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VIERNES 20- 11- 87- ESPECTACULOS ABC, pág. 87 La bella música de Ornette El show de Anita O Day, testigo de una época pasada Coleman, un desafío al futuro Pedro Iíurralde adamado por los madrileños Madrid La presencia de Anita O Day evocó una época única e irrecuperable: la era del swing donde las vocalistas eran reinas, y, escoltadas por las más amplias y sólidas big bands alegraban las veladas de las parejas y arrullaban sus romances en los grandes salones de baile que cedieron su puesto a los clubes íntimos. Los clubes dejaron paso a los macrofestivales. Y Anita O Day se paseó, con éxito, por todos ellos. Una de las actuaciones más esperadas por lo novedoso era la de esta cantante blanca, que junto a la próxima presencia de María Joao, ejemplifican una de las más bellas modalidades del jazz sus vocalistas. Nacida en Chicago, lanzada a la fama por Gene Krupa, con quien volvió tras su etapa con la orquesta de Kenton, con algunos períodos de inactividad, dejó también constancia de su arte en numerosos clubes americanos, y realizó giras triunfales por todo el mundo. Sus cualidades técnicas, su peculiar voz, ronca y aterciopelada, su desparpajo y su facilidad para expresar con swing el sentimiento de las letras de sus interpretaciones, la significaron en el criterio de los expertos como una de las más grandes cantantes blancas de todos los tiempos. Como es habitual en este tipo de conciertos, sus paladines la esperaron en el escenario. James Marentick (saxo tenor y flauta) Merryl Hoover (piano) Marshall Wood (contrabajo) y James Madison (batería) Con perfección e intensidad, a tiempo rápido, calentaron el ambiente con Invitation y Confirmation. Allí dejaron ya patente sus calidades sobresalientes de intérpretes. Cuando estaban atacando los primeros compases de Wave, surgió en escena Anita O Day. Pantalones y corta blusa negros permitieron apreciar su todavía estilizada figura, además de facilitarle su desplazamiento por el escenario. Durante su amplia actuación, pero sin bises, la vocalista hablaba con el público, dialogaba con sus músicos, en un espectáculo que distribuía su protagonismo vocalista con mesura. Gershwin estuvo recordado en S Wonderful y They can t take that away from me. Honeysuckle Rouse y My Funny Valentine merecieron los mimos de contrabajista y pianista respectivamente. Sus éxitos con Krupa, era el año 1941, recordaba Anita, dejaron paso a la evocación de Benny Goodman, a Woody Hermán y sus rebaños con especial atención a los Four Brothers e incluso al festival de New Port y George Wein. Su técnica y sus formas- quien tuvo, retuvo... salvaron el evocador concierto, donde triunfó el sonido estrecho pero oscuro y cálido del saxofonista Marentick. Otro saxofonista, Pedro Iturralde, en compañía de Horacio Icasto, Horacio Fumero y Peer Wyboris, en olor de multitud- tres bises- dio uno de sus inmaculados conciertos, basado en su repertorio, donde destacaron remember Clifford, de Benny Golson; Like Coltrane, del propio Iturralde, y sus extensas y virtuosas codas finales. Como siempre, un maestro del saxo. Ángel Luis INURRIA El free como revolución consolidada Madrid El cuarteto de Ornette Coleman se presentó ayer en Madrid, en sesiones de tarde y noche, en el teatro Albéniz, consiguiendo uno de los mayores éxitos artísticos del presente Festival de Jazz de Madrid, que finalizará mañana, sábado, con las actuaciones de Barry Harris y Joe Pass con Herb Ellis en el mismo escenario. ¿Vanguardia? ¿Qué vanguardia? Esta es la pregunta que pueden hacerse los aficionados que acuden a presenciar las actuaciones de quienes realizaron la revolución dentro del jazz hace veinte años. Esto indica dos cosas: que el jazz nó abre nuevos caminos y que quienes rompieron moldes han conseguido unlversalizar su nueva doctrina. Como cualquier revolución, para que triunfe, necesita también el jazz realizar el salto al poder, donde se instala la norma establecida, la toma del mismo y su posterior asentamiento para difundir las nuevas ideas. Ornette Coleman lo consiguió. Mientras espera que nuevos jóvenes rompan los cánones hoy admitidos, mientras el jazz se debate entre el swing la fusión, el esteticismo romántico, el renacer del be- bop el jazzrock o el free- punk mientras tanto, el saxo altista que grabó en 1961 su Free- Jazz ha recompuesto su cuarteto primitivo: Don Cherry (trompeta de bolsillo) Charlie Haden (contrabajo) y Billy Higgins (batería) Con ellos se dedica a grabar uri nuevo disco y a tocar su música en los grandes festivales europeos. Pero con disco nuevo o sin él, la música siempre responde al mismo concepto compositivo de Ornette Coleman, aunque en esta ocasión se beneficie de la presencia de los músicos que mejor entienden su mensaje. Un discurso musical que se apoya, y pasa, por el conocimiento de las raíces. La música que ejecutaron en el Albéniz fue de una belleza natural. Las bellas frases melódicas del saxo alto de Coleman surgían como ejemplo de generación espontánea, aunque para ello el padre del free haya madurado un largo proceso. Compartiendo la complicidad con Don Cherry, al unísono, o relevándose en los protagonismos el clima punzante, sin que el sonido lo fuera, dejaba lugar, en las cortas frases, para la cita. Incansablemente el sonido salía de los instrumentos como una prolongación lógica de su presencia en el escenario. En el repertorio, como siempre, no pudo faltar el Lonely woman, y por si hubiera duda, el blues estuvo presente en el tema Toghether. La empresa colectiva tuvo sus mejores solos en el baterista Billy Higgins, cuya versatilidad, matización, oportunidad y virtuosismo no dejan de asombrarnos por ser conocida. Haden no estuvo afortunado en todos sus solos, aunque cuando golpeó las cuerdas con el arco, sacando un sonido que recordaba al canto de las ballenas, también fue aplaudido. El sistema armoiódico de Ornette Coleman continúa siendo excelente caldo de cultivo para nuevas revoluciones, siempre que se conozca tan bien como él conoce las raíces. A. L. I. CBS venderá su división dediscos por dos mil millones de dólares Nueva York. José María Carrascal La CBS ha decidido vender su división de discos a la Sony por la nada despreciable cantidad de dos mil millones de dólares, unos doscientos treinta mil millones de pesetas. Con ello se realiza una de las mayores transacciones en el mundo de la música electrónica. Sony marcha en la cabeza de la producción de aparatos musicales electrónicos. Ahora, al acaparar también el mercado artístico, va a ser una potencia formidable en este mundo. ¿Por qué vende CBS? Pues porque se halla en medio de una reestructuración para poner unos cimientos financieros más sólidos dentro de la empresa. La compañía había crecido de ser una simple cadena de televisión a convertirse en una compleja multinacional que abarca los ramos más diversos, y aunque esa expansión le había supuesto fama, no siempre le aportó dinero. Es más, con los años había acumulado demasiada grasa lo que le quitaba competitividad frente a empresas mucho más modernas y agresivas. Cuando Laurence Tisch se hizo cargo de la CBS, hace un año, una de sus prioridades fue eliminar esa grasa sobrante, para concentrarse en la original cadena televisiva. Primero vendió la división de libros, Luego, la de revistas, y ahora, la de discos. Y eso que no era mal negocio: el año pasado consiguió ciento noventa millones de dólares de ganancia. Pero la oferta de Sony era demasiado tentadora para ser rechazada. De ahora en adelante, los grandes de la canción no van a tener más remedio que aprender japonés. O, al menos, así habrán de hacerlo sus agentes.