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Varios aspectos de la iglesia de Birnau am Bodensee, un buen ejemplo del arte barroco europeo Itinerarios artísticos Verano europeo del barroco 1988 STAMOS a fines de noviembre y los días son cortos y fríos. Nieva en Munich, y el tren que nos conduce al Vorarlberg, en Austria, atraviesa campos ateridos, pueblecitos que parecen encerrados en sí mismos. Atardece. A orillas del lago de Constanza todo es gris. Llueve tenuemente. La niebla difumina el paisaje y sólo se adivina que detrás de las laderas cubiertas de pinos están las cimas nevadas de los Alpes. La noche cae sobre las tersas aguas del lago envolviendo todo con la húmeda atmósfera en un profundo silencio. Nos encontramos en una región central de Europa entre Alemania, Austria y Suiza. En Lindau, el faro del puerto lacustre nos evoca la antigüedad romana. En la abadía cisterciense de Salem, rodeada de tierras de labradío y verdes prados, la organización feudal del territorio está todavía presente. La alegre iglesia de peregrinación de la Virgen de Birnau, en medio de colinas de viñedos, nos traslada, en cambio, al refinado y bucólico mundo del rococó. Desde la terraza sobre el lago que da frente a la fachada del santuario contemplamos, al otro lado del lago, la ciudad de Constanza. En días claros este belvedere debe tener una vista magnífica. No lejos de aquí, en Suiza, está también la célebre abadía benedictina de San Gall, uno de los centros espirituales más importantes de la vida monacal en Occidente. JUEVES 3- 12- 87 E ha tenido lugar una reunión de especialistas de Historia del Arte y expertos de turismo para tratar de poner en marcha el proyecto cultural de las Rutas europeas del barroco La cita era importante. La reunión había sido convocada por el Consejo de Europa, su director general de la Educación, Cultura y Deportes, el español José Vidal Beneyto, fue quien condujo las apretadas sesiones de trabajo que concluyeron con la decisión no sólo de establecer y fomentar en Europa una serie de itinerarios culturales bajo el signo y el lema del barroco, sino también proclamar, bajo el patrocinio del Consejo de Europa, el próximo estío de 1988 Verano europeo del barroco El día 5 de junio de 1988 será la fecha inicial de la estación dedicada a festejar un período artístico y cultural, cuya importancia histórica para Occidente es sólo comparable a la del románico y el gótico o del romanticismo. En la ciudad austríaca de Bregenz, situada sobre la antigua vía romana que conduce a Baviera, nos encontramos con una ciudad estival ahora enteramente dedicada a sus tareas comerciales e industriales. Con su antiguo reducto militar sobre una colina y su vieja iglesia sobre otra nos da la imagen de una población en la que la situación es pródiga en bellezas naturales. En el marco de esta región tan pintoresca y central de Europa, en el renacentista castillo de Lochau, Muy pronto en todos los periódicos y medios de difusión de masas figurará la noticia que convertirá el barroco en tema de actualidad. No cabe duda que su incidencia cultural fue enorme. Punto de unión de los diferentes pueblos europeos, el barroco recorre el continente de Este a Oeste y de Norte a Sur. Desde Polonia a Checoslovaquia hasta España y Portugal, y desde Hungría hasta Inglaterra, pasando por Austria, Alemania, Bélgica, Francia e Italia, el barroco repre- senta un momento de vocación universal. Movimiento cosmopolita, supo, sin embargo, preservar los rasgos diferenciales de cada país, incluso de cada región. Como muy bien se dice en la declaración de clausura de la reunión de trabajo convocada por el Consejo de Europa, el barroco fue un momento histórico transcendental, en el que los fastos de las Cortes reales y principescas, de los Papas y grandes prelados, las manifestaciones religiosas, las fiestas y los regocijos populares, tanto en las capitales como en el mundo rural sirvieron de conexión y puntos comunes de unión entre los distintos pueblos europeos. Otero Pedrayo, el patriarca de las letras gallegas, por igual conocedor de la cultura vernácula de su tierra que de la más acendradamente europea, dijo a propósito del barroco en Galicia, que había sido un otoño colmado y dorado. En el estío es cuando se recogen los frutos sazonados con los que, pródiga, nos regala la naturaleza. Para lograr un otoño de cosecha madura hace falta un granado verano. En los días luminosos, soleados y largos de la estación caliente, durante los meses de junio, julio, agosto y septiembre de 1988, Europa estará en fiestas. Este año, en todas las ciudades y lugares barrocos más prestigiosos se celebrará con todos los esplendores el Verano europeo del barroco. Antonio BONET CORREA ABC 21