Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
VÍÍI ABC 28 noviembre- 1987 Posible situación económica de nuestros nietos M I objeto en esta conferencia no es tanto examinar el momento presente como, prescindiendo de perspectivas limitadas, dejar a la imaginación tomar vuelo hacia el futuro. ¿Cuál ha de ser, lógicamente pensando, el nivel de nuestra vida económica dentro de cien años? ¿Cuáles han de ser las posibilidades económicas que aguardan a nuestros nietos? Hay indicios de que los cambios técnicos tan revolucionarios que hasta ahora han afectado principalmente a la industria no tardarán en influir poderosamente en la agricultura. Acaso estemos en vísperas de adelantos tan notables en la producción de sustancias alimenticias como los habidos en las manufacturas y transportes. Dentro de muy pocos años es posible que podamos realizar todas las operaciones agrícolas, mineras y fabriles con una cuarta parte del esfuerzo humano a que estamos acostumbrados. Todo ello quiere decir que al cabo la Humanidad está resolviendo su problema económico. Me atrevo a predecir que en los países progresivos la norma material de vida, dentro de cien años, estará entre cuatro y ocho veces tan elevada como actualmente ¿Será en su beneficio? Por poco que se estimen los verdaderos valores de la vida, hay que reconocer que la perspectiva presenta, por lo menos, una posibilidad beneficiosa. Sin embargo, asusta pensar en el trastorno que originará al hombre normal el tener que desechar en el curso de unos cuantos decenios los hábitos e instintos con los que se ha venido formando su carácter desde un sinfín de generaciones Por primera vez desde su creación el hombre se encontrará cara a cara con su verdadero y constante problema: el de saber cómo ha de emplear el tiempo libre que le habrán proporcionado la ciencia y el interés compuesto para vivir con agrado y prudencia, gozando de su libertad al no verse apremiado por perentorias preocupaciones A mi entender, no hay nación alguna que pueda vislumbrar sin temor esa edad de ocio y de riqueza. Porque son muchos los siglos que nos vienen enseñando a luchar, y no a disfrutar. Para el hombre normal y desprovisto de talentos especiales, es un conflicto angustioso el de encontrar una ocupación que le distraiga, sobre todo si ya carece de arraigo en la tierra o en las costumbres castizas de una sociedad tradicional. A juzgar por la conducta y los hechos de las clases acaudaladas de hoy día en cualquier parte del mundo la perspectiva no es nada halagüeña Durante muchos siglos todavía imperará el viejo Adán con tal fuerza en nosotros que cada uno sentirá la necesidad de algún trabajo, para su satisfacción. Nos dedicaremos a los detalles de la vida diaria con más afán que el rico de hoy día, dichosos de tener pequeños quehaceres y obligaciones. Pero, además de ello, procuraremos repartir las pocas tareas que queden, lo más equitativamente posible. También en otros sentidos nos aguardan cambios muy profundos. Cuando la acumulación de la riqueza ya no tenga gran importancia social, surgirán ineludibles modificaciones en el código moral. Podremos librarnos de principios seudo- moralistas que desde doscientos años han constituido nuestra pesadilla y que nos han llevado a exaltar el rango de virtudes algunas de las menos apetecibles cualidades humanas Preveo una Humanidad en libertad de volver a ciertos principios básicos de la religión y la virtud tradicional, para quien la avaricia sea un vicio; la práctica de la usura, un delito; el afán del dinero, detestable, y que opinará que los que menos piensen en el día de mañana son los que caminan por la senda verdadera dé la virtud y la sabiduría. Nuevamente estimaremos el fin como superior a los medios, prefiriendo el bien a lo útil Pero ¡cuidado! Ese momento no ha llegado todavía. Durante otros cien años, por lo menos, tendremos que engañarnos, fingiendo a los demás que lo bonito es feo y lo feo es bonito; porque lo feo es útil y lo bonito no lo es. La avaricia, la usura y la previsión tienen que ser nuestros dioses durante algún tiempo todavía. Porque sób ellos pueden sacarnos del túnel de la necesidad económica a la luz del día J. M. KEYNES Un Dalí que anunci isotta, un Benjam trando una nueva ro y yo, un manuá y un divertido Pe Cocteau- ade. rr tractos de las c a nunciadas por nes en la Resi buenos ejemplc de los persona dían a la J