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Jesús Aguirre, duque de Alba, y el presidente de la Diputación Provincial de Sevilla, Miguel Ángel Pino, presentaron ayer en esta ciudad la edición facsimilar de veintiún documentos de Cristóbal Colón, que se conservan en el palacio de Liria. Jesús Aguirre, de quien publicamos a continuación el ensayo introductorio Que muy moderno y Siglo XVIII destacó, a lo largo de su intervención, el constante y ya tradicional empeño cultural de la Casa de Alba, expresado lo mismo en la ampliación del Patrimonio artístico, que en su colaboración con los ESDE una interpretación, etimológicamente errónea, del término griego verdad, construye Heidegger una consiste sólo en aprender lo ya de las teorías especulativas más sabido, sino principalmente en incitantes y auxiliares de nuestro impulsar a la realidad más allá tiempo. Así Colón, almirante de de los límites descubiertos, en Gastilla, emprendió una búsquedescubrir por tanto, son los ameda mítica, que llegó a feliz térmiricanistas investigadores reduplino a través de un error lógico. cativos, ya que descubren sobre un descubrimiento, que es el de Bueno es traer a cuento al las Américas. mito en vísperas de 1992. En ninguna otra historia como en la Desde los orígenes medievade nuestras relaciones con Améles de la Casa de Alba, se ha rica y la de los americanos con enriquecido este linaje con ennosotros conviene tanto la andatronques que le allegan, siglo a dura mítica. Puesto que mucho siglo y hasta la fecha, cincuenta se ha prevaricado en ella al calor títulos nobiliarios. A través de alfatuo e insalubre de ambiciones gunos de ellos bastaría con políticas y económicas, no. todas aducir los condados de Gelvés y justas y muchas justificables, de Monterrey- acopian los Alba que han trastocado los hechos y papeles americanos de diversas dado, durante siglos, las ideas épocas y procedencias, que no ejemplares al olvido; aunque no únicamente de las colombinas. p r e c i s a m e n t e a aquél que Por fortuna, todos ellos están Nietzsche consideraba como uno hoy minuciosamente catalogade los manantiales del recuerdo. dos. Los colombinos, en contra La ciencia no es una magnitud de una opinión corriente, no nos qué se opone tajantemente al llegan por la boda del hijo del almito; antes bien, entre una y otro mirante, don Diego, primer dupuede la triada dialéctica comque de Veragua y primer marpletarse. con la asunción del mito qués de la Jamaica, con doña por parte. de la ciencia. La desMaría de Toledo y Rojas, sobrina mitoloajzaeMn, método, racionadel gran duque de Alba. Es cier- lista lardío; puesto en boga a to que la dama, a la que se llaprincipios de nuestro siglo por maba la virreina no practicó ni una disciplina vespertina como la por asomo el clásico domi seda teología (y en este caso, la proy, sin desmerecer de la sangre testante) no es hoy un requisito ardiente de los Alba, trajinó lo que et rigor histórico exige. Los suyo con la memoria de su ilusactuales historiadores no tienen tre suegro, consiguiendo añadir por qué ejercer de apomiteutas. al voluntario enredo que tejió Por el contrario, muchos de los éste en turno al lugar en que namejores aplican su expertísimo ciera, otro casi igual de intrincaoído a los ecos que renueva la do sobre el de su enterramiento. concha innumerable del mito. En cierta ocasión dijo Eugenio d Ors, en conferencia pública, ¿No es una corriente también que el siglo XVIII, por inventario emotiva la que transporta las intodo, inventó hasta la Salve. Alvestigaciones americanas de un gunos discípulos entre los oyenMenéndez, y Pelayo, las reflexiotes de tamaño disparate, argunes de Unamurio y las figuraciomentaron al maestro el origen nes del Valle- lnclán de Tirano medieval, de sobr. a conocido, del Banderas? Madrugadores fueron dulce himno mariano. Ors les estos tres españoles en nuestra contestó galanamente: Ya lo ocupación espiritual contemporásé, pero me convenía. A la nea de asuntos americanos. Casa de Alba le convino tamLos fuegos que laten en la debién, en cuanto a su actual ridicación al estudio son, como los queza en papeles colombinos, que Empédoclés aseguraba que un lance amoroso ocurrido en el ardían bajo el agua, muchos y Madrid de Felipe V. Poseemos muy diversos. Así los que alienen nuestro archivo unas memotan la ciencia americanista. Pero rias inéditas, en- las que estoy entre ellos hay alguno que soliciactualmente trabajando, de Jacota mi curiosidad especialmente. bo Fitz- James Stuart y Bourke, Gomo e ¡verdadero saber no investigadores; asimismo, tuvo palabras de alabanza para señalar la labor de la Diputación Provincial, que se ha adelantado a 1992 porque hoy ya se observan resultados A su juicio, la obra presentada ayer ha sido realizada con riguroso cuidado lo mismo en el contenido que en el diseño. La edición, cuidada con todo lujo, consta de mil ejemplares. Se trata de un legado histórico importantísimo, pues sólo existen cuarenta y tres autógrafos del descubridor de América. Estos documentos se exhibirán en la Diputación Provincial sevillana. pruebas que son menester según Cervantes, para sacar una verdad en limpio Hizo la futura novia los mohines de rigor a los requiebros del jovencísimo duque, quien necesitaba para transmitirlos, por no saber todavía el castellano, de los oficios de intérprete del embajador de Francia. Hubo, además, un contrincante inesperado. Vivía en Madrid- nos cuenta el novio- un teniente general catalán, de nombre Fons, que estaba loco de atar y encima era caballero de Malta. Este individuo se había metido en la cabeza que la condesa de Villada estaba enamorada de é y, al saber que iba yo a desposarla; se imaginó que su hermano la forzaba muy a su pesar. Por lo cual solicitó audiencia al Rey y le habló contra mi matrimonio. Al salir de la Corte resolvió matarme. Yo nada sabía de todo ello, pero la condesa, por fortuna, estaba informada, y lo hizo tan bien que logró que, al día siguiente, fuese arrestado mi loco y conducido al castillo de Segovia, donde pasó un año y medio, esto es, hasta qué se le quitó la locura. Consuelo Varelanos cuenta en este libro la esforzada aventura decimonónica de nuestros papeles colombinos. Añadimos que la decimosexta duquesa de Alba encontró la mayor parte de estos documentos embarullados entre cuentas y legajos de pleitos. Nada tenía que ver doña Rosario con aquel Warburten, inglés al que habían sido encomendados cerca de cuarenta manuscritos de teatro isabelino, entre ellos obras de Massinger, de Ford y de: Webster, con los cuales su cocinero envolvió los manjares que engulliría el amo. La edición que hizo, cara al anterior centenario del Descubrimiento, aquella duquesa mereció los elogios encendidos de Valerá y Menéndez Pelayo. Que ahora publiquemos estos papeles de nuestra Casa precisamente en Sevilla no es, para Cayetana y para mí, mero accidente. A los dos nos alimenta Sevilla, como lugar privilegiado, igual que por derecho lo hace la sustancia. EL DUQUE DE ALBA de la Real Academia Española D Que muy moderno y siglo XVIII segundo duque de Berwick y segundo también de Liria y Xérica. Primogénito del mariscal de Berwick, vencedor, entre otras muchas, de la batalla de Almansa, decisiva para el asentamiento de los Borbones en el Trono español; nieto del último Estuardo reinante en Gran Bretaña, había nacido en 1696 a cuatro leguas de París. El manuscrito es muy rico en peripecias: las de los años finales de la Corte del Rey Sol; las diplomáticas y guerreras, románticas éstas casi a la manera d e j a s noveles de Walter Scott, de la familia Estuardo por recuperar, la Corona; las de la guerra española de Sucesión, con descripciones muy por lo menudo de algunos de sus hitos más cruciales, cual fue el sitio de Barcelona. Nuestro personaje disponía, que así lo acreditan sus memorias, de un imperturbable don de observación y de finísimo sentido del humor. Dieciochesco hasta tal punto que le hubiera entusiasmado al hiperbólico Eugenio d Ors; como botón de muestra, diremos que escribió, tras desempeñar en Moscú la Embajada de España, una agitadísima Relación de Moscovia y hasta un itinerario, breve y comercial, entre Pekín y la capital de todas las Rusias. A la edad de veinte años vino a Madrid, siendo ya caballero del Toisón de Oro, para ser recibido como grande de España, puesto que su padre, el mariscal, le había cedido el ducado de Liria y Xérica. El embajador gato había preparado una colección de retratos de señoras de alta alcurnia y casaderas para que, entre ellas, eligiese digna esposa el heredero de Berwich. Se enamoró éste, per imaginem interpositam, de doña Catalina Ventura Colón de Portugal y Ayala, a la sazón condesa de Villada, que se convertiría en 1733, por legítima herencia de su hermano, muerto sin sucesión, en duquesa de Veragua, marquesa de la Jamaica, duquesa de la Vega del Santo Domingo y adelantada mayor de las Indias. Se celebraron los esponsales en 1716, no sin las muchas pruebas y re-