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ABC, pág. 34- TRIBUNA ABIERTA -VIERNES 20- 11- 87 NA vez más, el dialectóiogo ha seguido los pasos de su lengua. Ahora cuadró ir a las tierras por donde pasó Alvar Núñez Cabeza de Vaca, las tierras de las misteriosas Siete Ciudades de Cíbola, las tierras por donde el capitán Gaspar de Viliagrán anduvo para cantarlas en endecasílabos. Aquí hubo una siembra que el dialectólogo hoy trata de agavillar, como ayer en California y Tejas, como mañana en la Luisiana o Colorado. Porque nos hemos empeñado en nuestras pequeneces y nos olvidamos que nuestra lengua llena ambos mundos, como dijo Unamuno en un famoso soneto, y aún tuvo fuerzas para llegar hasta un tercero. Que también para el español de hoy el mundo es ancho y en él, gracias a la lengua, encuentra cobijo y acomodo. Hace muchos, muchísimos años, un investigador de estas tierras se enfrentó con su propia realidad lingüística, la suya, la de su morada vital. Se llamó Aurelio Macedonio Espinosa, y quienes le conocieron saben que procedía de una pequeña ciudad novomejicana, llamada- hermoso nombre- Española. A partir de 1909, los estudios de Espinosa fueron manando en inglés; se tradujeron al español en 1930 y 1946 y quedaron como un hito fundamenta! de nuestra dialectología. Cierto que tuvieron los mejores glosadores: el Amado Alonso, del Instituto de Filología de Buenos Aires, y el Ángel Rosenblat, de la grande y ponderada sabiduría. Pero Espinosa hizo mucho más: recogió los romances españoles, de Nuevo Méjico, y el folclore, y transcribió los tres grandes volúmenes de cuentos populares de nuestra patria. Y fue el arranque de una estirpe de hispanohablantes por tres mundos. Un hijo suyo vino a trabajar en el Centro de Estudios Históricos, y su aprovechamiento fructificó junto a los dialectólogos españoles (ta aspiración en el sur y el oeste de España, la frontera del andaluz) y cuajó en una espléndida tesis doctoral sobre la conservación de s y z sonoras en Salamanca y Cáceres. Pero hubo más, un nieto del primer Espinosa que cuenta para nuestro objeto sirvió en la Marina norteamericana y recaló en la isla de Guam: allí transcribió romances españoles, que en España se editaron. Espinosas de tres mundos. Los estudios sobre el español de Nuevo Méjico merecieron no pocos piropos: Ningún dialecto castellano ha sido ni antes ni después de él tan minuciosamente catalogado en sus variantes fonéticas y morfológicas. Palabras escritas nada menos que por Amado Alonso. Esto valía para 1930. Han pasado muchos, muchísimos años, y las cosas, para fortuna de todos, han cambiado no poco. La obra- n o escatimamos adjetivos: admirable, ejemplar, etcétera- hoy es una obra histórica. Nuestros modos de trabajar son otros; nuestros saberes, más amplios; las cosas han sido modificadas por mil causas sociales. Había que volver a Nuevo Méjico porque América es un mundo en continua mutación y nuestra lengua no está quieta. Pensando en el atlas lingüístico de Hispanoamérica, el dialectólogo español pertrechó trebejos, echó cuestionarios a sus alforjas y, de nuevo, cruzó la mar: hacia Taos y Peñasco, Gallup y Santa Fe, Valle de Bueyeros y Alburquerque. ciones: bilingües con preferencia del español, arrinconado como lengua familiar; bilinPor Manuel ALVAR gües para quienes el español patrimonial va Allí, hora tras hora, transcribió miles y miles siendo sustituido por un español normativo de palabras hasta que rellenó sus cuestiona- aprendido en los centros académicos; monorios. Ahora, cuando medita sobre el mundo lingües de inglés. Muchas veces, al hacer enencontrado, el dialectólogo español quiere cuestas con gentes de más de ochenta años, contar algunas cosas de las que ha podido escuchaba traducir a su español el inglés que vivir tan lejos de su costumbre, aunque pienhabitualmente empleaban con sus nietos, o sa que para el dialectólogo la transcribía campos léxicos en los costumbre no se enquista, sino que el vocabulario había sido que se hace escurridiza, pues reemplazado totalmente (dolenpronto tendrá que aprestar sus cias, tecnicismos mecánicos, enfardeles para ir donde el español señanza) Y sin embargo no todo se hable. Y así desde hace casi era negativo: había rasgos muy cuarenta años, y así hasta que arcaizantes, como el desarrollo Dios le diga que ya es hora de de una e final tras r, n, I, d, o, s, quedarse tranquilo con sus nieque tiene una vitalidad mucho tos. más firme que hace ochenta años, o que Espinosa negó. El dialectólogo español ha seguido Río Grande arriba hasta También es algo sabido en mullegar a Taos, donde los indios chas partes; las técnicas moderviven su mezcla de aislamiento nas de investigación permiten vergonzante y de explotación al afinar más de lo que antes se turista. Pero al dialectólogo esto hacía, dígalo si no madame Manuel Alvar no le preocupa ahora. Quería esSimoni- Aurembou al encontrar la de la Real Academia cuchar, encontrar viejos que aún redialectalización de la Isla de Española hablaran una lengua con su Francia o del Orleanesado. cuño tradicional y compartir con En Nuevo Méjico, el español ellos las experiencias que ha recogido en tiene debilitadas sus posiciones. Aluviones de otros sitios de nuestra América. Difícil preten- gentes que nunca hablaron la lengua y que sión, porque hubo circunstancias que cambia- aquí han venido a establecerse; una organiron mucho en pocos años. España se fue en zación federal que, paradójicamente, es muy i 821; vinieron los mejicanos y sólo duraron unitaria; la aceptación del inglés por todos. un cuarto de siglo; los anglos se quedaron, Porque aquí no ha habido resistencias tenasin estimar mucho a estas gentes. Pero en ces como en Puerto Rico: se aceptó la nueva 1912 Nuevo Méjico fue el Estado 47 de la imposición sin mayores protestas. Acaso Unión y las cosas cobraron un sesgo distinto hubo errores, como creer en una desvinculay acelerado. La enseñanza se impartió sólo ción de Méjico y una evocación más o menos en inglés, y el español quedó como lengua idealizada de España. Pero Méjico estuvo familiar. Se anquilosó y se hizo cada vez más arcaizante. Acentuado el carácter marginal siempre ahí, en la colonia, en la independenque siempre tuvo, nos sorprenden en el mun- cia y en los contactos cotidianos, por más do de hoy los rasgos de la vida rural perdida que tampoco defendiera estas tierras que la en una andadura que ya va siendo muy vieja. Historia le regaló. Pero esto ocurre en todas las áreas extreRío Grande arriba- o Río Bravo, como mas: el dialectólogo oía en Tejas arrear por también se le llama- el dialectólogo español conducir el automóvil o manea por freno se plantea problemas de geografía lingüística del auto con tanta sorpresa como escucha- y de relaciones entre lengua y sociedad, hoy ba a los albañiles de su tierra decir enganmucho más complejas que en 1910, pero ni char por comenzar el trabajo No hace falta siquiera en 1910 eran sólo como nosotros las discurrir mucho para que las cosas se expli- conocemos en un libro excelente. Aún es quen. Pero ahí están. Vino el inglés, y los tiempo de estudiar y de seguir hacia el sur de viejos se aferraron a su lengua, pero sus hi- Colorado o entrar en Arizona, porque cuando, jos iban a una escuela en la que ya no se ha- por el tratado de Guadalupe Hidalgo (1848) blaba español. Esa segunda generación pos- Méjico cedió a Estados Unidos California y terior a 1912 ya era bilingüe. Los hijos de ella Tejas, Nuevo Méjico comprendía, además, sólo se sentían cómodos hablando en inglés. enormes superficies de esos Estados. Y meAhora aún pueden coincidir tres generanos mal que no dejaron seguir vendiendo tierras al general Antonio López de Santa Anna. BAB- RESTAURANTE G. F. CRIADO LÓPEZ DE HOYOS. 198 Tels. 413 35 51 416 06 37 Carnes, Mariscos i y Pescados frescos TRES MARESJf 60531 a MARISQUERIARESTAURANTE CORAZÓN D E MARIA 77 La Historia no se hace con nostalgias, sino con realidades. Los nostálgicos podrán leer el bronce grabado en la plaza mayor de Taos. Yo veo y siento, pero prefiero trabajar. Estoy casi en el límite septentrional que un día alcanzó mi lengua. Como otro día estuve en el altiplano de Méjico; otro, en las Antillas; otro, en la selva amazónica; otro, en la Pampa; otro, en las costas de Chile. Somos pocos los operarios de esta mies, y el trabajo, mucho. La Historia cuenta y las emociones atenazan. Pero la realidad grita, como eh el viejo cantar castellano: ¡A la siega, segadores!