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AL LORO HUMOR Tratado de Las Buenas Maneras Lección 2 7 COSAS BIEN Y COSAS MAL (3) HIBN El mechero B puro Simpáiko El pcriódicíí El reIrete Ponerse mala Es que... Atcgraistf La pena Vnmitar, devolver Sin embargo, Esncctísano... La Ha ve HiillaTiIc Tener que Ver... El muerto Et onnvil d d niño ¿Oué le han liaido los reycí? ¿Qué película ponen? ¡Ya está! MAL Eí encendedt r El Cigarro, el hubano Majo El diario Contraer enlace La laza Tener el mes Ej que... Complacerse La íoiobra Arrojar Empero. Es menesier... El llavín Pavonado Ha de ver- -El finado El pericn d d nene ¿Qué te barí echado iífí, reyes? ¡Qué peUcüla echan? ¡Tate! Alfonso US 51 A Historias del más acá EL AMOR ES ETERNO MIENTRAS DURA (OUiKBj FiiíMflR a PÍCTO p m OS nni inie- apasionados por fin abanaonanm el lecho lionde 5 e habían amado locameníe, Dejüron mundadas de ligrimas las sábanüs. el parquei del dormitorio, el piso del ascensor el vesiíbulo del hotel y el camino que recorrieron haslü llegiir a la estación donde un tren inexorable iba a separarles para siempre. ¿Üuien no ha vivido un Limor imponible condenado a morir en el Zenit de la pasión? Nadie. Nadie no ha vivido esos terribles minutos en que uno dice adiós a un cuerpo, a un alma que son el amor de n u e s t r a vida, su sentido- Por eso sabréis comprender me. E u a b a hablando de mi. Klla era casada y tenía que volver a t u pairia lejana. Ciegos de pasión íuimos a despedimos a una ciudad de provincias, que es donde ru en en silencio las ¿grandes pasiones que suele producir el ahummiento Fuimos llorando, como dtgo. hasta la estación, y allí, sm pudor ni vcrgüeoía, seguimos besándonos porque sabíamos que dquelloi momL ntos eran ios últimos de nuesTra loca pasión. Y enlonces se ptodujo la C ¡ítiisifote. El tren inminenic se fttraso. Lo dijeron aquello mf imci altavoces que ensuciaron para siempre aquellos momentos envidiados seguramente por Horneo V Julieta. L US MÍKC) S üJMJo) í E n iren con üestino a Hendaya llegará con ices horas de retrajo- dijo la voz satánica del desuno. Nos miramos, dejamos de besarnos y comprendimos los dos que aquella demencial locura que nos uniü acababa üc quedarse descasifieada. Üuiín es capaz de llorar de amor durante tres horas wguidas mientras espcia un lien, ¿Por qué tres minutos de éxtasis y angustia, estirados, se transforman en tres horas de aburrimiento llenas de hostezo disimulados? Volvimos a la normalidad mientras el lien ocultado, perdido en la Tejanijr Tomdnios un café: ella fue a hacer pi pi, yo a hacer caquiíasn compramos los periódicos, nos besamos con rubor fingiendo una pasión que ya h hía muerto y. cuando por fin llegó el tren herkildo imaginado del Dios de la Despedidas, nos dijimos adiós con un beso helado y húmedo de moquillo (era invierno) y ella se fue de mi lado para siempre. D u r a n t e un par de mcsís intercambiamos algunas tarjetas postales. Estoy seguro ue elia me recuerda Bostezano, alendo de írio. Asi terminó nuestra loca prisión. Afortunadamente, nineuno de los dos teníanlos el SIDA. a CHUMV CHUMEZ 46