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XVI ABC ABC Hiera río La última palabra 28 noviembre- 1987 1 hombre más depravado del mundo P ERTENECE a los primeros meses de 1895 la jornada en que Osear Wilde y lord Alfred Douglas pasean por las calles londinenses camino del club Albernale. La pareja de amigos ha regresado, hace poco, de un viaje a Argel y es famosa (juntos y por separado) en los ambientes más sofisticados de Londres, y en los más rastreros. Poco después lo será también en los Tribunales. Osear Wilde tiene treinta y nueve años y sus obras teatrales han obtenido ya un resonante éxito tanto en Inglaterra como en Norteamérica. Sarah Bemhardt ha estrenado su Slome en París y su aureola de autor famoso se ha acrecentado con la publicación de tres libros de narraciones (The Happy Prince, Lord Artur Sevile s Come, The House of Pomegramates) y una novela de gran resonancia: The Picture of Donan Gray. Dotado de extraordinario ingenio, considerado el mejor conversador de Inglaterra en extremo elegante y de muy medida extravagancia exuberante y exquisito, disgusta profundamente a ciertos sectores de la sociedad puritana de la época que, si bien aplauden sus comedias, aguardan el momento propicio para intentar apagar y oscurecer el esplendor de Wilde, tachado de decadente por sus teorías estéticas, que, siguiendo las de Ruskiri, se rebelan contra la fealdad y la inhumana sordidez del capitalismo industrial. Sus comedias divierten a estos sectores de una sociedad hipócrita y vengativa, pero hay algo en ellas- l a base del futuro teatro del absurdoque les desconcierta y, aunque celebran el incisivo ingenio del autor, no olvidan que se trata del mismo que ha dado a la Prensa un ensayo titulado The Soul of Man under Socialism (editada en castellano por Tusquest Editor, que, recientemente, ha publicado las Cartas a lord Alfred Douglas, de Wilde, en cuidada edición de Luis Antonio de Villena) y dirige The Woman s Worl, revista de marcada tendencia feminista. Lord Alfred Dougjas, el acompañante de Wilde, camino del club Albernale, en esta jornada de 1895, es hijo del marqués de Queensberry y de lady Sybil Montgomery. Tiene veinticinco años, y casi nada más, excepto un físico de notable belleza y el diminutó cariñoso que le nombra desde su infancia y que corresponde a su comportamiento habitúa Bosie, combinación de boysie niñito y de bossy dominante tirano En ninguna de las obras de Wilde abandona Fortuna a un hombre tan bruscamente como ahora a él, ni lo deja tan aturdido e indefenso ante un destino tan absurdo como inesperado: la tarjeta que le entregan al llegar al club Albernale contiene un mensaje muy breve To Osear Wilde, posing as sodomite y es el marqués de Queensberry, el padre de Bosie, quien lo manda. Las insensateces cometidas por Wilde se sucederán en cadena tras caer en la primera no romper la tarjeta y olvidarla, ni, sobre todo, mostrársela a Bosie. Sin embargo, hace todo lo contrario, y en el instante en que lord Alfred Douglas comienza a leer la nota paterna comienza, también, la espectacular caída de Osear Wilde. Cómo puede cometer la torpeza de entablar querella contra el marqués de Queenberry resulta inexplicable, pues, por supuesto, no constituyó ninguna proeza, para el padre de Bosie, demostrar que no mentía al llamar sodemite a Wilde; contó con las declaraciones (algunas falsas) de una serie de testigos, pederastas profesionales en su mayoría, que no dudaron en confirmar la homosexualidad de Wilde. El juicio se inicia el 3 de abril de 1895, y el día 6 Queensberry es declarado inocente, al tiempo que se dista orden de arresto contra el escritor, que queda detenido en la cárcel preventiva de Holloway. A partir de este momento los acontecimientos se sucederán según una implacable fatalidad a la que W lde se entrega sin la menor resistencia, negándose a. aprovechar las facilidades que le ofrecen sus amigos, para salir de Inglaterra, obstinado en llegar al final de esta pendiente por la que las layes y la moral de su época lo han precipitado. El día 26 de abril de 1895 comienza el juicio más famoso de los Tribunales ingleses y al cabo de un mes se dicta sentencia. Acusado de ofensas homosexuales, Osear Wilde es condenado a dos años de trabajos forzados. El juicio se ve rodeado del más nefasto sensacionalismo. La Prensa británica se pronuncia a favor de la condena contra Wilde. En ías calles de Londres se venden panfletos contra el escritor y nace la costumbre, que perdurará largos años, de insultar con el grito de ¡osear! a los hombres de pelo largo o de maneras afeminadas. Un ataque profundamente reaccionario y represivo cae sobre los homosexuales. Llega a decirse que los trenes van repletos de homosexuales que salen precipitadamente de Inglaterra para refigiarse en el Continente. A petición del marqués de Queensberry, que exige el pago de las costas del juicio, Wilde es declarado en quiebra y su casa y sus bienes pasan a remate público. Su esposa, de quien está separado desde hace años, se ve obligada a huir con sus hijos. Sus obras son retiradas de los teatros y sus libros desaparecen de la circulación. La desmesurada sentencia y la dura campaña de Prensa (se le denomina el hombre más depravado del mundo ocultan razones nunca explicadas. Se habló de que, durante las investigaciones en torno a Wilde, los nombres de primer ministro lord Rosebery y el del general lord Kitchner aparecieron unidos a los de otros homosexuales, y que se utilizó a Wilde como cabeza de turco. Súmese a lo anterior la despiadada caricatura de las clases dominantes en las comedias del escritor y sus acidas críticas contra la opresión y el innoble quehacer de la Justicia. Sea por una causa o por otra, Wilde pasó de la cárcel de Holloway a la de Wandworth y, después, a la de Reading, donde permaneció dos años en pésimas condiciones. De nada le sirvió ser uno de los autores más afamados de su tiempo. Cuando George Bernar Shaw intentó organizar una campaña para mitigar la condena de Wilde, fracasó: no sonsiguió ninguna firma de renombre para la- petición, sólo la de un socialista y la de un catedrático de Historia de Oxford. Y debió pasar más de un año hasta que los amigos de Wilde consiguieron, aprovechando el cambio de director de la cárcel de Reding, que Wilde fuera liberado de los trabajos forzados y pasara a encargarse del cuidado de la biblioteca y del jardín. A lord Alfred Douglas. Prisión de Su Majestad. Reading. Enero- marzo, 1987. Querido Bosie... Así comienza la larga carta que Wilde escribe, desde la cárcel, a su amigo y que con el título de Epístola: In Carcere et Vincutís De Profundis se publicó, expurgada, en 1947, e íntegra, en 1962. En ella da cuenta Wilde de la relación con Bosie, analiza detenidamente la desdichada amistad que provocó mi ruina así como el comportamiento histórico, egoísta, infantil y déspota del joven. De Profundis (cuyo manuscrito mandó Wilde a su amigo Robert Ross) constituye un largo ajuste de cuentas a Bosie, quien no sólo indujo a Wilde a querellarse contra su odiado padre (Wilde confiesa que accedió a ello sólo para complacer al joven) sino que incumplió la promesa de que correría con los gastos del juicio sólo por el gusto de ver al padre en el banquillo de los acusados Osear Wilde murió en noviembre de 1900. Tres años antes había recobrado la libertad, pero ya sólo le sirvió para beber, enfermar, constatar su ruina y marchar a París. Según su amigo Robert Ross, Wilde era una sombra dé sí mismo, el fantasma perdurable de una vida Y este fantasma, como supondría Auden años después, no lamentaba haber conocido a Bosie. Ni haberle amado. Aun a cambio de llegar a la muerte con el corazón destrozado. No en vano había sido el propio Wilde quien escribió que el corazón ha sido hecho para ser destrozado Ana María MOIX V.