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p a r a seleccionar los géneros periodísticos y cada u n a de las obras incorporadas h a n sido examinadas más de 1.500.000 páginas de ABC y más de 18.000 originales de ilustraciones, eligiendo sólo piezas verdaderamente maestras Arenas úe San Pedro por F. Sancha NDCliirno- por C. Ma berger Foriadora de sueiios por S. Bartolozzi. Las ilu lraciones, t n numero qu rebasa las mil a todo color y mas de oirás lanías en negro, sepia t gris, pertenecen a la colección de ABC y se complementan con otras bellísimas de Blanco y Negro no publicadas hasta esta edición en ningún libro Decimos, acaso con üemasiada frecuencia, que nuda hay más viejo que e periódico de ayer. Y estamüs diciendo aquí que nada hay m s fascinanle que el periódico de hace treinta, cincuenta u ochenta años, ¿En qué quedamos? Cúmo pui: dc perder inícrés en vin día lo que. al cabo de medio siglo, es capaz de préndenlos y encantamos? Da ta impresión de fue los periódicos tienen Ign que ver con los vinos, que desaparecen en cuanto pasa Li vendimia y c hacen, en una soledad de bodega, hasta que vuelven a revivir, enriquecidos de tiempo. Curioso fenómeno que resulta, pars el común de ios humanos, de muy rara y difícil comprobación, por sencillas hmitacioncs de tiempo en sus vidas y de espado en sus casas. Las viejas colecciones de periódicos no están a casi ningún alcance. Hay que ir a ellas. Y en un mundo donde las circunstancias nos llevan a estrechar nuestros ámbitos y a apurar nuestros tiempos, qued- in demasiado lejos y demasiado tarde respecto de esc momcnio en que poílnnm dt- dicamns a ver sus sanios a pasear la atención pt r cUas y volverlas a gozar Aunque cueste cada vez más la rendición del hombre ante las circunstancias, se entrega a otr; is felicidades impuestas por los tiempos y los modos ijue le loca vivir, muy capaces de M ofrecer placeres claro está, pero siempre que los placeres sean ios que están en el catalogo. El oficio de tdítar Editar es un menester, cadj vez más técnico, pero no menos artislico. ni siquiera menos artesano. Y como todos los menesteres tienen su propio quehacer y mucho de ofjcio que cumplir. Desde que los copistas de los monasterios editaban a mano, una por una. las copias que permitían la difusión de los originales, han variado, hasta CÍLSI la brujeria. las técnicas de reproducción. Pero el oficio sigue consistiendo en lo mismo: en hacer llegar, alli donde esto el lector, aquello que no tiene a su alcance de lugar; pero tan- ipoco a u alcance de tiempo. No sólo mediante la mera reproducción, sino, muy especialmente, por L adecuación del a original al inier ¿s de los lectores hecha de modo que no se pierd: i la fidelidad, pero se UÓUW el acceso, Hay materias para editar qucn por sus caracteristicas y dimensiones, permiten la reproducción física, integra, de los ortgmale Mientras que otraSs absolutamente inabarcables, requieren del editor una tarea más laboriosa, más ardua literal de la sustancia: es decir, ofrecer en toda su integridad y pureza lo verdaderamente importante, representativo, permanente, una vez elegido entre lodo lo que no resulta imprescindible i aquello cuya falla puede resultar perceptible en determinados casos concretos y particulares: pero cuya iusencia no sij nifica pérdida de sustancia en el cuerpo princip: d y representativo de lo editado. Para ju gar la eficacia y eJ acierto de este proceso hay que empey- ar por saber las dimensiones y complejidades de k m- iteria prima; de aquello que constituye el material original de la edición. En el caso píeseme, en la edición presente, se trata de algo tan relevante, de tan vivo interés, come la colección del diario AlíC, cuyas inudes no es cosa de aíabar aquí, pero cuyas dimensiones aproxim: idas conviene recordar, para dar idea del reto que los editores han acepiado y de la importancia que tiene el intento y su posterior logro. Las medidas de A B C Cuando estas prjginas se publiquen, ABC llevará editados, desde su primer números como diano. aparecido el I de jumo de