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XII ABC ABC Üícra río- Nóvela 28 noviembre- 1987 El bosque de la noche Djuna Barnes Barcelona, Seix- Bcimrf 1987. ¡92 páginas. 875 pesetas Alhambra y los tuchas Jesús Sevilla Lozano Editorial Certamen Colección Novela. 229 páginas El autor subtitula su novela Una historia, de maquis Que es el fundamento del relato: los maquis en los montes y proximides de la Mancha; pueblos y comarcas, refugios clandestinos. El alma geográfica- del relato es la localidad de Alhambra, pueblo de la provincia de Ciudad Real. El ambiente de pueblos, lugares, plazas y calles sea, quizá, el decorado más conseguido del escritor, doctor Sevilla Lozano, quien penetra con unos especiales conocimientos en el inquietante mundo de los maquis; descubre sus personalidades, analiza sus estilos, refleja con exactitud la desconcertante vida de estas bandas que, si en un principio se movían y actuaban por móviles políticos, más tarde degeneraron las combativas ideas para convertirse en grupo; los grupos, en delincuentes comunes, vulgares ladrones y feroces asesinos. Al respecto es espeluznante- descripción descarnada, sin piedad alguna- la terca persecución y muerte de los frailes pasionistas, sin que el escritor omita detalle por cruel que sea. Pero así es la guerra y así se cuenta la historia para conocimiento del presente y del futuro. Y el. escritor domina el arte de descubrir situaciones no solamente sangrientas, sino también de amorosa bondad, de divergentes conciencias, de existencias apasionadas o vulgares. Se refiere al pueblo de Alhambra y, con sencillez, escribe: Todo el trabajo y la alegría de recoger la cosecha se concentra en las eras, situadas a las faldas del pueblo y rodeando como una corna de mieses amarillas la laderas del Cerro. Sólo quedan algunos viejos... Época del relato, 1939, 1942. Entre la dura historia que nos relata Sevíla Lozano se estremecen telarañas de sensible bondad narrativa. Aparece el hombre, psicológicamente tratado, desde un punto de vista humano y real. Y el mundo del hombre. Y el estilo peculiar y ancestral de la Mancha, tan llena de historia, de literatura, de paisajes, de amor y desprecios. El autor ponetra por rendijas de un tamaño muy personal para acercarnos hechos del día, personajes broncos, figuras ignorantes, también desalmados sujetos que no respetan la más elemental ética. Inmensa galería de personajes con indicación de antecedentes familiares o profesionales. El olor del campo manchego a veces es penetrante y evocador e invita al enamoramiento o la nostalgia. Los capítulos del libro, en sus enunciados, descubren en exceso lo que luego llevan dentro. El ágil escritor abusa de los imperfectos términos coloquiales, lo cual elimina claridad a la narración. Ello es incómodo. ¿Que así se habla en la Mancha? Indiscutiblemente; pero la literatura de. hoy ha de superar tales modo en beneficio del libro y del lector. Ello no obstante, la obra, en general, goza de creciente interés y de muy esti- mables formas narrativas. El poeta José López Martínez escribe un admirable prólogo. José Luis MARTIN ABRIL En un ámbito donde la literatura se hace cada vez mayor mercancía, y donde hasta a los autores de élite no parece escocerles caer, de cuando en cuando, en el best- seller; en un cotarro donde tantos se afanan por gozar del pináculo (y en todo ello hay luz y sombra) vienen bien, es refrescante y sano, hallarse con un gran raro: Alguien que aspiró a la litertura y a la vida- ambas con paralela plenitud- sin preocuparse demasiado por las ventas o los escalafones. Alguien aristocrático en sí, importante, elegante, marginal o marginado. Y eso fue- durante mucho tiempo- la escritora norteamerican Djuna Barnes (1892- 1982) vinculada por muchos motivos, la generación perdida, pero que supo perderse bastante mejor que sus compañeros. Djuna- joven, distinguida, lesbiana, muy consciente de su ser femenino y hasta de su belleza- vivió como periodista en Nueva York, durante la década de los diez, escribiendo artículos, cuentos y algunos poemas, que tardarían luego mucho en volver a leerse. Dé entonces data su primer libro (que unía verso y prosa) y que pese a lo enigmático o provocador del título, pasó inadvertido para la crítica: El libro de las mujeres repulsivas, de 1915. Unos años después (1919 ó 20, la autora nunca fue explícita en la fecha) marcha a París, como tantos norteamericanos del momento, donde su vida se convertirá en un fuego caudalmente intenso. Frecuenta ahí- aunque con reservas- el mundo de los literatos exiliados anglosajones; se relaciona con un grupo de lesbianas cultivadas y ricas, protegido por millonarias y por el célebre Natalie Clifford Barhey- La Amazonay se pierde por los cafés, en un tipo de bohemia donde el lumpen se mezcla con el oro, y el orbe nocturno y los amores prohibidos con la mejor literatura inglesa del momento. Djuna Barnes vivirá en ese París (con algunos viajes a la Europa central) hasta 1941. Y allí escribir, en medio de una vida oscura y brillante, lo mejor y casi la totalidad de su obra. Desde la novela Ryder o El almanaque de las damas (ambos de 1928) hasta el hermoso libro de relatos, Una noche entre los caballos (1929) que corregirá después. Y, naturalmente, su obra mayor, Nightwood (El bosque de la noche) que merecerá un prólogo de T. S. Eliot, y que será considerada (en Inglaterra, más que en los Estados Unidos) una de las mejores novelas del siglo. Tras su retorno a Nueva York, Djuna se enclaustra, publica sólo una obra nueva, la tragedia en verso The Santiphom (1958) y aunque su fama entre las minorías crece y crece, es vieja y está sola, apenas sale, y su vecino debe gritarle de cuando en cuando: jDjuna, ¿estás viva? El bosque de la noche, editada por vez primera en 1936, se reputa como su obra por excelencia. Se trata, inicialmente, de una novela lírica, donde unos personajes extraños y fantasmagóricos (que habitan el mundo decadente y ajado de la Viena, París, o Berlín de los treinta) inician un alucinante viaje al fondo de la noche, que aquí significa anhelo de comunicación y amor- todo tipo de amor- pero también destrucción ante la incomunicación, odio a los semejantes, pasiones bajas que se anudan con la nobleza del alma, y siempre un vértigo absurdo y vital, arropado en una prosa deslumbrante y en una forma de contar (fragmentada y con frecuentes soliloquios) que hizo del Bosque de la noche, para muchos, una nueva experiencia narrativa, cercana (pero lejana, asimismo) a Joyce- que fue amigo de la Barnes- y un texto con ecos, sino otra cosa, de las sentinas, más queridas del surrelismo. Presididos por el presunto doctor irlandés de labia abundosa y fascinante, los personajes de El bosque de la noche son seres vivos, náufragos, ambiciosos, sedientos, hundidos en el vivir y ebrios absolutamente de sus totales vapores. El bosque de la noche (en el que otros quisieron ver la transposición objetiva del gran y tromentoso amor a Djuna en esos días, Thelma Wood; bosque es la traducción del apellido) es un descensus ad inferos- emparentable con Célime, mejor que con Joyce- pero dotado de una belleza cautivadora por su calidad al mismo tiempo que por su rareza. Cuando uno lee El bosque de la noche (cuya primera edición en castellano. apareció en 1969, de ¡a buena mano del argentino Enrique Pezzoni) la sensación que queda es, obviamente, la de un deslumbramiento, pero el fogonazo experimental, lírico, caudaloso, pesimista, mórbido) lo es de luz negra. Es un libro importante, alto, de resplendor, pero siempre de hondón y averno; que uno querría pensar seguirá en manos de la minoría inmensa. Luis Antonio DE VILLENA POS LA NOVELA MAS DIVERTIDA Y AUDAZ de Publicada por EDITORIAL ALHAMBRA