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DOMINGO 8- 11- 87 OPINIÓN A B C 29 Escenas políticas EL los puñetazos del sucesor de Rocky Marciano. Los niños lloran, los hombres gimen, las mujeres gritan, los ancianos se quejan por este atropello. Hace falta un Massip que los libere, pobrecillos. Como puso de manifiesto Francisco Yagüe, en Asturias se protege y fomenta el montañismo, deporte admirable én cuya práctica suelen partirse la crisma ai año una docena de aficionados. No hablemos del automovilismo, el motociclismo y hasta el ciclismo, que engrasan anualmente su dilatada lista de bajas. En la mayoría de los deportes de espectáculo, que son los que interesan por televisión, el peligro físico es un ingrediente esencial, cosa que no puede sorprender en la cuña de la fiesta brava. Admitamos que correr enloquecidamente con un vehículo, jugarse el pellejo ante un morlaco o darse de guantazos sean actividades torpes o rigurosamente estúpidas. Confieso que en mi naturaleza florece mejor este tipo de aficiones poco pías en lugar de otras más suaves y civilizadas, como estudiar arameo o pintar a la acuarela, pero ¿quién es el Estado para prohibírmelas? Yo pago mis impuestoss cumplo las leyes, acudo a mi trabajo y tengo derecho luego a divertirme con mis congéneres de la forma que nos plazca, siempre que no molestemos a los demás o les impongamos nuestros gustos. ¿Y a quién molestan los boxeadores y los aficionados a este deporte antiquísimo? A nadie. ¿Que moralmente se edificarían más practicando el aeromodelismo? Eso es asunto suyo, no del alcalde. En un régimen de libertades lo que tienen que hacer los Ayuntamientos es mejorar el tráfico, limpiar las calles y construir polideportivos. Luego, ya los llenará la gente para lo que guste. El que quiera prohibir que se vaya con Jomeini. Federico JIMÉNEZ LOSAMOS ZIGZAG Fragilidad Mathias Rust sortea todas las barreras y radares posibles y su avioneta se posa en la Plaza Roja de Moscú. Wall Street se estremece sacudida por convulsiones de primera magnitud. No hace demasiado el presidente de Estados Unidos pudo morir por los disparos de un loco. Todo en medio de cientos de organizaciones de toda clase, de contactos de todo tipo, de comunicaciones planetarias... No estamos en el Milenario, pero tampoco en un mundo seguro. Radio- 2 La mitad de los guionistas de Radio Nacional de España, Radio- 2, dedicada a la difusión de música clásica, son colaboradores a los que se da cada nueve meses tres de descanso para evitar una mayor vinculación a la casa. Además, en opinión de los colaboradores, los contratos marcan condiciones leoninas. No es, ciertamente, un buen ejemplo por parte de un organismo público, que debería estar alejado de estas trampas laborales. OVIDIO ¿5 Tel Q 2 S 6 J 2 28 Q 0 MAÜW UANDO vengas a Madrid, chulona mía, no vas a poder pasar del Avapiés; si te pilla algún atasco en la Gran Vía, l l e g a r á s a nuestra cita un día después. Te voy a hacer un homenaje t o m a t e r o con la crema de la izquierda contra OTAN y te baña en la Cibeles un bombero con la excusa de que cesen a Pascual. Etcétera. Madrid, Madrid, Madrid. Madrid, rompeolas de las cuarenta y nueve protestas españolas. Madrid del protestante. Madrid del manifestante. Madrid del mendicante. Madrid del asaltante. Madrid del maleante. Madrid del tunante, del bergante, del aspirante, del vociferante. Madrid del descuidero, del navajero, del pordiosero, del ratero. Madrid de la pancarta y del letrero, del pareado zaragatero. Aquí llegan, por los cuatro costados, todos los que piden justicia, los que exigen favor, los que demandan atención, los que imprecan solución, los que claman, los que insultan, los denostadores, los decepcionados, los desencantados, los reivindicantes, los desesperados, los parados, los reconvertidos, los desoídos, los olvidados, los encrespados, los arengados, los engañados. Madrid, laberinto. ¡Hala, a Madrid! a atajar la calle, que se enteren de que estamos en huelga, en la manifestación, en la sentada, en la fila encadenada, en la marcha sobre el alcalde, sobre el ministro, sobre el presidente. ¡Hala, a Madrid! a que nos oigan, a ejercer el derecho constitucional al pataleo. ¡Hala, a Madrid! con un bocata y un megáfono, que se van a enterar de lo que vale un peine. ¡Hala, a Madrid! jornada de luch a, de huelga, de contestación. ¡Hala, a Madrid! a organizar la marimorena ante la Embajada, ante el Ministerio y, como nos dejen, ante la Moncloa. Madrid se ha convertido en la cañada de todos los rebaños de batuecos que balan, que piden, que claman, que topan, que embisten. Calles cortadas y plazas invadidas. Automóviles en tercera fila. Carga y descarga, aquí y ahora, por narices, que es lo celtibérico. Corren los ladrones. A C la seña Pepa le han dado un tirón del bolso. Los manifestantes avanzan de veinte en fondo. Braman las sirenas, y como si nada. Los tomateros de mi tierra llegan con los tomates a la Embajada de Francia. Estamos en Europa a tomatazo limpio. Llegan los mineros de Asturias. Al atardecer s a l e n las putas a manta de Dios, los travestís, los chulos, los gamberros, los drogados, los que están con el mono, los camellos, los violadores, los caballeros y las damas del colectivo gay esos ciudadanos tantos años incomprendidos a los que un señor diputado ha llamado desconsideradamente maricones y lesbianas. Madrid es un desbarajuste de tránsito. Madrid es un paraíso de delincuentes, sin discriminación de razas ni colores, aborígenes, argelinos, sud a c a s la c r e m a de laintelectualidad del timo y del atraco, Madrid, capital de la droga. Capital de fe gloria, la llamaron. Madrid, centro de la protesta, avenida de manifestaciones. Esto no es una ciudad. Esto es un maremagno. A esta ciudad, Madrid, ciudad princesa, piropo de Musset, la han puesto patas arriba, la han dado a saco a todas las legiones que bajan de los montes de Celtiberia show a todos los ejércitos, de la delincuencia impune, de la haraganería y del pillaje. Dice doña Ana Tutor que van a ordenar los cauces de ¡a protesta para que Madrid no sea un hervidero de clamores. Pero a ver quién pone puertas al campo. A ver quién destierra de aquí a todas las bandas que invaden los paseos, las avenidas y las calles. A ver quién limpia todo esto de los nuevos amos de la ciudad. El guiño de los semáforos parpadea en vano. Las señales están ahí para que los concejales las miren, pero no hacen caso ni las madres. Los guardias están ahí para que se compruebe que no dan abasto. Silban los coches de Policía para que el ciudadano comprenda que no llegan a tiempo. Madrid, Madrid, Madrid. Jaime CAMPMANY