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MIÉRCOLES 25: 11- 87 OPINIÓN ABC 21 Escenas políticas EN KATMANDU espesísima niebla. Dos personas que vivan juntas apenas podrían reconocerse al pasar una puerta. Cualquier moneda caída deja más pobre al descuidado. El policía acabaría por detener a un inocente si el delito no desapareciese con el bulto de la víctima. Todo en Katmandú en esa primera hora de oscuridad recuerda su origen: la vida parece sumergida en un lago sin orillas. Las luces amarillas sólo alumbran distancia entre las cosas. Los eoches, que circulan por caminos invisibles, hacen sonar las bocinas para espantar su extravío. Los hombres no sé s a l u d a n se conocen. Pero hay un instante de abandono dentro de la niebla. Y en la stupa de Swayambunath, las palomas guardan súbitamente silencio. Bajo la sombrilla del Nirvana, los trece círculos dorados de la torre coronan la mirada del Buda en las cuatro direcciones, que son también los Cuatro Elementos. Los molinillos de oración yacen lejos de la mano de los monjes. En los trescientos peldaños que separan la stupa del valle, los dragones duermen su sueño de piedra. Entonces, un niño con túnica color de arcilla se echa a los hombros las correas que sostienen dos larguísimas trompas, mira hacia el horizonte brumoso, asienta los pies en tierra y afirma ligeramente con la cabeza. Dos hombres, en los extremos de las trompas, cogen aire y soplan. Al surgir de la tierra ese gemido armonioso aparece en el punto más alto de la torre el primer rayo de sol neto. Brilla hacia abajo el templo, brilla la montaña, brilla el valle todo. La Espada de la Sabiduría de Munjushri ha vuelto a separar los montes, a sepultar las aguas y a levantar la luz que baña el mundo con la transparencia azulada del loto, del aliento del Buda Primordial. En Katmandú la vida ha vuelto a comenzar. Federico JIMÉNEZ LOSANTOS JUBILAR A FRAGA LEGAN los pigmeos y les cortan las piernas a los watusi. La ley de los pigmeos ha jubilado a don Manuel Fraga. Adiós a las aulas, watusi, y si a ti te cabe el Estado en la cabeza, nosotros intentaremos que nos quepa en el bolsillo. Están dejando otra vez la Universidad sin maestros. Cuando acabó la guerra civil, la Universidad era un desierto de maestros. Unos estaban enterrados y otros estaban desterrados, y eran pocos los supervivientes. La Universidad española tardó muchos años en formar nuevos maestros, y los estudiantes de la posguerra tuvimos poca despensa y escasa escuela. Eramos estudiantes sopistas en la escuela del maestro Ciruela, y hubo que volver los ojos a los regeneracionistas, y empezar todo de cabo, a levantar la escuela y a llenar la despensa. A los maestros de hoy ya no los entierra la guerra ni los destierra la política. Pero llegan estos chicos y les llevan a esa muerte anticipada que es la jubilación en plena madurez. Al viejo profesor que era tan joven que no llegó a la temprana edad de jubilarse, se lo llevó el cáncer, y el profesor Severo Ochoa acaba de decir que él no fue un exiliado político, sino científico. Bueno, pues no se conforman con las corridas de escalafón que trae la muerte ni con los vacíos que produce esta desatención tan española al sabio, al científico, al investigador y al maestro. Hay que despachar pronto las excelencias y poblar la Universidad de parados de lujo. Y otra vez a improvisar maestros, como si un maestro universitario se pudiese improvisar con la misma facilidad que ellos hacen subsecretarios. Y, hala, a encaramar pigmeos a la cátedra. Están dejando la Universidad española en penenes menores, y un día jubilan a Palacio Attard, a Amadeo Schüller, a Manuel Fraga o a Lázaro Carreter, y llenan la vida española de indoctos en activo, y además con carné. Usan el Boletín Oficial como si fuera una guadaña, y acaban con magistrados, profesores y funcionarios a la edad en que mejor podrían aleccionarnos no ya de ciencia, que también de ciencia, sino de prudencia, L ZIGZAG Sir James Goldsmith Pertenece a la nueva casta de empresarios- ciudadanos del mundo. Cuando percibió movimientos bruscos en los mercados, vendió sus acciones y se salvó del reciente crac. Pero más llamativa todavía es su clarividencia económica: en una economía global- asegura- tenemos necesariamente que encontrar un líder, porque aunque se reformen los mercados internacionales, las altas finanzas se han convertido en un solo mundo. Calatrava La conmemoración centenaria de la Orden de Calatrava merecía mayor atención de la que se le ha dispensado. Aparte razones históricas, hay que resaltar el ejemplo de convivencia que en aquellos días dieron los asistentes: presididos por don Juan de Borbón, allí acudieron el obispo de Ciudad Real, la mayor parte de los alcaldes de la provincia y el presidente de la Comunidad, José Bono. Más una gran masa popular. OVIDIO La mayor colección dé chimeneas de mármol antiguas; Importadas. sugesa I ÍÉW vnimeneqs ¿j j V 1 Estilos i, uis XV- XV ¡f c Domingo Fernández, 5 (Semiesqüina P J de la Habana, 107) Teléis. 457 66 33- 457 9960- MADRID de justicia y de serenidad. O sea, de casi todo lo que falta visiblemente a los jubiladores. Ya sé yo que ponerse a jubilar a Fraga es como intentar detener un alud con un decreto o querer parar con las manos el anticiclón de las Azores. Fraga seguirá enseñando, desde su cátedra a la intemperie, ciencia y práctica de la política. Lo que no entienden estos chicos es que hay magisterios que no necesitan el escalafón. Pero la Universidad se está quedando huérfana, y algún expediente tendrá que abrir la sociedad para recuperar esta fortuna educativa que está dilapidando el Estado en manos de quienes- como decía el profesor Ruiz- Funesignoran, inventan y yerran. A los sesenta y cinco, el hombre de hoy está en situación de merecer el homenaje ciceroniano y de enseñar algo de lo mucho que ignoran los gobernantes que los echan de la tarima. Yo estoy seguro de que el ínclito prohombre don Alfonso Guerra, cuando llegue a los sesenta y cinco años, edad que yo le auguro ampliamente sobrepasada, conocerá los mismos rudimentos de termodinámica que posee ahora, pero habrá crecido algo en prudencia y templanza. Hombre, no es que a esa hora vaya a tener razón su biógrafo apasionado, Fernández Brasso, ni que vaya a convertirse con los años en un Adenauer o un De Gasperi, pero ya habrá pasado algunos sarampiones culturales y políticos. Será una pena que, cuando alcance esa cima, nos lo jubilen. Porque la mayor estupidez juvenil que pueden cometer los jóvenes es tratar a los senectos como si ellos no fueran a llegar a viejos. Ya se sabe que los elegidos de los dioses mueren jóvenes, pero estos chicos no son elegidos de los dioses, sino solamente de los socialistas. Además de no aprender a renunciar del todo a la lucha de clases, abren la lucha de generaciones, sin darse cuenta de que, igual que se han adaptado inmediatamente a la clase superior, van a entrar pronto en la generación siguiente. No sólo son indoctos, sino cortos. Paciencia. Jaime CAMPMANY