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DE SEMANA Sesión de tarde Domingo cinc Estrenos TV Heinz Rühman, más modélico como marido que como actor José Luis López Vázquez demuestra, en esta escena de Crónica sentimental en rojo que es un actor de armas tomar Esta es una versión checoslovaca de la célebre Adiós cigüeña, adiós Un marido modelo Director: Wolfgang Liebeneiner. 1937. Blanco y negro. Noventa y un minutos. Domingo, a las seis, por la Segunda Cadena, en Sesión de Tarde Crónica sentimental en rojo Director: Rovira Beleta. 1984. Color. Ciento siete minutos. Domingo, a las diez treinta y cinco, por la Primera Cadena, en Domingo Cine Juegos Director: Miljal Dostal. 1984. Color. Sesenta y nueve minutos. Domingo, a las cuatro y cinco, por la Primera Cadena, en Estrenos TV No fue nunca demasiado brillante la comedia cinematográfica alemana, si se exceptúa a Lubitsch, que, de otra parte, hizo lo mejor de su obra cuando ya se hallaba afincado en Estados Unidos. Y no es Un marido modelo la película que puede considerarse como la excepción a la presunta regla. Se trata, en efecto, de un filme a la mayor gloria de Heinz Rühman, cómico, por así decirlo, oficial de su país en los días del nazismo, de humor pasablemente estólido y registros muy limitados, que ha dirigido un artesano del que apenas si prevalece otro recuerdo que el de haber sido el artífice de un éxito notable en su día, El último vals de Chopin biografía novelada del célebre compositor. En esta ocasión, Liebeneiner ha hecho una película a imitación de las americanas, o, si prefiere, de los filmes de teléfonos blancos que en Italia se producían a la sazón, sobre patrón yanqui Y lo menos que puede decirse es que su trabajo no resista la comparación no ya con los productos al otro lado del Atlántico, sino ni con los rodados del otro lado de los Alpes. Todo es tosco, repetitivo y escasamente original, y nada, en definitiva, justifica la exhumación de un material tan escasamente atractivo. Rühman se repite a sí mismo, lo mismo que hizo en los más de cien títulos que protagonizó, aunque ya en los últimos arios cincuenta y primeros sesenta, intentó cambiar su imagen en películas como El capitán de Koepenick y El barco de los locos VIERNES 13- 11- 87 Producida para la televisión, aunque estrenada previamente en salas comerciales, la película marca el regreso al cine, tras largos años de un silencio en parte inexplicable, de un notable realizador español, a quien se deben títulos como Los Tarantos que dan prueba de un talento indiscutible. Lamentablemente, en este caso, Rovira Beleta se ha equivocado al adaptar, en colaboración con Enrique José, la novela de Francisco González Ledesma, que obtuvo el Premio Planeta el mismo año en que el filme se realizó y que, traducida a imágenes, se queda reducida a una confusa y nada apasionante historia policíaca, con pretensiones de realismo crítico escasamente inspirada. Resulta, en efecto, difícil creer en lo que se nos cuenta, ni en los atrabiliarios personajes en torno a los que se estructura una acción que se quiere dinámica y es sólo embarullada, en parte por culpa del guión y en parte, también, por la de una puesta en escena desmañada, que no deja de sorprender en un nombre como el realizador del filme, que siempre- o c a s i había sabido narrar cinematográficamente, cuando menos, con corrección. Ni siquiera los actores, que no parecen sentirse a gusto en la piel de sus personajes, se salvan del desastre, con excepción de López Vázquez, que, a fuerza de profesionalidad, logra que el inspector al que encarna parezca un ser vivo. Entre los secundarios cabe destacar a José María Blanco, que merecería mejor suerte que la que suele tener. De producción checoslovaca, el filme se centra en torno al nacimiento y primeros pasos en la vida del fruto de la relación de una pareja adolescente que no sabe muy bien qué hacer con la criatura. Está tratado en tono moralista, en clave de naturalismo y responde a un tipo de producción destinada a la pequela pantalla, y dirigida a los espectadores más jóvenes. Puede, desde nuestra perspectiva, parecemos pasablemente ingenuo. Y, en cualquier caso, resulta bastante menos notable que la película que, sobre un tema similar, hiciera Manuel Summers hace ya más de quince años con el título de Adiós, cigüeña, adiós a la que siguió una escuela netamente inferior, El niño es nuestro -Cine parabólicas El romance de Murphy Director: Martin Ritt Color. Ciento ocho minutos. Intérpretes: Sally Field, James Garner, Brían Kerwin y Corey Halm. Domingo, a las once menos cinco, por Premiere El caballero negro Director: Tay Garnett. 1955. Color. Intérpretes: Alan Ladd, Patricia Medina y Andre Morell. Viernes, a las once menos cinco, por SAT 1 Agnes de Dios Director: Norman Jewison. Color. Ciento diecisiete minutos. Intérpretes: Jane Fonda, Anne Bancroft, Meg Tilty. Viernes 13, a las cuatro, por Premiere La acción discurre en un pueblecito de Arizona, al que llega una mujer separada del marido, con un hijo de doce años. Más tarde se establecerá el clásico triángulo entre esa mujer, el heladero del pueblo, Murphy, y el marido que regresa. La película tiene un ritmo narrativo dinámico y atrayente. A las órdenes de Ritt, el reparto realiza un buen trabajo, el que resulta un producto idóneo para cuarentones y cincuentones, a los que Murphy servirá de ejemplo y arquetipo esperanzador. Los caballeros de la Tabla Redonda y el legendario rey Arturo son el centro de esta película, carente de emoción, ya que desde el comienzo se plasma la superioridad de los invencibles buenos sobre los eternos malos. La justicia, el honor, la nobleza, la verdad y el bien son valores que se defienden con dosis de puñetazos y ríos de sangre, si es preciso. Alan Ladd se supera en la interpretación, haciéndonos olvidar sus inefables papeles de vaquero del Oeste americano en trabajos anteriores. Una novicia adolescente tiene un hijo en el convento, pero la criatura aparece muerta poco tiempo después. Un Tribunal trata de determinar si Agnes, la joven novicia, debe ser procesada o no, pero una enérgica abogada, persuadida de su inocencia, trata de averiguar lo sucedido a través de la superiora, ya que la muchacha insiste en que no recuerda nada del alumbramiento. La historia, con un desenlace un poco confuso, tiene su máximo aliciente en la magnífica interpretación de las tres protagonistas. B C 125