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MARTES 24- 11- 87- INTERNACIONAL -ABC, pág. 31 Una salida política ál problema de los indeseables Nueva York. J. M. C. El acuerdo Washington- La Habana, que sirvió de espoleta a la revuelta de presos cubanos en cárceles norteamericanas, fue firmado ya en diciembre de 1984, e incluso llegó a entrar en vigor, pero fue luego cancelado por Castro como protesta a Radio Martí. Ahora ha sido reactivado, aunque sin especificarse si se atiene estrictamente a sus condiciones originales o se actualiza. El acuerdo original preveía que de los 125.000 cubanos que salieron de Puerto Mariel en la flotilla de la libertad los 2.700 delincuentes y perturbados mentales entre ellos serían repatriados a Cuba. Por su parte, EE UU se comprometía a aceptar al año 20.000 cubanos como emigrantes y 3.000 presos políticos. La inmensa mayoría de los marielitos se han integrado en la sociedad norteamericana sin mayores problemas. Alrededor de tres mil entre ellos, sin embargo, han tenido conflictos con la ley por delitos de mayor o menor gravedad. Lo más grave, sin embargo, es que tales delitos les privaban automáticamente del derecho a ser aceptados. Después de haber cumplido la pena que se les había impuesto, han permanecido en prisión, al no cumplir los requisitos para vivir en los Estados Unidos. Buena parte de ellos estaban en Oakdale y se sospecha que fueron los que iniciaron el motín. Conviene advertir que el delito más frecuente entre estos cubanos está relacionado con la droga, aunque hay también desde rateros a homicidas. Cuando se habían perdido prácticamente todas las esperanzas de que el acuerdo con La Habana se llevase a efecto, con la consecuencia de que no había lugar donde echar a estos cubanos, las autoridades norteamericanas empezaron un programa para revisar individualmente cada uno de sus casos, para ir soltando a los que no resultasen peligrosos para la sociedad y hubiese posibilidades de ser absorbidos por ella. Pero la sorprendente disposición de Fidel de reactivar el viejo acuerdo hizo creer a Washington que volvía a tener la posibilidad de deshacerse de todas esas personas poco recomendables. Lo malo es que esas personas no aceptan que se deshagan de ellas tan fácilmente. La Guardia Nacional USA instala carrosde asalto enlas prisiones de Oakdale y Atlanta Se Se ofrece a los cubanos aplazar su repatriación si deponen su actitud Nueva York. José María Carrascal Sigue el tenso compás de espera en la penitenciaría de Oakdale, donde 1000 presios cubanos dominan el recinto intetrior y la guardia nacional ha estacionado carros de asalto en torno al perímetro. Mientras, en la prisión de Atlanta ha estallado un motín parecido, con, incendios, toma de rehenes y amenazas caso de no cumplirse sus exigencias. Ha habido bastantes heridos en ambas cárceles y un muerto en Atlanta. El complejo de ambas penintenciarías da la impresión de haber sido bombardeado, con buena parte de sus edificios quemados y algunos de ellos aún humeantes. Solo los dormitorios parecen relativamente intactos. Se cree que allí tienen a sus rehenes y hay ciertas seguridades de que están bien, pues sus captores entregan de tanto en tanto fotos que les hacen con una Polaroid, para demostrarlo. Pero es una situación que, como saben todos, puede cambiar de un momento a otro. El motín de la parisién de Atlanta, donde hay otros 1392 cubanos, se esperaba como reflejo de Oakdale. Por eso sorprende que hayan sido capaces de haber cogido rehenes. En las otras 60 penitenciarías del país donde hay también cubanos se han reforzado las medidas de seguridad, pues etá visto que no quieren volver a Cuba ni a rastras. Durante toda la noche se hacían llegar menajes a los presos instándoseles a entregarse y ofreciéndoles la seguridad de que podrían quedarse en los Estados Unidos si lo hacían ahora mismo. Pero sólo tres de los 1000 que hay en Oakdale lo han hecho y las autoridades empiezan a dudar que puedan acabar el levantamiento por negociaciones, aunque quieren agotarse todas las posibilidades de ésta antes de echar mano de medidas más fuertes. Por otra parte, según informa la agencia norteamericana Asociated Press, las autoridades norteamericanas utilizaron durante todo el día de ayer radioteléfonos para hablar con los amotinados. En este sentido, Russ Bergeron, portavoz del servicio de Inmigración y naturalización señaló que hemos estado hablando toda la noche, y creemos que es una buena señal. Mientras podamos mantener el diálogo entre los rehenes y los negociadores conseguiremos, primero, que no haya nuevos brotes de violencia, y segundo, la posibilidad de lograr una solución pacífica a este conflicto. Estalla un segundo motín en una penitenciaria con 1 400 presos cubanos Intento de fuga de 15 cubanos, d 1.000 presos- cubanos amotinados, con 24 rehenes En 1980 salieron 125.000 cubanos, con 2.700 indeseables La demanda de los sublevados- u n a garantía de que no serán devueltos a Cuba- no ha sido cumplida hasta el momento. El ministro de Justicia Edwin Méese, les ha ofrecido una moratoria en la repatriación, así como la promesa de que cada caso de los detenidos será visto individualmente por los tribunales para que puedan quedarse los que, según la ley, estén autorizados. Es un arma de doble filo, pues si por una parte puede dividir a los reclusos entre los que piensan se quedarán aquí y los que no, buscando tos primeros poner fin al motín, hay el riesgo de que tos que se quedan sin esperanza (o tomen por la tremenda y hagan cualquier barbaridad, ahora que no tienen ya nada que perder en este país. Mucho viene de la poca claridad que existe en torno a como se i n t e r p r e t a el a c u e r d o Washington- La Habana, causa de los disturbios. Si se ciñe a la letra original en el, según la cual se repatriarían únicamente los cubanos rehusables entre los marielitos, esto es aquellos que estaban cumpliendo penas de prisión en Cuba o los recluidos en asilos mentales, o bien si se incluyen también los que luego cometieron delitos en los Estados Unidos que las llevó a la cárcel. Eso les inhabilitó automáticamente para recibir el estatuto de Residencia en este país, lo que les pone en riego de ser devueltos a Cuba con los otros. Algunos de ellos habían cumplido incluso sus condenas por los delitos que fueron condenados- q u e van desde hurto en tiendas a homicidio, pasando por uso ilegal de tarjetas de crédito y tráfico de drogas- pero precisamente esa condición suya de no admisibles en los Estados Unidos les dejaba en un limbo jurídico que permitía seguir reteniéndoles en prisión, al no ser aptos para residir en el país. Meses atrás, recibieron la buena noticia de que el servicio de emigración iba a revisar sus casos individualmente, lo que abría la esperanza de que por lo menos algunos se quedasen, dependiendo de la gravedad de su ofensa y de los lazos familiares que aquí tuvieran. Pero el acuerdo con Castro amenaza todo ello, o así lo han creído ellos. La actitud que ha vuelto a tomar las autoridades norteamericanas sigue esta línea de prometer estudiar los casos uno a uno, aunque sin comprometerse a nada definitivo. Veremos como lo toman los sublevados. El diálogo con ellos no es fácil. Están divididos en varios grupos y no han designado un portavoz común. El que las lineas de teléfono estén también cortadas no facilita las cosas.