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IV ABC ABC Üfcra? io 28 noviembre- 1987 Barjau elucida las daves de ambos poemaríos, que en cierto sentido se complementan. Si el ciclo elegiaco intenta articular la aventura de la interiorización de la realidad entera el sonetario canta todo cambio que se dé en la Naturaleza Dos clases de transformaciones con una base común, pues Orfeo canta a las cosas y las integra en lo invisible. Pero el estilo es muy distinto: tenso y solemne en las Elegías; dinámico y gozoso en Los sonetos. En la traducción, Barjau ha optado por la más cuidadosa literalidad que es criterio, en su opinión, adecuado para verter la poesía conceptual rilkiana, en la que los valores lingüísticos no pasan casi nunca a primer plano No discuto la entidad de sus argumentos, y soy, por otra parte, consciente de los errores que pueden cometerse cuando el traductor se fuga del texto. Ahora bien, estoy convencido de que la traducción de poesía ha de conservar no sólo el sentido literal, sino también la energía poética del original. El camino elegido por Barjau si es impecable en cuanto al significado estricto ya lo es menos a veces en to que se refiere al significado poético. Por ejemplo, para el comienzo de la Elegía I, él da: ¿Quién, si yo gritara, me oiría desde la jerarquía de los ángles, y aún en el caso de que uno me cogiera de repente y me llevara junto a su corazón: yo perecería por su existir más potente... La discutida traducción de José María Valverde (1967, con revisiones para las Elegías en 1980) ofrece: ¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los coros de los ángeles? Y si uno de repente me tomara sobre su corazón: me fundiría ante su más potente existir... Y Bermúdez Gánete (1984) vierte así: ¿Quién, si yo gritara, me oiría desde tos coros de los ángeles? Y aún suponiendo que me apretara uno de ellos repentinamente contra su corazón: me extinguiría a causa de su más poderosa existencia... que es sin duda uno de los más sugestivos capítulos de nuestra historia poética- cultural. Por citar las últimas referencias, valgan el Rilke, de Federico Bermúdez Cañete (1984) la Teoría poética de Rilke, debida al mismo estudioso, y las Cartas francesas a Merline (1987) Como corolario de un año tan rilkiano aparece esta versión de sus obras mayores, en edición de Eustaquio Barjau. El editor cree que un factor que pudo propiciar la activa recepción de Rilke en la posguerra española fue la menesterosidad de la época. ¿No es él el poeta en tiempos de miseria, según el célebre estudio de Heidegger (1946) Es posible que fuera así. Lo que sucede es que aquellos años pasaron y, sin embargo, la penetración rilkiana no ha cesado y los rilkistas españoles continúan afinando y profundizando en el gran corpus poético. Seguramente porque las propuestas de Rilke eran válidas entonces y lo siguen siendo ahora: la menesterosidad, en los términos heideggerianos, dista de haber desaparecido, aunque hoy nos llegue exenta de la retórica existencialista. La aventura poética de Rilke no ha perdido hoy ninguna de sus virtualidades. Fue hasta cierto punto sorprendente que no dejara de actuar sobre las minorías- -en poesía no hay otra cosa- en los momentos más álgidos del realismo. Neruda había anatematizado el rilkismo con su contundencia habitual, incluyéndolo en la más rancia literatura de la burguesía agonizante: Qué hicisteis vosotros, gidistas íntelectualistas, rilkistas pálidas lombrices del queso capitalista? Las oligarquías Canto general, V) Esa permanencia demuestra que los gustos no son nunca tan rígidos como la atención a las modas o a la actualidad permite suponer. Con los supuestos estéticos ahora vigentes, el logrado rilkiano está más vivo que nunca, sobre todo el de este Rilke final, que es el que ofrece esta edición: lírico arrebatado, que hace del canto mismo la finalidad de su poesía, pues cantar es existir Fueron, en efecto, estos poemas la gloriosa culminación de su carrera literaria, aunque eran el resultado de un largo proceso de gestación. La primera elegía se escribe el 21 de enero de 1912, cuando el poeta, paseando por el castillo de Duino, en el Adriático, oye una voz interior que le dicta el célebre arranque: ¿Quién, si yo gritara, me oiría desde los coros de los ángeles? Esa noche termina la elegía y semanas después redacta la segunda, además de los comienzos de la tercera, la sexta, la novena y la décima; en 1913 concluye la tercera y en 1915 la cuarta. Pero a partir de este momento la fuente parece secarse y pasarán seis años, hasta que en febrero de 1922, recluido en el castillo de Muzot, en el Valais, estalla la tempestad. Entre el 2 y el 5 y el 12 de febrero había escrito los veintiséis primeros de los Los sonetos a Orfeo; el 7 compone la séptima elegía; el 8, la octava; el 9, completa la sexta, y el 11, acaba la décima. (Todavía el 14 elabora una nueva versión de la quinta. Por eso, él 11 de febrero dirige dos cartas gozosas, y muy similares, a las dos mujeres que tanto le ha- c ONTINUA la boga dé Rilke e n España, Elegías de Duino. Los sonetos a Orfeo Rainer María Rilke Edición de Eustaquio Barjau. Cátedra, Madrid, 1987. 217 páginas. 795 pesetas bían apoyado en la empresa creadora: la princesa Mane von Thurn und Taxis, a la que ofrecerá el ciclo ¡nmortalizador de su castillo, y Lou Andreas- Salomé. Dice a la primera: Por fin, princesa, por fin el día bendito, pues como día bendito es éste en que puedo anunciarte la conclusión de las Elegías: ¡Diez! fue como una tempestad innombrable, un huracán en el espíritu (como entonces en Duino) todos los ligamentos y tejidos han crujido en mí Es por esto por lo que he resistido, por lo que he pasado por todo... El resto de los sonetos nacen entre el 15 y el 23 del mismo mes de febrero. ¿Por qué tan ardua gestación? Eustaquio Barjau niega, contra lo señalado por algunos comentaristas, que el poeta estuviera esperando una especie de revelación que le permitiera culminar la serie elegiaca. Glosando las imágenes de la tempestad y el huracán de la carta citada, arguye que hay que pensar más bien en la inspiración como estado de especial disponibilidad para encontrar tos medios con los que expresar Una intuición largamente acariciada pues el proyecto estaba trazado hacía años. En febrero del 22, el poeta encuentra al fin el tono, la imagineria y la arquitectura que había buscado tanto tiempo. Tan paciente, dolorosa espera, había respondido cumplidamente al programa enunciado en Los apuntes de Malte Laurids Brigge (1910) -que es, como bien dice Barjau, el prólogo a las Elegías- en aquel fragmento en el que se indica la necesidad de toda una larga vida para esribir quizá diez líneas que fueran buenas La presente edición ofrece la versión castellana completa de las Elegías y de Los sonetos a Orfeo, acompañada de una abundante y sensata anotación, que se apoya en la mejor tradición crítica rilkiana. En la introducción, Sea ahora otro comienzo, el de la Elegía VIII: Solicitación ya no, no solicitación, voz emancipada sea la naturaleza de tu grito; en verdad gritaste puro como el pájaro, cuando la estación lo levanta, la ascendente, olvidando casi que él es un animal preocupado y no sólo un corazón solitario al que ella lanza a lo alegre, sereno, a los íntimos cielos... (Barjau) No más solicitación, no solicitación, voz emancipada sea la naturaleza de tu grito; en verdad gritaste puro como el pájaro cuando la estación el eleva, al crecer, casi olvidando que es un animal acongojado y no sólo un corazón aislado que ella arroja a lo sereno, al cielo interior... (Valverde) No más petición, no petición, sino voz emancipada, sea la naturaleza de tu grito; cierto que gritabas puro como el pájaro, cuando la estación creciente to eleva, casi olvidando que es un acosado animal y no soto un corazón solitario que ella arroja a la serenidad, al íntimo cielo... (Bermúdez Cañete) El lector juzgará. Yo prefiero decididamente menos literalidad y más sentido poético, como en Valverde y Bermúdez. Con todo, un nuevo y sugestivo Rilke en español está a la disposición del lector. Y ésta es siempre una buena noticia. Miguel GARCÍA- POSADA