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DOMINGO 8- 11- 87 CULTURA A B C 59 Un consejo: madrugar. Si se va después de las once, sólo se encontrará lo que otros competidores más tempraneros hayan dejado nocimiento de bibliómano a esas Minervas contemporáneas. Ferias del libro antiguo En nuestra ciudad se celebran, con regularidad, dos: en primavera, la que halla su acomodo en los bulevares del Paseo de Recoletos; y en otoño, la que tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes, en plena calle de Alcalá. Una y otra son acontecimientos de gala dentro del mundo de la bibliofilia. Los libreros reservan, para concurrir a ellas, los mejores ejemplares que han sido capaces de adquirir a lo largo del año. Mercados callejeros El Rastro tradicional (Ribera de Curtidores y vías aledañas, con especial protagonismo del Campillo del Mundo Nuevo) y el sucedáneo que sienta sus reales en la calle del Marqués de Viana son los dos fundamentales. Hay que ser un verdadero conocedor para comprar en ellos, pues, como es lógico, nadie garantiza nada y los errores que se cometan corren a expensas propias. Tiene, no obstante, un atractivo especialísimo el sumergirse entre montañas de libros y hacerlos pasar entre las manos, uno á uno, buscando ese regalo del cielo en que todo bibliófilo confía. El regateo una vez seleccionados los ejemplares que se prefieren, es moneda corriente. Conviene acudir a estos mercados ataviado con la ropa más vieja y astrosa que se posea, por la doble razón de cohonestar mejor con el polvo y la suciedad que usualmente acompañan a los ejemplares que allí se mercan, y por la de no despertar excesivas sospechas de pericia entre los vendedores. Dos consejos: El primero, madrugar. Si usted va después de las once de la mañana, sólo encontrará lo que otros competidores más tempraneros hayan querido dejarle. El segundo, formular su contraoferta en billetes (1 billete 100 pesetas) Si, como resulta más que probable, el propietario del lote de libros en el que usted rebusca es un gitano, está usted utilizando su mismo lenguaje en cuestión de medios de pago. res que se reseñan en el catálogo, por debajo de los cuales no se admiten ofertas. Lo curioso es que, con gran frecuencia, tales valores son superiores a los que en el mercado rigen para los ejemplares ofrecidos. Y ello tiene dos consecuencias, ambas de carácter negativo: la primera es la de que resulta prácticamente imposible adquirir un libro a precios de verdadera oportunidad. La segunda es la de que, en tales casos, el remate- cuando se produce- resulta abusivo para el comprador poco avisado. B. No hay que fiarse a ojos ciegas de las descripciones que aparecen en los catálogos (a menudo incompletas y omitiendo posibles defectos, restauraciones o malos estados de conservación) debiéndose repasar con cuidado, previa y personalmente, los ejemplares por los que uno haya decidido pujar. Este asunto es especialmente grave cuando se admiten pujas por correo. Su subsanación exigiría que se estableciese un plazo, dentro del cual el adquirente pudiese repasar a conciencia el ejemplar adquirido, admitiendo la sala su devolución, sin más explicaciones, cuando se demostrase fehacientemente la existencia en el mismo de imperfecciones no reseñadas en la descripción. C. Hemos sido testigos presenciales, en ocasiones, de la concurrencia al acto de la subasta de ganchos profesionales, cuya presencia sólo se justificaba con el fin de hacer subir las pujas a un único adversario cuyo interés por la pieza subastada era conocido de antemano. lectura) periodistas, catedráticos, poetas, menestrales, escritores célebres (algunos, incluso, monstruos sagrados) notarios, funcionarios, extranjeros y un largo etcétera de la vasta colección de especímenes que integran la fauna humana. Participar, en todo caso, en las charlas colectivas que espontáneamente se organizan ya merece- y mucho- la pena. No trate- eso s í- dé introducir temas políticos en la conversación, porque sus interlocutores habrán de mirarle con frialdad y se apartarán discretamente de su lado. Calle de los Libreros Por más que el tipo de libros que cabe adquirir en esa madrileñísima calle, perpendicular a la Gran Vía, se limita, casi exclusivamente, a textos escolares o universitarios que han sido enajenados por su jóvenes propietarios- ¡fatal irreflexividad del ser humano en su edad moza! -una vez extraídos de unas páginas los saberes que tales ejemplares contienen, no me parecía generoso dejar de citar a los establecimientos que, de uno u otro modo, han contribuido a perpetuar con su presencia la adecuación entre el antiguo nombre de la vía pública en que residen y el nobilísimo oficio que desempeñan. Por si ello fuera poco- y aunque á guisa dé excepción- en la citada calle radica una librería anticuaría regentada por uno de los más antiguos- y más sabios- libreros de Madrid. Si bien es cierto que con mucha menor frecuencia que antaño, aparecen de cuando en cuando avisos de particulares que, por una u otra razón, desean desprenderse de su biblioteca. Los libreros profesionales están muy al acecho de la aparición de tal tipo de reclamos y hay que madrugarles -cosa no demasiado fácil- si se quiere aprovechar la ocasión. Se tiene el incoveniente, por otra parte, de que difícilmente el particular estará dispuesto a desprenderse únicamente de los dos o tres ejemplares que puedan interesarnos, sino que, como es lógico, intentará vender el conjunto completo. Pese a todo, es el sistema merced al cual se logran- cuando se logran- transacciones más ventajosas. Guillermo PIERA Salas de subastas De unos años a esta parte, algunas de ellas dedican con regularidad una sesión monográfica a la puja de libros. Empezaré por decir que los aficionados encuentran en ellas interesantes oportunidades. Tres objeciones cabe exponer a su funcionamiento en España, sin embargo: A. La puja a la Uaná: es Uaná, pero menos. Así como en el extranjero se admiten posturas desde un valor ¿ero (limitándose la sala a reseñar en el catálogo el valor qué, según su leal saber y entender deberían alcanzar las piezas subastadas en España las subastas deben comenzar á partir de los valo- Cuesta de Moyano Especialmente los sábados, y los domingos a partir de las once de la mañana. Aunque el libro nuevo; ha ido allí desplazando progresivamente af libro de lance, aún persisten seis u ocho casetas regentadas por excelentes profesionales. Si bien, dentro de ellas, predomina el libro viejo sobre el libro antiguo no es raro toparse con ejemplares de mérito. En Moyano se da cita el todo Madrid de los verdaderos amantes de los libros, y no tendrá por qué sentirse sorprendido de alternar allí con ex ministros (los actuales son, por désgrácia (para el país, poco proclives a la