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I i CCIOLINA ad portas! Ahí es nada: luz y taquígrafos para una diputada corita. Los gansos del Capitolio han dado la voz de alarma, y nuestros (bragados diputados, al oír el gasneo, han hecho sonar el cuerno de la emergencia, resolviendo impedir la entrada en el hemiciclo a la laureada matrona romana. Oirán que, siendo madre la palabra más hermosa, si se la conchaba con la política, les sale una suegra, y tampoco es plan. Eso si, no parecen muy animados a usar la razón de la fuerza, o sea, el rodillo, entre otras cosas porque la mayoría ya no cuenta con señorías de la corpulencia de don Gregorio Peces- Barba o de don Nicolás Redondo para ponerlos en las puertas a modo de traviesas. Por una vez el portavoz de la mayoría ha recurrido a la fuerza de la razón, proclamando que el Parlamento no está para participar en las promociones artísticas de nadie Eso es verdad; no hay más que ver el poco aprecio que durante estos años ha despertado en los escaños el extinto y noble arte deja elocuencia. Ahora, en está ocasión se han equivocado. No por haberse echado atrás, cuando en este caso lo natural es echarse ajante, sino porque han confundido el vicio democrátjco, que es lo que representa Cicciolina, con la democracia viciosa, que es con lo que nosotros hemos de pechar aquí a diario, aunque, bien mirado, resulta natural la reacción de sus señorías. Acostumbrados durante una década a las copiosas ubres del Estado, la pechuga de Cicciolina tes sabe a poco. Sin embargo, la pechuga es a la democracia lo que la balanza es a la Justicia. No se concibe una expresión más saludable de la democracia que la de un pecho glorioso y maternal. ¿Acaso no reparó Churchill en que la democracia sólo consiste en que llamen a la puerta a las seis de la mañana y sea el lechero? Claro que, si hay que abrir la puerta a las seis de la mañana, al poner el ojo en la mirilla uno preferiría descubrir el dulce seno de Cicciolina a darse de bruces con un repartidor malencarado y con barba de dos días. En fin, allá sus señorías con sus manías, aunque hubiera sido divertido, en un Parlamento dedicado exclusivamente a la contemplación, ver a Cicciolina en el estrado haciendo el balancín, con las carmelonas rabiando de envidia, y con los maruganes aupándose en sus escaños para no perderse el mamoneo, aun a riesgo de quedarse ciegos, como Peeping Tom, el ladino sastre de Coventry que osó mirar Iqs resplandores de lady Godiva. Ignacio RUIZ QUINTANO SÁBADO 28- 11- 87 C Lactantes ina ni el caballo de Pavía. Es Kim Novak en papel de Lady Godiva, o como debería presentarse Lina Ortas en la próxima reunión dei Congreso Disputada Cicciolina NA de las cuestiones que se puede plantear el ciudadano de a pie cuando ve en la televisión imágenes del Parlamento y contempla a los señores diputados durmiendo a pierna suelta, es si detrás de esa bendita trasposición se esconden sueños eróticos. ¿Es posible que, mientras suena la monótona voz del señor Peces- Barba y al parlamentario le entra la modorra después de la comilona en Zalacaín, acabe pegando el ojo y en esa liberación del inconsciente sueñe con la señora García Bloise en deshabillé de lencería fina cantando, cual Rosa Velenty, aquella coplilla de Aquí te ofrezco el higo, que es fruta muy jugosa poniendo morritos? No dejan entrar a Cicciolina en el Congreso y dejan entrar a Tejero. La política siempre ha sido la ne- U gación de todo lo deseable. Uno de los mejores gestos que tuvo el difunto Tierno Galván fue la de echarse una buena dormida la noche en que toda España estuvo en vela. Quizás durante esa larga cabezada soñó con la pechuga de Susana Estrada, sabiendo, como buen neoplatónico, que puestos a elegir es siempre mejor una señora cañón que el cañón de un pistola. Es difícil pensar en Lina Ortas convertida en Lady Godiva, por más que se deje crecer el pelo en peinados estratosféricos. Por ahora, el Palacio de las Cortes sigue siendo escenario del muermo, y entre tanta telaraña vendría de perlas la presencia refrescante de la señorita liona Staller. En un sistema en el que todo se esconde y se cubre de tupidos velos, está bien que alguien por lo menos se destape. Mejor enseñar las vergüezas que hacer credo de la sinvergonzonería. Negarle la entrada en el hemiciclo a Cicciolina diciendo que J viene a dar el espectáculo con fi- nes comerciales y no a hacer política es una sandez, porque bien sabido es que dedicarse a la política no es otra cosa que dar la nota y sacar tajada. De la erótica del poder al poder del erotismo hay sólo un ridículo abismo que pocos se atreven a saltar. Pero entre las dos opciones, cualquiera con sentido común seinclina por la segunda. Debemos disputar con Italia el ciciolinismo. Jorge BERLANGA Cicciolina ad portas! Jorge Berlanga Guillermo Fésser Luis Escobar Joaquín Albaicín Juan Luis Cano Montesol Marta Barroso Beatriz Cortázar Maribel Verdú Violeta Cela Marta Maraver Rosy Von Dona ABC 105