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D ESPUÉS de P ¡zarri y a p e s a r de l o s A n d e s j q u c l l o s s H Í; uieron adelanre, siempre aúcanic, como sj llevasen eí demonio demro y a D n n O u i j o i e a su v e r a Y a V O Í idma de cánraTO. uicti os ha encajado en ei eerebrtí que sois caballero andante y que vencéis gjfiantcs y prendéis maíandrJnesV A n d a d e n h o r a b u e n a y en l a l se os diga: volveos a vuestra casa, y cnad vucsírnfí hijiis sí los leñéis, y curad de vuestra hacienda, y dejar de andar vagando por eí mundo papando vienro y dando que reír a cuantos os c nocen y no os conocen. r) L U OnV MISÜB. LOI DE LA HITO li LOS CABALLOS DE LA ARGENTINA (49) B i e n p o r la r e g i ó n c o s t e r a- -escribe Morales Padrón- bien por t i interior a través de B o l j v n i las huestes que llegaron a Lima prosiguieron su marcha hacia el Sur muchas veces para descargar la (i e r r a es d e c i r para descongcstionaria de gente pendenciera y ociosa. D e esta manera no sólo anexionaron la región altiplánica boliviana y T u c u m á n sino que alcanzaron Chile desde d o n d e a su v e y con centro en Santiago (1541) se lanzaron a las regiones australes y al o t r o Jado de los A n des- -Salta, J u j u y T u c u m á n C ó r d o b a- (I543- 15 S 4) E r a n las tierras de los laironas. pifaos, chibchas, panches, colimas, turbacos. quimbayas. andaquis. muzos mui cas. pasfus, eañaris, jibaros, quijos, esmeraldas, barbacoas, huancavilcas, punaes. tumbecinos, caras, sciris, quecúas. aymarás, atacamenos... si se sesufa la orilla del Pacifico de Baíboa. y las de los c a r i b e s arahuacos. t u p i s guaraníes, tapuyas, tupinambas. bocoiudos, guaicurúes, calchaquies, charrúas, querandies. pampas, etcílcríiH si se cruzaban los Andes y se iba en busca del AiLánIico, En noviembre de 152 S penetró por las riberas del Carcarañú y el Tercero el famoso FranCÍSC 15 César (un hombre del descubridor C u b ó l o) aquel que iba dar lugar a la leyenda del- C í sar B l a n c o y la Sierra de la Plata, y se encontró unos indios que vivían preferentemente en cuevas, d e b a j o de la t i e r r a y c o m o f i e r a s y que u t i l i z a b a n como defensa las macanas, flechas e n v e n e n a d a s m a i t i l l o s hachas y bolas a r r o j a d i a s- ¡E r a n los c o m c c h i n g o n c s los ranqueles, los pampas! O sea, los que un dia vieron llegar por sus n o s a l o s e s p a ñ o l e s y a aquellos p r i m e r o s j i n e t e s que aquellas mujeres mdras guerreras, guardadoras de grandes tesoros, que Sólo una vez al año se unían sexualmente c o n los varones, guardando p i r a si las niñas que nacieran y remiriendo a los p: dres los niños- El hechíí es que los jinetes de Martínez de Irala i r r u m p i e r n n en el Chaco (e l- m t i e r n o verd e- vomo un ¿VA lo hicieran k s de Cortés en México y o i r o los de Pizarro en Perú. Sien es verdad que aquelk s caballos ya no eran los del segundo viaje de C o l ó n Diréis a sus Altezas cómo los escuderos de caballo que vinieron a Granada, en el alarde fieieron en Sevilla most r a r o n buenos caballos e después iil embarcar, yo no los vi porque eslaba un poco doliente. e metiéronlos tales que el mejor dellos non parece que vale mil maravedises, porque vendieron los otros e compraron éstos. C o m o t a m b i é n es v e r d a d que los mdins H argentinos- f u e r o n los que menos se asustaron al ver los caballos y que sus bol e a d o r a s r e s u l t i r o n ser u n arma eficaz c d o l r a i caballería, En la llanura helada o ardiente el orden de av. ince y ataque podía ser formal. La caballeril abría y cerraba la marcha. D e l a n t e iba la b a n d e r a ondeada en múltiples combinaciones; seguían los armados de espada de h i e r r o los j i n e t e s los ballcsrcros. otra vez jinetes, escopeteros... A l ataque precedía siempre el g r i l o r i t u a l de ¡Santiago y cierra España! Caballos famii tts de las marchas por el Tucumán, eJ Chaco y las Pampas fueron el EurjoM la J u g u e t o n a- el Trucno y el Hilndio Cabeza de Vaca llegó a ser. según sus biógrafos, un gran conocedor d e l cüballo y el primero quiía que pensó en las- yeguadas del Pial a- Luego, andando los años, esas tierras del Parara llegarían a ser el habitáculo ideal para la raza equina, y Argentina, uno de los países más ríeos en caballos, P e r o c o m o s i e m p r e la mayor parle de aquellos caballos que a b r i e r o n los caminos del Sur se quedaron en el ani nimaio, en nmchos casos j u n t o a los también anónimos jioetes que los nioniaron. Aquelliis gigantes para- c n m o d i j e r a el norieamerícano Waldu Fiank- -quienes -Dios estaba en el cielo. Satán en el mriemo y la verdad era su vcTd, -id Julio MERINO palmo a palmo se apoderarían de las tierras del Píala, Sejíún la leyenda, los primeros en bajar por el Piícomayo liieron unos soldados de Diego de A l m a g r o que no quisieron volver al Cuzco de los Pizarra y, abandonando sus c o l u m b r e s- leuropeas se quedaron para siempre en las selvas del Gran C h a c o A u n q u e quizá fuesen hombres de Pedro de Valdivia (el descubridor de Chile) aquel extremeño de Castuera que m u rió cu el desastre de Tucapel. la ¡o r n a d a I r i s l e del mes de d i c i e m b r e de 1553. o de a q u e l Francisco de M e n d n a que bajo del Perú al Plata pisando por primera v e ías ricrras verdes del Tucumán, Bl hecho es que l i conquislík reaf de Argentina comenzó en I53- -cuando, con lodo secreto, e Emperador Carlos autorizó la eiipcdjción del granadino d o n Pedro de Mendoza al río de Solis y al imperio dei Kcy Blanco. Porque fue entonces cuando irrumpieron a la Historia los e: ipilanes Juan de Ayolas. D o m i n go Martínez de Irala. Juan Salazar de Espinosa. Ruiz Galán y Alvar N u ñ e Cabe ü de Vaca. f c o n óstc l l e g ó el p l a n t e l de conquistadores biso ños y chapetones al decir de Herrera) El alemán Ulrieo compañero del adelantado A n t o n i o de Mendoza, cuenta en el rcLv to que escribió sobre sus cxoer i e n c i i i s a m e r i e a n a q u e fue Hernando de Ribera el primero en hahlLii de las amazonas i. l roiiimo capitulo: El c j b j l l o de Hernando de Soto 100