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VIERNES 13- 11- 87- INTERNACIONAL -ABCpóg. 33 Un dirigente popular procupado por el soviético de a pie Moscú. Agencias El ex número uno del Partido Comunista moscovita, Boris Eltsin, ha simbolizado, con su caída, el primer golpe duro a la perestroika de Gorbachov y un triunfo de los inmovilistas del KGB y la ideología oficial del Partido. Partidario incondicional de Mijait Gorbachov y sus métodos, que ha podido ir aplicando poco a poco, con extrema dificultad y vigilado siempre de cerca por el establishment Boris Eltsin se ha convertido en el primer mártir de los nuevos vientos en la URSS. Amigo de las multitudes, deseoso de entrar en contacto con el hombre de la calle, con el soviético de a pie no ha podido resistir los crecientes embates de los opositores a la política de. limpieza en profundidad practicada por Gorbachov desde su ascenso al Poder supremo de la URSS. Dicen de Eltsin que en una ocasión entró, de incógnito, en una tienda de alimentación en Moscú. Los que escucharon la conversación la repiten aún hoy: ¿Por que no tiene usted carne? -decía Eltsin al dependendient e- ¿o es que considera usted que estos huesos con grasa son carne? Yo no soy un ama de casa, pero si lo fuera, ¿por qué tendría que comprarla? No contento con ejercer la crítica, Eltsin era de los- que se preocupaba, especialmente, en el ramo de los productos de consumo primarios y que viendo que el problema no radicaba única y exclusivamente en los establecimientos trató de poner orden en ello, lo que costó su puesto de trabajo a cientos de responsables del comercio anclados en el inmovilismo de la época Brezneviana. Un hombre emprendedor, según sus biógrafos, sencillo y de trato agradable y políticamente partidario incondicional de Gorbachov, a quien siempre ha contemplado como el hombre que tenía en sus manos la posibilidad y el deseo de impulsar a la URSS por un camino distinto al que había practicado hasta el momento, y eso, nada menos, que durante el setenta aniversario de la revolución bolchevique. Otras instancias, sin embargo, han acabado con su carrera y han privado al número uno del Kremlin de un valioso colaborador en las reformas. La primera crisis de la perestroika se salda con una victoria de los sectores ortodoxos La caída de Eltsin refuerza el poder del número dos soviético Moscú. Alberto Sotillo La caída del jefe de Moscú, Boris Eltsin, tras su enfrentamiento con los guardianes de la ortodoxia liderados por el jefe del KGB, Víctor Chebrikov, y el ideólogo oficial del régimen, Al mismo tiempo, el cese de Eltsin, tras lo que no ha sido más que la explosiva manifestación de una discrepancia en el seno del Comité Central del PCUS, supone un serio golpe contra los deseos y manifestaciones de quienes esperan un debate más plural o, según la fórmula oficial, una franca discusión de los diferentes puntos de vista en el seno del partido único. Por el contrario, sale reforzado de la crisis el ideólogo y ortodoxo Igor Ligachov, a quien hace unos meses no le faltaban razones para temer un recorte de su poder, tras comprobar cómo debía ceder sus responsabilidades sobre el área de agricultura y compartir el papel de lugarteniente del líder soviético con otro ideólogo, Alexander Yakovlev, éste de carácter más liberal. Ligachov, que ha estado presente en la reunión del partido que cesó a Eltsin, ha salido así reforzado de la crisis como el número dos de pleno derecho del sistema, la figura que en segundo plano vigilaba y anotaba la ideológica intervención de Gorbachov sobre el LXX aniversario de la revolución. Igor Ligachov, es considerada por medios diplomáticos y occidentales en Moscú como la primera gran derrota de los reformistas liberales- entre los que se contaba a Gorbachov- decididos a realizar la modernización de la URSS. das, en su deseo de abrir más despachos de licores, para evitar las dantescas colas formadas a sus puertas, y en su manga ancha hacia los jóvenes que bailaban break o los judíos y tártaros que desplegaban sus pancartas reivindicativas en el centro de Moscú. Una lección que el líder soviético parece haber extraído de esta crisis es que el patrón de Moscú necesita ser un hombre políticamente fuerte, algo que venía esperando Eltsin en vano, desde que fuera el eterno candidato a miembro de pleno derecho del Politburó. El nuevo jefe de la capital soviética, Lev Zaikov, es así uno de los pesos pesados de la escena política de la URSS. Político escasamente conflictivo, caracterizado por su fidelidad sin estruendo ni disonancias hacia Gorbachov, su nombramiento sólo parece extraño por una circunstancia: su origen leningradense, ciudad de la que también fue responsable, algo así como si para la alcaldía de Madrid fuese nombrado un catalán, antiguo alcalde de Barcelona. La contraofensiva no se hizo esperar. Los escritores Yuri Bondarev y Vasili Bielo- novelistas de la segunda guerra mundialy el autor de gran éxito Valentín Rasputín, en una serie de artículos destinados a ensalzar las virtudes del duro trabajo físico para la juventud, aprovecharon para lanzar sus puyas contra los defensores del nuevo arbat en absoluto representativo, según ellos, de lo que deben ser las esencias de Rusia. Pronto, todos se disputaron el arbát Los hombres de Eltsin intentaron ceder los hermosos edificios de la calle a las nuevas cooperativas privadas. Pero, a varias instancias en el Poder, tal iniciativa no les entusiasmó. Fue la primera derrota de una batalla que parece definitivamente perdida. Tras la caída en desgracia de Eltsin, el KGB se halla más presente que nunca en el arbat Boris Eltsin Asimismo, el KGB ha dado muestras de que, probablemente, no anden muy descaminados quienes gustan de traducir sus siglas por la todopoderosa policía secreta soviética El jefe de esta institución protagonizó una fuerte polémica con el jefe del partido en Moscú sobre diferentes conceptos de entender el orden público para la capital soviética. Así, en tanto Eltsin abogaba por un menor control policial y burocrático a la hora de poner en práctica las reformas, Chebrh kov y Ligachov consideraron que había ido demasiado lejos en su apoyo a las cooperativas priva- Ortega amenaza con cerrar de nuevo el diario La Prensa Condiciona la medida a la actitud de EE UU Washington. Afp, Ap, Dpa, Efe, Reuter, Upi El presidente nicaragüense, Daniel Ortega, reiteró ayer en Washington que su Gobierno volverá a clausurar el diario opositor La Prensa en caso de que la Administración Reagan vea aprobados los 270 millones de dólares más en ayuda a los contra El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, afirmó que. si Estados Unidos aprueba 270 millones de dólares más en ayuda para los contra sería clausurado de nuevo el diario opositor La Prensa A juicio de Ortega, fue la política del presidente estadounidense, Ronald Reagan, lo que cerró La Prensa y que si continúa con ella se cerrará no sólo este periódico, sino el espacio político abierto El pasado martes, el secretario de Estado norteamericano, George Shultz, declaró en la reunión anual de la Organización de Estados Americanos (OEA) que la Administración de Estados Unidos retrasará la solicitud de esta nueva ayuda militar y humanitaria para los rebeldes antisandinistas hasta principios de 1988.