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DOMINGO 8- 11- 87 INTERNACIONAL -Los gigantes del comunismo cambian de rostro- A B C 47 El XIII Congreso del PC Chino, o la Consagración de la Primavera Francisco de Andrés Es preciso que las cosas cambien para que todo siga igual La conocida máxima del Gatopardo de Lampedusa podría arrojar luz sobre los cambios en marcha en la Unión Soviética, pero tiene quizá menor vigencia en el caso chino. A diferencia del proceso anunciado con luz y taquígrafos por Gorbachov, el régimen de Pekín lleva más de una década llevando a cabo reformas reales, y lavando el rostro del comunismo chino. Hasta la fecha, ninguna de esas reformas na traspasado la epidermis del sistema. La posibilidad de poner a prueba el monopolio del Poder político, que ejerce con mano de hierro el Partido Comunista, es un juego de la imaginación. Pero el proverbial pragmatismo de ese pueblo ha acabado imponiendo un conjunto de reformas económicas, que a la larga deben tirar de las políticas. Once años después de la muerte de Mao, los reformadores, que han desembarcado ahora en los principales puestos del partido de la mano de Deng Xiaoping, pueden ofrecer resultados y no sólo promesas. Con mayor o menor fortuna, China ha aplicado ya incentivos para los trabajadores, ha puesto a la venta participaciones de algunas empresas, y ha experimentado con los precios flexibles y la autonomía de gestión como niño con juguete nuevo. Es cierto que, en todos los casos, las reformas se han aplicado a una escala muy reducida; pero también lo es el esfuerzo de los nuevos líderes reformistas por cambiar viejos hábitos en el seno del régimen, anquilosado por la burocracia y lleno de remiendos por la corrupción. China es un pueblo milenario, con una peculiar filosofía del lento tejer de los acontecimientos en su Historia. ¿Qué son cuarenta años de comunismo en el contexto de los cuatro mil de cultura china? No pocos observan el actual régimen de Pekín como un accidente histórico, que tarde o temprano será superado por la fuerza interna del propio pueblo. Pero el proceso no será quizá tan sencillo como algunos entusiastas tratan de hacer creer. El XIII Congreso del Partido Comunista Chino ha otorgado la primogenitura a los hijos predilectos de Deng Xiaoping, pero el resto de la familia comunista ha conseguido también colocarse, y piensa permanecer al acecho. Zhao, el triunfo de la corbata s. i. Zhao Ziyang, confirmado el pasado lunes como secretario general del Partido Comunista chino (PCCh) y primer ministro desde 1980, está destinado a convertirse en el sucesor de Deng Xiaoping, el arquitecto de la modernización de China. Caído en desgracia el anterior delfín Hu Yaobang, por los disturbios estudiantiles de enero, Zhao accedió al puesto de número dos de la jerarquía. Autoritario y enérgico, posee un carisma que le ha convertido en uno de los dirigentes Zhao Ziyang chinos más populares. Su triunfo ha sido el de una nueva generación que ha sustituido el traje de Mao por la corbata y el traje de corte occidental. Pero más importante que el cambio de imagen han sido sus ideas, sobre todo económicas. Zhao ha sido el impulsor de la entrada de métodos capitalistas y de libre mercado en el sistema marxista chino. Su espíritu reformista se podría reducir al lema: fidelidad al marxismo y desarrollo económico más liberal. I3 Li Peng, arrogante y mimado S. I. Tecnócrata, de cincuenta y nueve años, hijo adoptivo del desaparecido primer ministro Zhou Enlai, Li Peng ha sido un niño mimado del régimen. Su verdadero padre fue un dirigente comunista fusilado por el Kuomintang. Cursó estudios en la URSS. Esta estancia hace que hasta dentro del partido se sospeche en él cierta inclinación hacia el modelo soviético. Se da su nombre como sucesor de Chen Yun. el gran economista de la vieja guardia e incluso como futuro primer ministro. Ha sido un hombre puente entre la vieja guardia y los reformistas. Viceprimer ministro en 1983, fue situado en órbita acelerada por Deng Xiaoping con su nominación en septiembre de. 1985 para el Politburó. Hu Quili, espíritu abierto Quiao Shi, la disciplina S. I. La ascensión, a los cincuenta y ocho años, al comité permanente del buró político del Partido Comunista Chino de Hu Quili, uno de los espíritus más abiertos de la nueva generación, traduce el espectacular alza de la corriente reformadora china. Hu Qili. que hizo su carrera política a la sombra del ex secretario del PCCh, Hu Yaubang, ha remontado perfectamente la caída de éste. Aboga por un marxismo flexible y se le considera protector de los intectuales liberales. Se estima que es uno de los principales paladines de la reforma aperturista. Hu Quili, secretario hasta ahora del Comité Central, fue reclutado por el Ppartido Comunista chino aun antes de su llegada al Poder. S. I. Quiao Shi Qui, de sesenta y tres años, está considerado como el super policía del régimen por las tareas de seguridad del Estado y de coherencia y disciplina dentro del partido que ha desempeñado. Hombre próximo a Deng Xiaoping, que lo había ya hecho, en 1986, uno de los cinco viceprimer ministro, es un renombrado experto en servicios secretos y espionaje, tanto de un bando como de otro, así en partidos comunistas de la Europa libre. En 1986 fue presidente de la comisión nombrada para luchar contra la corrupción. Su principal tarea a partir de ahora será probablemente vigilar la seguridad en el seno del PCCH, y la lealtad a los principios políticos. Yao Yilin, la voz de la ortodoxia S. I. La ascensión a sus setenta años de Yao Yilin a la dirección suprema del Partido Comunista Chino, como miembro permanente del Politburó, revela la fuerza de los partidarios de la prudencia, e incluso la ortodoxia con el pasado, en los puestos dirigente del partido. Antiguo responsable de Comercio, Finanzas y Planificación, Yao Yilin ocupa el puesto de Chen Yun, un duro del régimen, con quien comparte el gusto por los grandes equilibrios económicos y la centralización, así como las reticencias hacia el ritmo de las reformas introducidas por Deng Xiaoping. Durante su larga etapa al trente de la cartera de Comercio, Yao Yilin ha firmado numerosos tratados con la URSS.