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GENTE y aparte La oveja negra La gemela ¿Cicciolina fuma? L A conocí en un pueblo de La Mancha con sabor a migas y torrezno, mirando, desde sus ojos de azul infinito, la luna helada al calor de la chimenea. Sus cabellos rubios, su cuerpo menudo y su túnica blanca llenaban la estancia de pureza. Me contó que en sus trances de hija del cielo veía el cuerpo desnudo de una muchacha idéntica a ella, con el rostro maquillado y la vulva de sus labios fingiendo sensaciones de placer entre osos de peluche y bananas tropicales. L todo empezó cuando, hacia el verano del 68, mientras los hoy ministros andaban de aquí para allá con sus trencas o empeñaban fas camisas azules en el Monte de Piedad, se aferró a la cotización segura de una secta cuyo misticismo podía poner en marcha la mente con control remoto. Así supo que la muchacha de los sueños completaba su vida, que hacía todo cuanto ella necesitaba para saborear el espléndido manjar del sosiego y las frutas apacibles de la meditación. Un día descubrió en una fotografía el contorno dulce, casi infantil, que conectaba con ella, y averiguó que la muchacha se llamaba Cicciolina y que se presentaba a las elecciones italianas como candidata del Partido Radical. Las visiones se convirtieron en pesadillas, en conexiones tortuosas plagadas de portafolios y subsecretarios, chanchullos varios y conversaciones banales a las orillas del bar. Probablemente el más duro tormento, el que empalidecía crecientemente el habitual color rosáceo de su piel, era el destinado a las charletas sobre el podio, palabras sin orden ni concierto, una detrás de la otra, cuya plasmación en la realidad se hacía imposible aun a riesgo de hacer estallar el cerebro. Alquien le informó que su hermana gemela, la portadora de éxtasis, venía a Madrid para ver si sosegaba a sus colegas con la contundencia de sus tiernas vibraciones. Afortunadamente no llegó a ocurrir, y la carga magnética del Congreso permanece con su recia costra de herrumbrosas radiaciones y disparos de la Guardia Civil. Nuestra heroína, por lo menos en La Mancha, seguirá siendo la única destinataria de tan fastuosa liberación adrenalínica. Sin interferencias. BRONCHALO GCHTISOLO 108 A B C A sociedad del jogging ha declarado la guerra a los fumadores. Somos los apestados de los recintos cerrados y los contaminadores de los espacios abiertos. Nuestros peores enemigos son, precisamente, los que han dejado el maravilloso vicio hace poco tiempo. Aún están enfadados con los aguijonazos de los acupuntores, el empacho de los caramelos de menta y el sablazo de todos aquellos que presumen de ser especialistas en la materia. Tampoco es para tanto. Como decía sir Winston Churchill, dejar de fumar es renunciar al espíritu de la convivencia, y si no dijo eso diría algo parecido, y además en inglés, lo que tiene más importancia. Da igual. El caso es que tenía toda la razón. El noventa y nueve por ciento de las veces- n o me lo neguéis- el pitillo, piti, pito- -con perdón- -o cigarrillo (acepciones reconocidas por cualquier diccionario de sinónimos que se precie) es la mejor forma de comunicarse. Si, por otro lado, consideramos Nadie había sabido fumar con tanto estilo como Lauren Bacall hasta que llegó Marta Barroso que, a pesar de la agresiva campaDeja de fumar, odia a los fumaña en contra, somos condenados a dores si quieres. Cómprate las zamuerte voluntariamente lo que a pas y atraviesa de norte a sur el propósito nos importa otro pito Parque del Retiro. Si te quedan- esta vez sin perdón- tenemos fuerzas, alquila una barquita en el asegurada la comunicación durante lago y rema con garra. Respira aire dos generaciones. Período en el puro, pota del plan y, si fumas, que pensamos vivir más- -aunque vota a Cicciolina. os cueste creerlo- los condenados a morir por tan placentera causa Marta BARROSO que nuestros codiciosos jueces. Cicciolina, mon amour E N su día, los bárbaros de Breno, tras saquear Roma a sangre y fuego, entraron en el Senado y, luego de acariciar con curiosidad sus luengas barbas, pasaron a cuchillo a los venerables padres de la patria que en tan noble foro discutían a diario sobre los problemas de la comunidad. Años después, Pavía, en sublime gesto daliniano, entró a lo Carudel en el vetusto edificio de la Carrera de San Jerónimo. Su sucesor en el tiempo. Antonio Tejero, fue a menos, y nos contentó (la verdad es que ya estábamos pasados de todo) con cuatro tiros al aire y un empujón a Gutiérrez Mellado ¡si Breno levantara la cabeza! Antes, Lenin ya había ordenado a sus marineros que apuntasen el cañón de los fusiles hacia las sienes de los diputados rusos mientras votaban democráticamete. Ahora, después de tales desmanes, nuestras Cortes tiemblan ante la posibilidad de que Illona Staller tome la palabra en el hemiciclo ante sus colegas cicciolinos con una dominga al aire. No están los señores diputados, por lo visto, para sustos. Hablaba el otro día el editorial de un periódico nacional de las abultadas ganancias económicas que le ha rendido a Cicciolina su condición de diputada. Pero ¿es que la inmensa mayoría de los políticos no se ha apuntado al carro de las listas electorales para poder vivir como ni los padres que les trajeron al mundo ni ellos mismos soñaron nunca? El nuestro ha dejado de ser el país de los cesantes sólo desde el momento en que cambiar de partido se convirtió en recomendable deporte nacional. Les parece un insulto intolerable a la soberanía popular el que una diputada vaya Por una cuestión de gloria nacional, Bibí debería recoger el guante deXicciolina por ahí aireando las mamas, pero lo de aumentarse los sueldazos y concederse pensiones vitalicias no les produce el más mínimo sonrojo. Illona Staller dijo también, en su momento: Soy inmoral en público y moral en privado, al revés que Gary Hart. Lo curioso es que ha asumido su papel de Cicciolina con tal intensidad (al igual que Bela Lugosi se dejó morder por el Drácula al que daba vida en la pantalla) que dudamos que pueda ya hacerse ningún tipo de distinción entre la actriz y su personaje. Pero esto es propio de la sociedad del espec- táculo en que nos hallamos todos inmersos, en la que, por lo visto, una imagen vale más que mil palabras. Lo único que me avergüenza de todo esto es que tenga que ser una extranjera la que escandalice a nuestros proceres (como si fueran europeos) Porque, en días como estos, en los que el travestismo político hace estragos, a un Parlamento en el que los enormes discursos de Prieto han sido sustituidos por un Rupérez pidiendo árnica, quien debería entrar a saco es una gloria nacional, y no foránea: ahí está Bibí Andersen para recoger el guante de Illona Staller. Y los parados para, cual bárbaros de Breno, seguirla, antorcha en mano, en una gigantesca revuelta de gladiadores que luego el nefasto sentido común de las urnas se encargaría de ilegitimar. Joaquín ALBAICIN SÁBADO 28- 11- 87