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100 ABC ESPECTÁCULOS MIÉRCOLES 25- 11- 87 Estreno mundial del concierto para violoncello y orquesta de González- Acilu El director navarro obtuvo el reconocimiento de sus coterráneos Pamplona. Leopoldo Hontañón, enviado especial Hace mucho que el compositor Agustín González- Acilu (Alsasua, 1929) es profeta en su tierra navarra. Y no sólo porque se programan y escuchan con frecuencia sus obras allí, sino porque allí se le han abierto también cauces pedagógicos de tanta significación como los Cursos de Técnicas de Composición del Siglo XX- con la secuela del grupo Iruñeako Taldea- que se suman a sus lecciones de Armonía en el Conservatorio de Madrid. No supone, sin embargo, desconocimiento ni olvido de esos antecedentes la afirmación de que el estreno del lunes en el teatro Gayarre le ha supuesto, pese a un disidente, pronto acallado, el reconocimiento pleno y definitivo de sus coterráneos. Varias razones lo explican. La primera, la de la siempre concienzuda forma de trabajar de Acilu- que no permite ni un solo nuevo paso sin que el anterior haya quedado nítidamente explicable en sí mismo y plenamente justificado en función del todo que se desea- se desarrolla en y se beneficia de una madurez de pensamiento y de una claridad de criterio organizativo admirables. Luego, la de haberse podido comprobar cómo es realmente gratuido el encasillamiento exclusivo del músico alsasuarra en la composición vocal, cuando lo cierto es que en más de la mitad de su ya amplio catálogo ha demostrado altas sabidurías en la ordenación de sonidos puramente instrumentales. Por fin, la clarividente contribución recreadora que ha aportado al estreno el formidable cellista Luis Claret, fidelísimo a una escritura casi permanentemente polifónica- muy bien asistido por Víctor Pablo Pérez y la Orquesta Sinfónica de Euskadi- en cuanto ha ayudado al mejor entendimiento y degustación de una página de enorme calidad, pero no del todo fácil para la inmediata comprensión. El nuevo concierto para violoncello y orquesta se estructura en un solo movimiento, o trazzo por respetar la terminología del autor, con una duración de unos dieciocho minutos. Es decisiva en su curso la participación que se reserva al instrumento solista, al que, dentro de la concepción expresionista en que se puede lato sensu inscribir la obra, se quieren extraer todas sus posibilidades expresivas, para ponerlas en tirante conflicto con las también exacerbadas que se prescriben para el instrumento orquestal acompañante. Pero, junto a ese enfrentamiento dialéctico vivo, tenso, entre solista y tutti constituyente del propio discurso sintáctico de la obra, para entender recta y cabalmente ésta debe colocarse el dato de que Acilu acude en el tratamiento de los sonidos de fuente instrumental pura, y aquí, por lo tanto, a cuanto ha experimentado, aprendido y aplicado en el de los fonemas idiomáticos. Así la entendió, me parece, la práctica totalidad del público que había acudido en buen número al Gayarre. Lo demuestran los múltiples aplausos que hicieron saludar por dos veces a compositor, solista, director y orquesta, y que fueron indicativos asimismo de que la Institución Príncipe de Viana. de la Diputación Foral Navarra, no había errado el tiro al hacerte a González- Acilu, allá por el año 1981, el encargo libre, no condicionado, que le confió. Por primera vez no siento demasiado el no disponer de mucho más espacio. Todo lo bueno del concierto pamplonés del lunes está dicho. Si es caso, podría aceptarse- exceptuada la inseguridad notoria en la alternancia rítmica que cierra el scherzo -la, al menos, aseada traducción de la Sinfonía da Réquiem de Benjamín Britten. Y ello, en atención a la gran dedicación que ha debido exigir el estreno de Acilu. Pero ni esta consideración puede salvar la versión escuchada de la Tercera de Brahms, por muchos aplausos que cosechara. Una orquesta profesional y un director que ya ha dejado de ser bisoño están obligados hasta en una primera lectura a acercarse un poquito más a los conceptos brahmsianos. Flamenco El flamenco rompe Madrid. Joaquín Albaicín Yastá, local de la calle Valverde, visitado a lo largo de toda la semana por un público- digamos- atípico para dar calor a los artistas de un espectáculo flamenco, se llenó has- ta la bandera en la noche del domingo para presenciar la actuación de Pepe Luis Carmo na y su grupo, que, breves, dejaron un selló de buen hacer que habrán de repetir a menudo en otros muchos escenarios. Pertenecen todos ellos a una generación de artistas a los que es imprescindible ver ahora, si se quiere tener una idea de lo que será el flamenco dentro de siete u ocho años. Comenzaron con dos números de flamenco moderno- con muy buen ojo, porque es pecado cantar una soleá en un local invadido por el ruido de las copas y los murmullos de un público profano- que cautivaron al auditorio desde el principio. Pepe Luis Carmona se reveló como un cantaor con, personalidad y empezó y dio término a sus números con ímpetu y carisma y llegó a los espectadores desde el primer momento. Muy joven, es un artista que está en la búsqueda de un estilo personal- l o suyo de verdad, como dice él, es el flamenco de siempre -y lo encontrará, porque tiene cualidades para ello y muchas ganas de triunfar. Le acompañaron excelentemente la guitarra de José Mercé (no se trata del cantaor la percusión de Antonio Serrano y Ramón Suárez y el baile de Freddy. Ramón Suárez es uno de los pocos percusionistas que sabe acompañar bien e cante y el baile con la caja de ritmos: dando las entradas y no siguiendo los pasos del cantaor y el guitarrista. Secundó muy bien su labor Antonio Serrano. La escena tenía algo de surrealismo, de paradoja: un local futurista en plan Blade Runner lleno de replicantes y androides aclamando enfervorecidos a cinco artistas gitanos que parecían un eco rebotado de otros siglos. El pasado hechiza al presente. Así es, por fortuna, nuestro tiempo. En la segunda parte del espectáculo, con un público ya cómplice, encendido y caliente desde la primera actuación, Pepe Luis volvió a dejar constancia de su saber estar en el escenario y de sus buenas facultades, y Freddy se lució bailando por alegrías. El ritmo (muy bien, la guitarra) invadía ya la sala cuando Pepe Luis invitó a subir al escenario a Emilio Gabarre. otro estupendo cantaor joven, de voz ronca, desgarrada, que salió con mucha fuerza a cantar por bulerías y se entregó también al baile. Finalizó la noche con el cante por bulerías de Pepe Luís, que ahora se marcha de gira por Ecuador. Emilio Gabarre inicia, por su parte, otra por todo Marruecos, con el bailaor Fernando Romero. Buen viaje. Comenzó la III Muestra de Cine realizado por mujeres Madrid. S. E. El martes por la tarde dio comienzo la Muestra de Cine Realizado por Mujeres que, en su tercera edición, organiza el Ateneo Feminista de Madrid, con la colaboración de diversos organismos oficiales, la Filmoteca Española, la Embajada de Suecia y el Instituto Francés y Alemán. Hasta el día 27, el programa, que consta de Lealtades (1986) de Anne Wheeler; Amorosa (1986) de Mai Zetterling, que asistirá a la proyección y al coloquio posterior; Las visiones de Ágata (1987) de Sheila McLaughlin, quien igualmente asistirá al acto; Una noche de verano en el planeta Tierra (1987) de Gunnel Lindblom, y La historia de Londres (corto, 1986) de Sally Potter, se desarrollará en la sede de la Filmoteca Española ia sección denominada Estrenos. Posteriormente, dentro del ciclo de realizadoras europeas, se proyectará en el Instituto Francés y hasta el 20 de diciembre: El amor desnudo (1981) de Yannick Bellon; Camorra, de Lina Wertmuller; Una mujer totalmente desamparada (1977) de Jutta Brückner; Las enamoradas (1964) de Mai Zetterling; Como en casa (1976) de Marta Meszaros, y Siete vidas tiene el gato (1971) de Ula Stóckl; a partir del día 11, ocupará la pantalla del Instituto Francés un ciclo de cortometrajistas españolas que contará con: Doble Imagen (1983) de Silvia Zade- Routier; Las que perdieron (1986) de Josefa Alvarez; Carmín y la tercera mujer, de Pilar Sueiro; Insomnio, de María José Gómez Pin; Pasarán los días, de Irina Kourbeskaya; Bar (1987) de Pilar Tomás, Ariadna Gil, María Ripoll, Jordi Espresate, Jaume Meléndez y Jordi Frades; Opel 32, de Carmen Tomás; Margarita y el Lobo (1970) de Cecilia Bartolomé; Insomnio de una noche de verano, de Ana Mampaso, y Crimen continental, de Teresa Maldonado. En las inmediaciones del aeropuerto de Barajas, 200 toneladas hora, en terrenos aptos para instalación de planta de hormigón Cedemos participación mayoritaria a em- presa vinculada ai sector. Apartado de Correos 2.144. Madrid