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MARTES 17- 11- 87- SUCESOS -ABCtpóg. 59 ¡Papá, ven a por mí! ruega Mélodie en la cinta enviada por los secuestradores La emoción impidió al padre escuchar la grabación completa Nueva llamada de los secuestradores a ABC Al filo de las doce de la noche, los secuestradores de la pequeña Mélodie, llamaron por segunda vez consecutiva a la Redacción de ABC para transmitir un nuevo mensaje. En el curso de la conversación aseguraron que existía una nueva carta que incluía una foto de Mélodie portando un ejemplar de nuestro periódico, situada detrás del giratorio del Casino de Nueva Andalucía. Los secuestradores afirmaron que habían mantenido una conversación con el padre de la pequeña en el curso de la cual éste les manifestó que no podría pagar más de 900.000 dólares, mientras que aquellos siguen exigiendo 13 millones de dólares por el rescate. Los comunicantes añadieron que ayer le habían cortado el pelo la niña y que si se pone mala le darán solo agua. Avisado el enviado especial de ABC, Ricardo Domínguez, éste se trasladó al lugar señalado por el comunicante, en compañía del comisario jefe de Estepona, Ricardo Ruiz Coll y del padre de la pequeña Mélodie. En una rotonda detrás del casino apareció, efectivamente, un sobre blanco envueelto en papel de cocina que contenía una nueva grabación en una cinta magnetofónica y otros fotografía de la niña, en esta ocasión, con un ejemplar de ABC del domingo. Además se encontró un mechón de cabello rubio atado con una goma que el señor Nakachian identificó como el de su hija. En la fotografía la pequeña aparecía con una vestimenta distinta a la del día anterior, un chandal rojo. Raymond J. Nakachian manifestó a ABC que los secuestradores de su hija no deben estar en su sano juicio. El señor Nakchian se mostró muy emocionado mientras se abría el sobre que contenía nuevos testimonios del secuentro de su hija. fuerzas para la lucha que llevan contra los delincuentes. Esta nueva comunicación se recibiría en la cafetería Puerta del Sol, en San Pedro de Alcántara, adonde acudió el señor Nakachian para entrevistarse telefónicamente con los raptores de su hija. Después, un nuevo silencio, aunque también se dice que se produjo otro contacto en un restaurante del Puerto Banús. Ayer el padre de Mélodie se reunió en su casa con. un banquero y mantuvo en un local de Marbella una cita con otro ejecutivo de la Banca. Y, entretanto, registros, esperas y las detenciones de dos subditos británicos. A las diez y media de la noche, la princesa Kimera, compareció ante los periodistas para ofrecerles unos vasos de café y, en francés, decirles: Perdonen por no haber podido salir antes. Espero poder darles pronto buenas noticias. Aún es pronto Tras su declaración regresó a su casa. Sin embargo, a ruegos de los periodistas gráficos y de televisión salió de nuevo a la calle para posar ante ellos y comentó que: Espero que la próxima vez os lleve a todos dentro de mi casa. Estepona (Málaga) Ricardo Domínguez, enviado especial Sentirse uno involucrado en cierta manera dentro del protagonismo de un caso de secuestro no es, ni con mucho, un plato de gusto. Al menos eso es lo que ahora, con toda la humildad del mundo, ha de confesar quien redacta estas líneas, por cuanto eso que en las malas novelas del género policiaco llaman el sabor del miedo y, desde luego, el sentido de la responsabilidad en toda la acepción de la palabra llega a mascarse cuando menos se espera en esta vida. Y nos referimos con esta entradilla, simple y llanamente, al estado de ánimo que puede liegar a sentir una persona, sobre todo cuando se encuentra en juego la vida de otra, y en concreto la de una preciosa criatura, que, una vez más, por culpa de unos individuos influidos por la codicia, las pasiones humanas o la rapiña han perpetrado uno de los más execrables crímenes: el de la privación de libertad de una persona a cambio de un rescate por dinero. Ahora, después del contacto que los secuestradores de la pequeña Mélodie mantuvieron con ABC, parece el momento de relatar cómo se produjeron los hechos y el desarrollo que se siguió en Estepona, donde una vez más la Policía actuó con una gran celeridad. parece simplemente una tomadura de pelo vaya adquiriendo visos de verosimilitud. El supuesto mensaje que me han dejado los secuestradores se ha de verificar con toda urgencia. Y aquí, precisamente en este punto, comienzo a creer que de la pronta llegada de la misiva a manos de las autoridades y de la familia puede depender una pista para hallar a Mélodie. ¿Pero cómo comprobar en el caso de que el anónimo mensaje sea cierto? La buena estrella parece ponerse de mi parte, pues en ese momento cruza ante mí un coche Z de la Policía. Tiro el auricular del teléfono y corro detrás del vehículo, dando voces... Al final se detienen, y comienzo, apresuradamente, a relatar lo que ocurre. Vuelvo a la cabina telefónica, y de forma pausada y paciente mi compañera me repite el mensaje. El inspector que ahora me acompaña toma apresuradas notas y realiza un gesto extraño cuando escucha las frases: El padre nos ofreció trescientos mil dólares el otro día y hoy nos ha ofrecido un millón. Y eso no estamos dispuestos a consentir. La conversación que mantengo se interrumpirá unos breves instantes, pues presiento que alguien se encuentra fuera de la cabina, a mis espaldas. Y al salir de la misma mi sorpresa será grande, pues allí, frente a mí, se encuentra Raymond J. Nakachian. El hombretón se acerca para preguntar: ¿Y usted quién es? Y, tras identificarme, inquirirá de una forma seca: ¿Y usted qué es lo que ha escrito? momento en que interviene el inspector y, a renglón seguido, el padre de la raptada entrará de nuevo en el turismo y desaparecerá... La historia toca prácticamente a su fin, pues serán los propios patrulleros los que comuniquen lo que sucede a la Comisaría de Estepona y desde allí se envíen efectivos a recoger e! paquete, y tendré posteriormente que realizar un rápido viaje por carretera para poder comprobar que tanto el mensaje como el paquete enviados son auténticos. La cinta en la que está grabada la voz de la niña, y cuya duración no excede de los dos minutos, es muy fuerte. Con voz patética y expresándose en francés, y con algunas palabras en inglés, pide, siempre dirigiéndose a su padre, que la saque de allí: Un papá, ven a por mí se repetirá incesantemente. Son frases entrecortadas, angustiosas, que el propio señor Nakachian no pudo resistir durante mucho y que pidió por amor de Dios que no se divulgaran. Y también la fotografía enviada, en la que la pequeña ha sido lavada y peinada tras el patético llamamiento, realizado por su madre. La grabación ha sido escuchada sólo por los policías que llevan el caso, a los cuales se les hizo un nudo en la garganta, pero que también en cierto modo les ha dado más Llamaron a ABC Ocho de la tarde del domingo. Es noche cerrada. Numerosos representantes de los medios informativos montamos guardia frente a la puerta trasera de Villa Mélodie A esa hora el nivel informativo sólo se circunscribe a ¡das y venidas de potentes automóviles a la residencia de la familia angustiada, donde una madre, despeinada y que viste un chandal desde hace días, pues ni siquiera tiene fuerzas para cambiarse de ropa, va de un lado para otro. Mi mujer vive entre la ilusión y la realidad- h a comentado Raymond J. Nakachian- Ruego a Dios para que devuelvan a nuestra hija... Es ciertamente esta estabilidad informativa la que me mueve a buscar otros puntos informativos en busca de nuevas noticias, por lo que decido buscar una cabina telefónica para introducir tan sólo dos nuevos detalles que se diferencian del relato anterior: y éstos serán el haber conocido que una de las fotografías enviadas se ha tomado sobre un fondo blanco que puede ser una sábana o una pared, y del otro ya no me acuerdo. Así las cosas, localizo una cabina situada a la entrada de la urbanización Atalaya Alta. Y también será, precisamente cuando realizo esta comunicación telefónica con ABC, cuando la voz entrecortada y nerviosa de una compañera me comunica que los secuestradores de la pequeña Mélodie desean ponerse en contacto conmigo. También se me informa de que se han producido llamadas con las que pretenden localizarme en el hotel donde me hospedo; que me dirija a tal o cual sitio. Evidentemente, es una broma pienso. Hasta el momento en que mi amiga y compañera de trabajo hace saltar la chispa: el escuchar determinada frase que no parece propia de una chanza o un loco y el pensar que nadie de mis compañeros es capaz de un hecho semejante hace que lo que en principio