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MARTES 17- 11- 87 INTERNACIONAL -Cien años del nacimiento de Montgomery A B C 37 De cadete poco brillante al momento triunfal de El Alamein Un accidente le catapultó al mando del VII Ejército en África Los seis militares británicos que fueron ascendidos ai empleo de mariscal de campo, de 1939 a 1945, en la segunda guerra mundial, tienen sus raíces familiares en Irlanda. Montgomery, sir John Dill y lord Got procedían de lo que ahora es la República de Dublín. Los otros tres, lord Alexander, lord Alanbroke y sir Claude Auschinlek, eran de los seis Condados del Ulster que todavía continúan bajo soberanía de la Gran Bretaña. Esa raíz angloirlandesa explica muchas facetas del carácter de Montgomery. Su disciplina religiosa no sólo estaba gobernada por su padre, obispo anglicano de Tasmania (Australia) y por su madre. Aquellos orígenes irlandeses son inspiradores del fanatismo, de la obstinación y del espíritu de resistencia ante las pretensiones de la población autóctona, despojada de sus tierras en beneficio de la importada por Inglaterra. Entre ella, los Montgomery. De su madre hereda una determinación inquebrantable. Sus relaciones con ella le aseguraron una infancia desventurada. Cuando termina los estudios sin brillantez en el colegio londinense de Saint Paul, sólo había descollado en la práctica de algunos deportes. Anuncia su propósito de ingresar en la Academia Militar de Sandhurst y sus profesores le anticipan que habrá de estudiar mucho para lograrlo. Lo consigue el mes de enero de 1907, después de cumplir diecinueve años. No era, precisamente, de los jóvenes de su promoción. Pronto es ascendido a cabo- cadete, pero pierde los galones y queda muy cerca de ser expulsado de la Academia. En una inocentada contra un compañero, le quema los faldones de la camisa y le causa lesiones graves. En la investigación oficial queda comprobada su responsabilidad. No pierde la carrera por el canto de un penique. El hecho es una carga explosiva en el hogar del obispo. Los padres temen además que ninguno de sus nueve hijos logre asegurarse una carrera eclesiástica. Bernard Montgomery termina los estudios militares sin brillantez. Pero tras la experiencia de aquella inocentada, se transformó en un oficial estudioso, metódico con ideas preconcebidas. No logra su aspiración de incorporarse directamente a una unidad del Ejército de la Indta, donde su abuelo había dejado un recuerdo excelente. Ingresa en el regimiento de Infantería de Warwickshire y con su primer batallón pasa a servir en aquel subcontinente. En 1913 regresa con su unidad a Inglaterra. La guerra mundial está en el horizonte y pasa al continente en el SS Caledonia y desembarca con el regimiento en Boulogne. Su primer hecho de armas es cubrir la retirada de dos divisiones y en esas acciones es herido gravemente. Salva la vida porque el cadáver de uno de los soldados que acudieron a rescatarle quedó tendido sobre el oficial y encajó los proyectiles del enemigo. Sirve en Irlanda, con el empleo de comandante, y participa en la campaña contra Sinn Fein, la organización nacionalista. Y nuevos destinos en regimientos en los que no pierde ocasión de repetir que por falta de adiestramiento los oficiales se limitan a jugar con los soldados. Adquiere fama de listo y trabajador Es profesor de la Escuela de Estado Mayor de Cámberley (sur de Inglaterra) y vuelve al regimiento de origen para mandar el primer batallón. Con esta unidad va a Palestina. Era el año 1931 y disfrutaba de un mando independiente. La guerra sorprende al Ejército británico sin preparación. Montgomery va con su división al continente y participa en la retirada hacia Dunquerque. En julio de 1940 le encomiendan el V Cuerpo de Ejército, estacionado en el sur de Inglaterra, en el condado de Kent. Ya es teniente general. La leyenda se asocia ya con la realidad. Dice que no hay malos soldados, sino malos oficiales. Se salva del desprestigio del fiasco del desembarco en Dieppe, calvario de la tropa canadiense. Montgomery se estaba afeitando aquel día 8 de agosto de 1942 cuando le llaman por teléfono del Ministerio de la Guerra. El general Gott, que había sido elegido para mandar el VIII Ejército, acababa de morir en un accidente de aviación. Montgomery era el nombrado para sustituirle. Sería la encrucijada de su vida. Su hora estelar estaba ya en el horizonte.