revolucionario veinteavo se afiliaba públicamente a la moderna teoría lingüística de su ministro de Cultura. Echó el presidente por la sala una mirada de disimulada conmiseración. No quiso humillar Y ZIGZAG Ladrones de coches Existe un lugar en Madrid en el que los robos son especialmente frecuentes: el estacionamiento de la iglesia de Santa Teresa, en la plaza de España. Desde hace años se suceden las sustracciones de vehículos y objetos de su interior (radiocasetes) Y, por las características de los hurtos, se deduce que conocen su oficio y tienen bien estudiada la zona. A lo mejor es que hace falta un equipo de expertos para resolver la cuestión. A lo mejor. Decoro verbal Durante un debate celebrado en la Federación granadina del PSOE sobre el papel de la mujer en el partido, la socialista Mariló García Cotarelo se opuso a la creación de cupos mínimos de representación femenina por entender que prefiero que se me tenga en cuenta por mi cabeza y no por mi cono según palabras que recoge el diario Ideal de Granada. Decoro verbal se llama esta figura. Todo muy progre, muy liberado. t OVIDIO DESCÚBRALO ANTES DE Q l í SE LO CUENTEN. r CRFI RESTAURAÑTiT Edi Tone Europa- P. de! a Castellana 95 28046 Madrid TeL 45514 93- 16 95 u a tan nobles patricios con suerudición, y se corrigió, en un acto de humildad casi heroica. No veinteavo, sino veinte. Tampoco esta sublime muestra de ironía gramatical fue comprendida por el personal senatorial y distingutdos observadores. s I Un joven y atrevido senador, llamado Antonio Hernández Mancha, se permitió la insolencia de apuntar, desde su b a n c o al señor presidente, en un afán cavernícola de conservar los viejos, caducos y obsoletos usos gramaticales, nacidos sin duda de los privilegios ancestrales de la derecha española. Vigésimo, vigésimo apuntó el impertinente y deslenguado senador. Hubo un momento casi dramático. La respuesta del señor presidente podría haber sido contundente y aniquiladora. Resulta inútil querer modernizarles a ustedes, señores carcas de la derecha recalcitrante. Incluso en la gramática llevan ustedes un retraso de siglos. Ustedes todavía siguen anclados en Nebrija, cuando nosotros ya estamos en Javier Solana. Lejos de ello, don Felipe hizo otro acto de humildad. Sonrió y rectificó de nuevo: Vigésimo. Gracias. Hay gentes que merecen ser dejadas como cosa perdida. Predicar modernidad a los bancos de la derecha es como predicar en desierto. En otra ocasión del discurso, don Felipe hablaba de pactos Recordaba el señor presidente que los pactos deben ser observados, y en un alarde de erudición se dispuso a recordar la frase latina que enseñan los más sabios jurisconsultos, conocedores del Derecho Romano. Pacta sunt servanda Pero pronunciar esa frase habría supuesto también someter a los señores senadores a una cruel humillación. Se mordió la lengua, y dijo: Bueno, esto quedaría mejor en latín. No se encontraba en la sala del Senado don Alfonso Guerra. Don Alfonso, menos compasivo que don Felipe, hubiese acudido rápidamente con socorro de latines para el orador. Como cuando explicó en el Congreso que milite significa soldado y no tiene nada que ver con militante. M Jaime CAMPMANY