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DOMINGO 22- 11- 87 OPINIÓN 1 ABC 37 Escenas políticas IESPIERTA do del mismo modo. Diríase que cada uno de sus habitantes no despierta, sino que, simplemente, se echa a trabajar. Ocho millones la habitan, ningún ocioso. No hay casi mendigos, seguramente por no quedarse quietos. Basta ver durante un rato este frenesí laboral para comprender el por qué de una prosperidad constante, que parece continuar con idéntico tino la de Singapur, Hong- Kong, Taiwan o Corea del Sur. El milagro económico de la Costa del Pacífico se llama ahora Tailandia. Las cifras dirían que, en la última década, este país ha tenido un crecimiento medio superior al 6 por 100 de su Producto Interior Bruto, que el paro no supera el 7 por 100 y que la inflación apenas llega al 3 por 100. Pero demos el ciento por uno y fijémonos en cierto peculiar exponente del espíritu de Bangkok: su trabajo vale por un millón de estadísticas. Este personaje puede ser de origen hindú, con varios primos en Cananas, o chino bien situado, o malayo, o birmano, o camboyano, o, por qué no, tailandés. En su pequeña tienda, que quizá se sitúa en un simple puesto de la galería comercial de un hotel, anuncia trajes. Entras: eliges entre las mejores telas; te enseñan modelos de revistas italianas; allí mismo te toman medidas; por la tarde ya puedes ir a probarte; por la noche, a última hora, te entregan el traje hecho, sea tu domicilio, sea en el hotel. Te ha costado unas quince mil pesetas; con tres camisas de seda tailandesa, unas veinte mil. En cachemir se te puede ir a las veinticinco. Con tres camisas, treinta. Estos sastres instantáneos son el símbolo de este Bangkok que despierta cada día en tres colores: azul lavado en negro, naranja ligeramente encarnado y amarillo con algo de oro blanco. O simplemente: trabajo, trabajo y trabajo. Federico JIMÉNEZ LOSANTOS LEER PERIÓDICOS AY que ver lo que progresan nuestros socialistas. ¡Pasmado me tienen al mirar cómo ascienden hacia las cumbres de la cultura! Poco más de un siglo tiene de vida el partido, y ya sus dirigentes han dejado atrás un largo camino de progreso hacia las metas del desarrollo cultural. Don Pablo Iglesias era cajista de imprenta y mamó el socialismo manejando el alfabeto y ordenando los signos de ortografía. Las letras fueron su herramienta de trabajo. Primero, ponía en la regla lo que escribían otros, hasta que empezó a escribir él mismo, y entonces publicaba artículos en La Solidaridad Después, llegó a ser articulista de El Socialista y más tarde, director. Don Indalecio Prieto entró en el socialismo escribiendo artículos en El Liberal y al cabo de un tiempo ya era director y propietario del periódico. Bueno, pues ahora, en plena madurez del Partido Socialista, don Alfonso Guerra ya nó necesita los periódicos ni para leerlos. Los periódicos me afectan poco porque casi no los leo dicen que ha dicho don Alfonso. Es natural. Don Alfonso está en la alta termodinámica, en los jardines poéticos de Kavafis y en la búsqueda de las Obras Completas de Lope de Vega, que para un lector es aventura tan fascinante como para un cazador ponerse a capturar el gamusino. Cuentan sus amigos de infancia y sus familiares que cuando don Alfonso Guerra era un escolar recién salido del parvulario, tenía la costumbre de subirse al tejado de su casa y se ponía a leer allí, sentado sobre las tejas. Ahora, a don Alfonso Guerra ya no se le ve encima de los tejados, y no sé si será porque haya encontrado asientos más cómodos para enfrascarse en la lectura, o porque haya perdido con los años la vocación de lector. A lo mejor es que don Alfonso Guerra considera el hábito de la lectura como una ocupación y un negocio de tejas para arriba, y él, ahora, se dedique a otros asuntos más propios para desempeñarlos de tejas para abajo. Y ha decidido no leer ni los periódicos. También es posible que esa frase del Guerra sea una ma- H ZIGZAG Mozalbetes El viernes por la noche, coincidiendo con el duodécimo aniversario de la muerte de Francisco Franco, algunas decenas de mozalbetes volcaron basureros y quemaron papeleras en el madrileño barrio de Salamanca. Fue un deprimente espectáculo de gamberrismo. Los españoles de hoy, en una sociedad democrática como la de nuestra nación que ha sabido recuperar su dignidad y sus libertades, mantienen distintos criterios sobre los cuatro decenios de Historia que Franco protagonizó. La figura del último jefe del Estado no debe ser objeto de polémicas actuales ni de gesticulación callejera. Cómo Hindenburg o Pétain, es una figura que está ya en la Historia, con sus luces y sombras, como el gran personaje de Weimar o el contradictorio mariscal de Verdun y de Vichy. Los mozalbetes del pasado viernes deshonraron con su gamberrismo la memoria que pretenden enaltecer. OVIDIO HOTEL MELIA CASTILLA 29 fde ioyíeml) re, de 10 a 22 hocásl CAMBÍAM 0 S SUS ALFOMBRAS PERSAS V. JggfiEílAS Y ANTIGUAS Í; (pos ¡cjón permanente CENTRO COMERCIAL LA MORALEJA nera de predicación de la democracia. En vísperas de marcharse al paraíso democrático de Nicaragua, está ensayando doctrina. Como el comandante Daniel Ortega tiene problemas con los periódicos de allá, y no debe de estar muy conforme con el concepto de libertad de expresión de algunos famosos diarios de Managua, don Alfonso Guerra se dedica en estos días a elaborar frases para el consejo. -Mira, Danié, lo que tú tiene que hasé é no enfrentarte de cara con eso carca de La Prensa Eyo, que saquen su periódico, y tú no lo lee, y aquí pas y después gloria. ¿Está en lo que yo te digo, compañero? Tú sigue mi ehemplo, que yo no te voy a engaña a tí, que entre calé y calé no cabe la remanguiyé. Propongo ar don Gustavo Villapalos, rector magnífico de la Universidad Complutense, que sea concedido a don Alfonso Guerra el título de doctor honoris causa por la Facultad de Ciencias de la Información, en consideración a sus méritos extraordinarios en esa materia, ya que ha conseguido el contacto directo con la opinión pública prescindiendo de sus órganos de expresión. Este descubrí m i e n t o supone una revolución en la teoría política, ya que indica la posibilidad de alcanzar el sistema de gobierno democrático prescindiendo de los partidos. O sea, la instalación directa en la democracia, sin más urnas, sin más periódicos y sin más parlamentos. Vamos, como en Nicaragua. Propongo al mismo tiempo a mi colega don Luis Apostua Palos que don Alfonso Guerra sea designado Periodista de Honor, en atención a los méritos señalados. Y que el señor Villapalos y el señor Apostua Palos nos den de ídem a los periodistas de pluma y suela por nuestro cerril empeño de hacer periódicos que no afectan al Gobierno. Enterrado Montesquieu, acabemos ahora con Gutenberg. Algún yanqui dijo que el sistema democrático puede subsistir sin partidos políticos, pero no sin periódicos. Aquí, sobrevive el Gobiero sin leer periódicos. Ese es el progreso. Jaime CAMPMANY