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GENTE Fat City Poli cumple ENCHIDOS de pasión por la aventura, y orondos de banderillas, tortillas y cervecitas con que gentilmente nos había regaJado en su casa doña Antonia, la madre del campeón, dirigimos nuestras humanidades a los seis autocares que Poli Díaz y sus seguidores habían fletado para tan magna ocasión. El viaje a Palencia discurrió entre la proyección de Rocky, que provocó los vítores del personal. (Hay que mencionar que el cuñado de Rocky se llama Poli. Ya en la ciudad galletera, momentos antes de la velada que enfrentaría a la batidora humana con el panadero Ibáñez Arenas, nos encontramos con nuestro imbatido púgil, que, emocionado, al ver las pancartas de sus seguidores, nos decía: Estos son mis colegas; en su honor, ie doy a Arenas tres asaltos. Y así fue. Tras cinco peleas de aficionados (de todos, lo más era el sugestivo y duro Javi, una especie de portero de discoteca que lucía botas Luxuryy calzón negro arrebatador, a pesar de lo cual perdió a manos de un muchacho madrileño) apareció, a la americana, el rey de Palomeras, lanzando caramelos al público para celebrar su cumpleaños, mientras el presentador confesaba en alta voz que le faltaban palabras para expresar la magnitud del acontecimiento. Y así dieron comienzo los emocionantes siete minutos en los que la voraz persecución del campeón a su oponente dieron como resultado, por parte del aspirante, la escapada en el primer asalto y dos besos al tapiz en el segundo. El tercero conoció la clamorosa victoria del figura, tras un recio derechazo que dejó k. o a Arenas- más bien harinas- ante un Poli de rostro absolutamente inmaculado. Los coros no se hicieron esperar y el orfeón vallecano, con bombo incluido, cantó para su ídolo el Cumpleaños feliz, en tanto Mayka, la flamante novia del púgil, subía al cuadrilátero para adornar el júbilo. La familia de Poli, los punchmodernos y los ruidosos vallecanos no cabían en sí de gozo. Volvimos a la Villa y Corte sobre las cuatro de la madrugada, a tiempo para presenciar el fantástico combate por el título mundial entre Edwind Rosario y Julio César Chaves. Espléndido. Y una pregunta: ¿por qué, ya que ha estado un joven torero, no proponen a Poli para presentar La tarde en TV? Violeta CELA Poli, nuestro más firme candidato al título europeo de Actriz los ligeros, emocionó en Patencia Ricas y famosas H Orgullo de pantalón IEMPRE se ha dicho que el rompecorazones de nuestras fronteras es un hombre cargado de una serie de cualidades a las que difícilmente se puede penetrar siempre y cuando no se trate de agradar al susodicho en cuestión. Tenía fama de perdonavidas y de aventurero. Era lo que familiarmente llamamos un latin- lover. Era un Don Johnson con Levante como fondo. Pero como bien dicen por aquí, la fama no deja de ser un producto interior bruto en la que un buen asesor de imagen puede hacer auténticos milagros. ¡Cuántas veces hemos podido comprobar cómo el hombre de nuestros sueños, el príncipe de las mil caras era capaz de convertirse en el sapo más repugnante jamás creado con tan sólo tres palabritas de rigor o un amanecer sin preparar! Y es que ya está bien de cuentos malos o fantasmadas de rigor. Seamos se- S rios, El homo- sapiens, y en -Los cuentos de Martita Güiquén en Palencia ODO ocurrió cuando en la fiesta de Piluca se me acercaron dos niños inanes, pero verdaderamente inanes, para contarme cómo se habían buceado las Seychelles dos veces a pulmón libre, y luego me enseñaron un coralito, una auténtica birria de coralito que habían sacado del fondo. Fue entonces, y ante esa nimiedad, cuando me lo propuse: mañana, a Palencia en busca de la aventura. Y me fui a ver boxear a Poli Díaz. -Pero cuenta, cuenta... -Es que son tantas y tantas cosas, tantos y tantos recuerdos del ayer. El viaje en bus, atroz, aunque diver cuando todos comenzaron a cantar a coro con la madre de Poli: Mi Poli, mi Poli, mi Poli es no sé SÁBADO 28- 11- 87 T qué, como mi Poli no hay ninguno La ciudad de Palencia, encantadora. Toda, toda una avenida llena de mesones, aunque hija, no conocían el vodka, ni siquiera el smirnoff; y al otro lado, todo polideportivos (parecía nuestro colegio en pequeñito) y dentro, rugidos de hombres de verdad. ¡No me lo puedo creer! -Pero el verdadero flash fue cuando, en medio de un combate espeluznante, uno de los púgiles me lanzó, como cuando se brinda un toro, el protector de la boca. ¡No me lo puedo creer! -Hija, ¿estás cuelguis, o qué? Te lo juro por Snoopy. Entonces yo, supemervi, me levanté, alcé el protector, saludé al público, y se lo devolví. Pero ahora, en confi, te digo que me dio un poco de asco. Además, a ver con qué cara salgo en las fotos. ¿Y Poli? ¿Pudiste ver a Poli? -Hombre, claro. Cuando dejó k. o. a su adversario, su novia subió al ring a felicitarlo. Es alta, delgada y rubia, muy rubia, como una Barbie Superestar. Apelotante, chica. -Pues el próximo fin de semana yo también voy al boxeo. ¿A h sí? Pues yo creo que esta vez me iré con la pandi a Comillas, a recoger algas, que me hace muchísima ilu. Bueno, me voy corriendo a comprar un protector para enseñárselo esta tarde en Vips a esos idiotas. Marta MARAVER nuestro caso el macho ibérico, es un ser cargado de falsas ilusiones en las que, más por necesidad que por afición, se ha visto obligado a tener que recurrir a las socorridas recetas de abuela para autoconvencerse de que él es el que seduce y él es el que otorga. Y es en este justo momento, durante esta aureola de hombría, cuando aparece en escena ella. La mujer. La hembra que, siempre a lo callandito y chupando menos cámara, cierra los ojos en los momentos más importantes y recibe, con la mejor de sus sonrisas, los frutos de su inigualable macho. Todo un derroche de expresiones a las que ni Hitchcock tuvo acceso en ninguno de sus misterios, ni a las que fa cabeza de Richard Burton se libró de cargar la cornamenta. La verdad es que para ingenuos no hay quien los gane. A ellos. ¿O pensaron en algún momento que lo que aquí se afirma es la verdad y nada más que la verdad? ¡Faltaría nías! Con el trabajo que cuesta pasar por seducida, corrió para encima tener que vociferarlo. Pues no, hijos, no. Lo que creíais una conquista de vuestro esfuerzo no es más que el capricho de una nena, y la que pensabais la mejor de vuestras faenas no es más que un entrenamiento para la clase de aerobio. Y si no, preguntárselo a la parienta. Si es que os escucha, í Beatriz CORTÁZAR ABC 109