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MIÉRCOLES 11- 11- 87- OPINION HÁBC pág. 15 L artículo sexto del convenio entre los Estados Unidos y España ha sido aplicado por el Gobierno de don Felipe González con unas horas de anticipación sobre los últimos plazos pactados, advirtiendo que no habrá prórroga automática del acuerdo. El acontecimiento había sido previsto por ambas partes, desde el fracaso de la séptima ronda de negociaciones. Pero la puesta en marcha del mecanismo de relojería incluido en el texto bilateral para regular la duración del pacto, no puede ocultar la gravedad del momento. Y para clarificar las cosas, nada resulta más necesario que empezar a llamarlas por su nombre. A España y a los Estados Unidos les quedan seis meses- -14 de noviembre de 1987, 14 de mayo de 1988- -para que empiece a sonar la cuenta atrás de la salida de los efectivos nor teamericanos de todas sus bases españolas en un plazo de doce meses El 14 de mayo no habrá denuncia ni trámite jurídico alguno, sino la pura y simple orden de desahucio de las instalaciones militares americanas, que tienen doce meses para retirarse. Y esta retirada tendrá carácter total y sin apelación, puesto que así fue convenido en el acuerdo de 1982. Parece, por lo tanto, inadecuado confundir al español de a pie sobre el acontecimiento sucedido en el día de ayer, cuyo contenido real resulta, por otro lado, extremadamente simple. España y los Estados Unidos tienen seis meses para firmar un nuevo acuerdo, pero en cualquier caso estos seis meses son los últimos que tienen disponibles para romper su alianza bilateral o concertar un nuevo pacto. Emplear frases tan confusas como que el Gobierno español no tiene la intención de prorrogar automáticamente el convenio, con la intención de ocultar lo que el convenio de 1982 llamaba claramente denuncia equivale a disfrazar la realidad. Si las partes no llegaran a un acuerdo, podrán denunciar el convenio, lo que surtirá efecto a los seis meses de la notificación escrita dice inequívocamente el convenio actual, en su artículo sexto, apartado cuarto. Y eso, o por lo menos algo de idénticas consecuen- E cias para España, es lo que ha sucedido ayer, 10 de noviembre. Quedan todavía los seis meses de la última esperanza, para evitar algo que sería malo para España, para los Estados Unidos y para la Alianza Atlántica. Nadie sabe si estos seis meses serán capaces de resolver lo que casi dos años de estériles negociaciones no pudieron arreglar; pero en cualquier caso, si alguna solución tuviese el problema, no será el mejor camino el de ocultar la realidad. España denuncia el convenio y se reserva seis meses para intentar una última tentativa de concordia. El buen sentido reclama una solución amistosa, que evite la quiebra de la relación bilateral. Ni la historia, ni los principios que ambas sociedades democráticas comparten, ni el propio peso de las realidades, permiten imaginar hoy una ruptura entre Washington y Madrid. O acaba la economía mundial de ofrecer una situación clara. En el fondo porque, como parece haber probado la reunión de los gobernadores de los principales Bancos emisores en Basilea, nadie importante en el mundo de las decisiones económicas se halla dispuesto a dar su brazo a torcer. Así resulta imposible encontrar una directriz suficiente, inequívoca, sobre la salida a la actual crisis. Norteamérica puede complicar aún más las cosas si continúa ofreciendo esa sensación íictual de no saber bien cómo dirigir su economía. Tras la rueda de Prensa de Reagan y las declaraciones del secretario del Tesoro, Baker, la sensación de esperar y ver se ha adueñado de todos. Pero esa espera significa que no se alivia la sangría de los dos grandes déficit norteamericanos, el presupuestario y el del comercio exterior. Los Estados Unidos siguen su- A acentuada escasez de medios económicos que padece la Administración de Justicia es hecho oficialmente reconocido. Y es impedimento, prácticamente insalvable, para el funcionamiento normal de juzgados y tribunales. La mayoría de los jueces y magistrados se manifiestan, ante tal situación, partidarios de adoptar medidas de protesta, que pueden llegar incluso a la declaración de una huelga de celo. Desean, y es demanda razonable, que sea remediada la infradotación presupuestaria que obstaculiza, con enorme perjuicio general, el desarrollo de su función. El conflicto afecta a la responsabilidad del Gobierno en pleno. No es asunto sólo del correspondiente departamento ministerial. La demanda de los jueces y magistrados merece, por ello, ser atendida sin demoras y con la plenitud que reclama- -por encima de cualquier otra reforma- -el cumplimiento correcto de la misión que tienen encomendada y desean r e a l i z a r sin deficiencias. Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC de Sevilla Francisco Giménez- Alemán Subdirector: Antonio Burgos ABC Subdirectores Oario Valcárcet, Joaquín Vila, José Javaloyes, Manuel Adrio, Joaquín Amado Jefes da Redacción: J. A. Qundfn (Continuidad) J. C. Azcue (E. Especiales) B. Berasátegui (ABC Literario) A. Fernández (Economía) J. I. G. a Garzón (Cultura) A. A. González (Continuidad) R. Gutiérrez (Continuklad) L. Lz. Nicolás (Reportajes) C. Maribona (Continuidad) J. L. Martín Descalzo (Sociedad) J. Olmo (Edición) L I. Parada (Suplementos Económicos) L. Prados de la Plaza (Continuidad) C. 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A. midos en la decisión de gastar- para el Estado de Bienestar y para la Defensa por encima de sus posibilidades. Hasta ahora habían contado con la confianza del mundo; pero ésta se retrae. Lo que queda es comenzar a liquidar los muebles- -esto es, dejar deslizarse el dólar- -o estar dispuestos a pagar altísimos tipos de interés que comprometerían cualquier progreso de su economía. Japón no parece dispuesto a ayudar en serio. En este momento, con Holanda y Suecia, presenta las menores subidas de salarios, medidas en tasa anual, de los trece países más industrializados de la OCDE. Es esto un grave indicio de que no piensa, ni de lejos, incrementar con el necesario vigor su demanda interna. Sin eso, no puede ayudar a los Estados Unidos. El otro necesario punto de apoyo, Alemania, insiste uña y otra vez en que el enemigo es la inflación a través de los incrementos de la oferta monetaria. El único medio de combate que queda es el proporcionado por altas tasas de descuento. Eso debe hacerse aunque se perturbe así la llegada de fondos a los EE UU, aunque se desequilibre el Sistema Monetario Europeo. Ligeras concesiones, como el retoque de tipos de interés para sostener al muy debilitado franco francés, son golond r i n a s a i s l a d a s que no anuncian ningún verano. Nadie manda hoy en el panorama financiero mundial y no se adivina quién y cómo podría comenzar a mandar alguien. El corolario es la depresión del dólar, la caída en las cotizaciones de las Bolsas de todo el mundo y un creciente desorden financiero. Sin embargo, la repercusión negativa va a matizarse mucho según las diversas naciones. Debe pensarse esto respecto a la situación española. Si existe seriedad en el gasto público, mayor flexibilidad en el mercado del trabajo y firme política de mejora de la productividad, pueden ocurrir milagros. De ahí que convenga no empavorecerse, escapando de la Bolsa de cualquier modo o absteniéndose de invertir; pero ello no implica dejar de exigir al Gobierno para que haga lo que debe hacer.