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48 ABC CULTURA MARTES 24- 11- 87 El futuro fue ayer El académico Torcuato Luca de Tena pronunció ayer una conferencia en la Fundación Ponce de León, dentro del ciclo El autor explica su obra Luca de Tena, autor de un extenso corpus narrativo, habló de éste y se refirió brevemente a la novela que acaba de publicar, El futuro fue ayer en la que, a través de la figura de Jerónimo Aguiíar, un español que vivió una década como esclavo de los mayas, realiza un intenso y apasionante fresco de una época marcada por el encuentro de dos grandes culturas. Fábula e historia se mezclan en esta novela, de la que a continuación ofrecemos un capítulo. (E aquí venía la petición, que cada uno hizo en voz baxa pero audible, como en un murmullo, e con tanta e tan exemplar devoción, que sería muy dina de imitar de no estar dirixida a tan viciosas deidades. E, en tanto oraban, comenzaron los peregrinos a sacarse sangre de la lengua e orejas, e a dar aspersión con ella a los cuatro rumbos del mundo. Yo vos juro. Señor Ecelente, que se me partía el alma, al escuchar esos cantos porque todo ello confluía a pedir que nos fuéramos de allí, que no rompiéramos sus tradiciones, que no interrumpiésemos la comunicación con sus dioses, aun siendo estos tan crueles. ¡Oh, Señor! ¿Cómo sabré descrebir a Vuestracelencia lo que vide en la cibdad, e lo que sentí, e la gran confusión de mi ánima? El burgo, Señor, eran tan grande corno Córdoba; mas todo él dedicado a la muerte. La urbe era soberbia en sus edificios. Había grandes mazmorras para la guarda de las vítimas y su purificación; y camarines para vestir y enjoyar a las mujeres que iban a ser lanzadas vivas al Cenote Sagrado, que era como un lago en el fondo de un cráter, y de paredes tan lisas y pinas que, si acaso cayera viva, a la vítima le era imposible salirse. Había juego de pelota, como en Xel- Há, pero talladas las paredes del estadio con la representación en la piedra de la decapitación que acostumbraba a facerse en vivo. Había asimesmo un templo- calendario tan alto como nunca vide, y cuyas gradas, terrazas e columnas, equivalían a tos días de cada mes y a tos meses de cada año e a los años de cada siglo que son cincuenta e dos; en cuyas entrañas del dicho castillo se encontraba un jaguar de tamaño natural hecho todo de jade o que lo parescía; y otro templo en cuya fábrica no se utilizaron piedras de cantería, sino huesos de homes y mujeres y sus calaveras. E cada dios tenía su templo, e como éstos son sin número, innumerables eran tamién los templos, e en todos se sacrificaba de contino, día e noche, sin descanso; 1 e había un mercado en que se vendían las piernas e los brazos de los sacrificados, junto con carne de venado o de puerco salvaje; e crematorios para consumir las otras partes no comestibles de tos cuerpos. Y eran tantos tas restos que allí samontonaban, que los oficiales encargados de tan lúgubre tarea no tenían manos para cumplilia. Entre templo y templo, grandes estenstones abiertas, y causaba espanto ver la multetud de razas (itzaes, lacandones, tzotziles, quechiqueles, quitchíes) cada uno a su manera vestidos, que en esto se les distinguía entre sí; y todos ellos, de los mayas, en que no llevaban tallado el rostro ni apepinado el colodrillo. E tamiér se diferenciaban déstos en la menor severidad y crueldad de sus penitencias, puesto que muchos eran los. que oraban en voz alta, e se pinchaban un dedo, e daban a tos ídolos su óbolo de sangre, que no era más de dos o tres gotas; en tanto que CAPITULO XIX VERÍDICA RELACIÓN DE LOS SACRIFICIOS Y PLEGARIAS PARA QUE SE FUÉSEDEN LAS CASAS FLOTANTES DE LAS COSTAS DEL YUCATÁN. NO ES LETURA PARA PUSILÁNIMES NI ÁNIMAS APOCADAS Una aciaga mañana en que los chaces afirmaban que había en las nubes señales de sangre. Zaquicoxol, con gran aparato de esclavos y mucha gritería, convocó al pueblo en la gran esplanada frente a la casa cacical. Todos acudimos confusos y sobresaltados, puesto que bien se nos alcanzaba, ante lo desusado de la llamada, que algo muy grave acontescía, y, al observar que el cacique nos iba a hablar, nos acuclillamos respetuosos para escuchar a nuestramo. -Mijitos míos- nos dixo- y hermanos muy queridos: la predición de Ah Cambal, ese venerable sujeto a quien los dioses concedieron en su ancianidad el don de contemplar el futuro y leer en la mañana, nos anunció que a causa de nuestra poca piedad y luchas y guerras entre cibdades dun mesmo origen e una mesma raza, un pueblo estranjero vendría presto de tos confines del mundo para señorear la tierra y esclavizar a quienes fuimos luz del universo y espejo de las naciones. Estas señales ya se han dado. Creíamos que al irse las casas flotantes de las lagunas de Yalahan, no regresarían. Pero han vuelto a desembarcar más lexos y no se apartan de nuestras costas. La hora de nuestro castigo se aprosima. El día de nuestro ludibrio está cerca. El tiempo ha llegado del fin y esterminación de nuestra raza. Los ancianos contenían el aliento; (os jóvenes tremaban; las lágrimas bañaban los rostros de las mujeres y no se oía otro rumor que el de los sollozos y lamentaciones Aquel mesmo día fueron encerradas las futuras vítimas para se purificar e que no hobiéseden ocasión con mujeres, Prevención ¡nútif: porque el mancebo era virgen; el niño no alcanzaba la edad de iniciarse en el culto a Venus y el anciano esclavo desíniciádose había tiempo ha. Y sólo fue al término del plazo señalado para esta purificación, cuando emprendimos la marcha hacia la cibdad sagrada de Chichén Itzá, que es a los mayas lo que Jerusalén para los cristianos, o La Meca para los muslimes. Si bien no era el cacique muy aficionado a ello, para dar más solenidad a la drimonia, quiso ser llevado en litera a tan larguísimo viaje, y quienes le acompañamos fuimos: los portadores turnantes de la parihuela, las vítimas, sus cuidadores, el mayordomo y todos los chaces, salvo uno, quien nos sahumó en el límite de la aldea, en tanto salmodiábamos con meliflua voz: Que no me muerdan serpientes, que no me ataque el ¡aguar, que no se rindan mis pies ni me vayan a clavar espinas de los zarzales ¡o astillas al caminar. Xerónimo es el buen nombre del que ¡o pide y se va. Y donde lea Vuestracelencia Xerónimo entienda que cada uno ahí decía el suyo, con lo que se rompía el verso, porque unos se llamaban Mex, y otros Oxhinkíuic- Kacbahá. Cantaba esta oración con sones muy desapacibles, pero con estremo fervor, cargamos al cacique en andas e iniciamos el viaje. A lo largo del camino se incorporaron a nosotros caravanas sin número, en todo semejantes a la nuestra, procedentes de veredas acesorias que desembocaban todas en la calzada prencipal. Unas eran más suntuosas que otras; mas todas se parescían en que llevaban sus caciques al frente; que traían vítimas para sacrificar (y no sólo varones) e que todas se dirigían a la cibdad sagrada e por el mesmo motivo: orar por la derrota de los invasores e que muriesen todos a sus manos, o regresasen a sus lares. A medida que nos acercábamos a La Meca de los mayas, la calzada era ya intransitable de los muchos romeros que había. E apenas se divisó en la lexanía la mole del templo mayor de Chichén Itzá, Zaquicoxol se apeó de la litera e fizo una reverencia a cada uno de los puntos cardinales. Después, con voz grave, e al modo y manera dun canto Gregoriano, púsose a salmodiar: -Para que se ofreszca a los guardianes de las Tierras Fértiles cuatro saludos les doy: uno, para el Guardador de la Semilla; otro, para el Guardador de los Plantíos; otro, para el que da rocío a la planta: otro, para el Torbellino de Fuego. Señor hahuatún Negro, Señor Pahuatún Amarillo, Señor Pá- huatún Roxo, Señor Pahuatún Blanco, los de los cuatro rumbos del cielo, rumbos nebulosos: quesea grata mi ofrenda (y escuches lo que yo pido, arique soy é ¡más pequeño...