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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 22 DE NOVIEMBRE 1987 ABC sidad cortocircuitante Tratemos de comprender esto en términos de adolescente, de expansión sensorial y de morfología perversa. Con el surrealismo por medio. Si fuésemos americanos o europeos ricos y creadores hubiéramos hecho ya una atrevida película sobre la poética situación, que se puede edulcorar como la de Romeo y Julieta con toda impunidad, además de que el tema se presenta con ramificaciones y rebordes que le añaden bastante novedad. Andaríamos siempre por la estética marcada por la novela- y consecutiva película El jardín de los Finzi Contini El joven García Lorca llega de su provincia, de su casa con baldosas africanas y hermanas que se prenden flores en el pelo, ante las tapias o las verjas que encierran... el castillo de Púbol. Pues Dalí joven llevaba ya su castillo puesto en todo su tipo acreditado de señorito snob y también secretamente enial. El encuentro de esos dos jóvenes aria un guión de éxito. No digo nada: revival años veinte. ¡Un taquillón! Hay, después del mutuo flechazo- -téngase en cuenta que nos encontramos ante jóvenes tan perversos que son castos- cartas, lecciones, reproches, hermanas que son polarización desviada del interés que a diferentes niveles sienten el uno por el otro. Lorca, más grande y trágico en todo, es el personaje mas simpático y más fuerte de la película. El otro, muy catalán, muy al día de su clase y de los enemigos de su clase para rebelarse contra los dos principios, posa como príncipe de renacimiento. No digo del Renacimiento, sino todos los renacimientos hiperbólicos y petulantes. Es figura ideal que le da a Lorca achares de esfinge inalterable. Se establece una relación morbosa entre los dos. Dos mundos poéticos que se enfrentan, un mundo de rosas en el Sur y de sifones en Cadaqués. La vanguardia es su discusión. La sublimación de esta informe y adolescente pasión es el surrealismo. Fúndense los dos en el glamour del surrealismo, de la libre expresión lírica del subconsciente, del loco irracional que lleva toda la razón porque canta- e n forma poét i c a- todas las verdades. Es un idilio sensacional. Dalí pretende que Lorca- d e un apasionamiento verde- se inicie de forma más comprometida en la nueva ruptura. Hay consignas, deberes. Lorca está convencido, REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID FUNDADO EN 19O5 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA usted por qué se permite hablar de la modernidad perteneciendo a la época prehistórica de las vanguardias? Pues precisamente por eso. Yo me admiro de que los jóvenes quieran encontrar un nuevo furor, un entusiasmo nuevo; me admiro y me compadezco, porque este tiempo no es igual a aquel. La nostalgia de las vanguardias se hace notar en toda la posvanguardia, se las tiene como fuentes de exaltación agotadas y se manifiesta el desencanto de no poder vivir lo mismo: porque somos más sabios y hemos trascendido la vieja valoración de las cosas. Parece que se dice: hay que resignarse a que la nueva cultura europea envejezca. ¿Qué cuentan en la vida del mundo cincuenta años? Hace sólo cincuenta años, el ambiente de las artes, del pensamiento y la poesía ofrecía luminosas escapadas hacia el infinito de las utopías de una forma casi enfermiza. Políticamente se estaban cociendo los grandes desastres de tipo bélico que terminaron dando al traste con aquel inmenso devaneo estético, que hizo animosos y combativos a tantos jóvenes. La nueva cultura europea era eso, la misma que después se mezcló con éxito determinante a la naciente en el mundo del dólar. Y la misma que hoy parece lejana... y sólo hace cincuenta años que se produjo. ¿Es posible que la Europa actual no posea ya ninguna de las claves, de las intuiciones que concurrieron a ese suceso de crecimiento de las ideas y las sensaciones? Entonces, la aparición de un ismo tras otro producía como una vengativa alegría en los jóvenes, cuyas posibilidades de evasión o acercamiento a otra realidad se multiplicaban. El ancien regirme caía hecho añicos, se le veía caer lenta e inexorablemente con el ritmo de una película retardada. Era el templo de los filisteos regalándonos con su caída apocalíptica en un agradable sinfín. Era como ese filme de Warhol en que un mozo, durante un tiempo indefinido, se come una banana tras otra, siempre la misma, pero con juguetonas variaciones de clima y de luz. Era, pues, como un orgasmo infinito ver y sentir cómo los jóvenes podíamos tomar instrumentos de expresión nuevos para cambiar el mundo a nuestra imagen. ¡Y qué de facilidades para ello! Qué facilidades para que los tímidos artistas dejaran de serlo. Un poco de audacia y ¡zas? ya éramos malditos. Ya se desenvolvía la vida en el imponderable glamour de la transgresión. ¿Queremos suponer novelescamente- pero con poco riesgo de mentir- lo que sería el encuentro de Lorca y Dalí? ¡Ay, jóvenes míos, de qué placeres incalculables os priva la sociedad de hoy! Para Lorca, fino señorito provinciano con un genio entonces oculto; más fino quizá por dentro que por fuera, con una morenez beréber- y el mundo erótico arcano que eso comportaba- enfrentarse con el señorito Dalí, hijo de la burguesía catalana, moreno blanco, joven cosmopolita sin apenas haber puesto fuera los pies, pero iniciado en todas las claves de la vanguardia, debió ser para él, para Lorca, una aventura de inten- ¿Y IDILIO EN LA VANGUARDIA MARFILES LA MAYOR EXPOSICON DE EUROPA A LOS MEJORES PRECIOS PIEZAS EXCEPCIONALES Y UNICASPAREJAS DE COMILLOS EN TODOS LOS TAMAÑOS- FIGURAS- ANIMALESAJEDRECES- COLMILLOS TALLADOS NETSUKES- ETCETERA x pjt n CM l sT- i y MADRID 2761074- 276 5667 pero su naturaleza viril enriquecida por una sensibilidad femenina se rebela o se retrae. Está claro que, para Dalí, el arte se hace sin corazón. O mejor, con un corazón estético, como cortado por un buen sastre. En el corazón de Lorca hay más ángeles y demonios que en el de Dalí. Y ser moderno no es to que más importa. Sino alcanzar el paraíso más perdido, el de los gitanos esotéricos, que mandan sus jipíos a la luna como perros del Apocalipsis. Lorca sabe que Dalí lleva razón. Pero en todo caso la amistad se congela un poco. Luego, desesperado de no hallar un paraíso conjunto Lorca- hagamos todas las distinciones cronológicas que querámosse va a América, a Nueva York. Cree más que nunca en sus pasiones, Lorca se tiene muy claro a sí mismo. Y creyendo aborrecer su pequeño mundo familiar y sus propias ansias frustradas, ensaya el método a base del corazón estético. El tiene los dos, lo tiene todo, no nos inquietemos; pero el corazón estético le da buenos resultados. El Poeta en Nueva York tuvo que demostrarle a Dalí la clase de tipo que le pasó rozando con mirada verde. Una especie de Góngora- Baudelaire, todo nuevo y de la más nca sustancia. Y ya más tarde, todo eso, con leyenda, banderas al viento con la Internacional de fondo, homenajes sin cuento y tiro de gracia. Un mito perfecto. Casi un tópico. Para que veamos: las vanguardias eran hasta celestinescas, grandes entrometidas; guiaban el destino de muchas gentes de la cultura que se diría ahora, emulsionaban sus pasiones más íntimas, eran carne y sangre del propio destino. Ésos chicos, nietos de Nietzsche, ya querían ser semidioses y creían en unos jardinismos parnasianos y olímpicos llenos de árboles frutales cargados de novedades: el cine, el jazz hasta los deportes... Para los que así fueron entonces no ha habido batacazo. Los viejos surrealistas se han quedado como embalsamados con un gesto beatífico. O quizás alelado. Los que han muerto parece que lo han hecho como santos. Eran los santos padres de la iglesia de la vanguardia, una forma de iluminación que venía del monte Sinaí, por la mucha parte que tuvieron en ella bastantes judíos. La vanguardia era orgánica, porque estaba formada por su contenido, que eran los innumerables ismos postineros. Y finalmente- e s t o es gloria española- por el postismo. Nos toco a nosotros dar el último clarinazo apocalíptico de la vanguardia, el último grito. Pero, como a españoles estigmatizados por el régimen, no se nos oyó. Ni siquiera aquí. En fin, el tiempo de la vanguardia pasó. Todo parece definitivamente hecho y dispuesto a durar. Esto sí que es abummiento. ¿Es posible que ya nadie pueda inventar una mentira graciosa que transforme las almas y las imágenes, una de esas diabluras que se llamaron vanguardias? Pero ya verán ustedes: a final de siglo se harán películas con el fondo ambiental de las vanguardias, como en tiempos se hicieron con fondo de revolución de octubre. Una gran ilusión perdida. Francisco NIEVA