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MIÉRCOLES 4- II- 87 ESPECTÁCULOS ABC 89 Trittico abrió conéxito la temporada del Gran liceo Una gran versión dirigida por Roberto Abbado Barcelona. Leopoldo Hontañón, enviado especial La temporada 1987- 88 del Gran Teatro del Liceo se acaba de abrir con éxito. Han sonado calurosas las ovaciones y las salidas de los protagonistas han sido reiteradas. Con todo, no podía dejar de flotar en el ambiente el amargo pensamiento de que el previsto y ambicioso arranque liceísta no ha podido cumplirse. El Cristóbal Colón, de Leonardo Balada, que hubiera tenido que estrenar José Carreras ha debido ser pospuesto. Los periódicos de ayer mismo daban cuenta de la llegada del gran tenor a Seattle. La fe esperanzada en lo mejor debe ayudarnos a celebrar este éxito inaugural sustitutivo. Es sólo la tercera vez- antes fue en las temporadas 1948- 49 y 1972- 73- que se representa completo el Trittico, de Giacomo Puccini. Escasas ocasiones, en cualquier caso, pero mucho más si se comparan con las doscientos noventa y cuatro que se ha programado el Fausto, de Gounod, la ópera más frecuentada en el coliseo de Las Ramblas desde su apertura. El Trittico completo, repito: como debe, como tiene que ser, en contra de esa práctica viciosa, por fortuna cada vez más desenterrada, de ofrecer suelto alguno de sus títulos. Razones que abonan esta exigencia: la de que Puccini así lo deseaba; la de que había articulado bajo esa premisa, y en el orden en el que lo había hecho, los sucesivos ambientes, tramas y desenlaces, y la de que se había preocupado de que la música dispusiera de un denominador común que reafirmara la coherencia de la trilogía. Puccini, en efecto, desde muy poco después de terminar Tosca, empezó a acariciar la idea de escribir una obra tripartita en la que se sucedieran tres actos únicos y bien contrastados, al paso que relacionados. No la culminaría hasta abril de 1918, pero antes, entonces y después expresó muy claramente su voluntad de que tabarro (con libreto de Giuseppe Adami) Suor Angélica y Gianni Schicchi (ambas con libreto de- Giovacchino Forzano) formaran un espectáculo unitario y no desmembrable. Por otra parte, es evidente es conexión vaga y latente entre los tres títulos, a la que alude Mosco Carner, principal reivindicador del arte pucciniano. No sólo por el dato común de la triple presencia de la muerte, sino por la sutil sucesión de atmósferas que nos conducen desde lo tenebroso a lo riente. Y no es menos paladino aquel otro elemento de unión que se destacó en cierta crítica del estreno romano del Trittico de 1919- no precisamente en tono elogioso- y que estriba en el carattere de la música contemporánea, cui Puccini si e poco a poco acostato... corados y vestuarios a diversos responsables en cada unos de los títulos- a Lelli, Masotti y Morini, en tabarro; a Canzaneri en Suor Angélica, y a Bussotti en Gianni Schicchi- el hecho de haber sido realizados los tres trabajos en tacto de codos y con destino a una común producción del Teatro de la Scala de Milán, les confiere, junto a la precisa diversidad que cada tema y cada ambiente reclama, aquella inasible aprensión de continuidad en las atmósferas a que he aludido. No creo, pues, que se deba, si es que se pudiera, destacar a esta escenografía sobre aquella otra, ni a estos figurines sobre los otros. El acierto es colectivo. Y grande. Lo hubo algo menor, me parece, en el, eso sí, siempre difícil cometido del director de escena, el propio Silvano Bussotti en este caso. Al advertir cierto acartonamiento de movi- Este montaje sustituyó al Cristóbal Colón que debía interpretar José Carreras Fin de ciclo en la primera promoción de la JONDE En distintas ocasiones, y desde su nacimiento, hemos aplaudido la idea y también las consecuencias artísticas que la existencia de la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) han supuesto como siempre para el futuro sinfónico entre nosotros y el valor formativo de su actividad. Acaba de regresar de una brillante gira por la URSS, con actuaciones en Kiev, Leningrado, Tallin y Tartú, intérprete, con obras de Beethoven, Debussy, Bartok y Ginastera, de pentagramas españoles de Falla y Toldrá. El pabellón ha quedado muy alto, con especial resonancia en el triunfo logrado en la Sala Filarmónica de Leningrado, que no en balde figura entre las más prestigiosas del orbe. Se cerraba así el tercer encuentro de los previstos en el presente año y de la segunda gira internacional, después de la que se realizó en el 85 a Europalia. Pero hay algo que también debe resaltarse en esta empresa que dirige con tanto acierto Edmon Colomer: con este último viaje acaban de concluir las actividades en la JONDE para quienes figuran como fundadores en ella, puesto que el ciclo se limita a tres años. Desde ahora, esos treinta y cuatro instrumentistas habrán de orientar su labor profesional, ya con el bagaje importantísimo de la experiencia lograda en la JONDE, que les evita la condición bisoña en el sintonismo. Al tiempo, claro es, con dos pruebas de admisión mínimas al año se cubrirán por nuevos jóvenes elementos sus puestos y la entidad persistirá en ese camino que la convierte en orquesta formativa y experimental, centro pedagógico vivo y cuna de las más legítimas esperanzas. A. F. -C. mientos en tabarro, aunque se me antojara exagerado, y un acentuado sosiego, más apropiado ciertamente, en Suor Angélica, pensé en un buscado contraste con lo que había de venir en Schicchi. Sin embargo, la escasa invención, y aun la confusión en el reparto del espacio escénico y la poca ligereza de que se dotó a sus figuras, lo hicieron algo premioso todo. Hubo un acierto especial en Bussotti, empero: el de reducir a puro simbolismo el milagro final de Suor Angélica. No haría falta añadir que, para el mejor logro del espectáculo en su conjunto, importa no menos acertar en la conducción musical y en conseguir que la calidad y la sutileza de las respuestas de los protagonistas escénicos, en su doble condición de cantantes y actores, prenda en. las exigencias de Puccini. Y se alcanzaron siempre cotas más que aceptables en este capítulo, cuando no sobresalientes. Lo fue, en primer lugar, la prestación de la cada vez más suelta, más segura y más sensible respuesta a las matizaciones dinámicas Orquesta del Liceo, conducida por Roberto Abbado con criterio firme y con atención bien medida en el subrayado de situaciones y la determinación de climax. Por lo que respecta a las figuras protagonistas, creo que el primer puesto, por dominio absoluto del personaje y de todos sus recovecos más recónditos, en lo musical y en lo escénico- ¿Sólo cierto descuido vocalizador, fruto, quizás, de la confiada naturalidad con que ló aborda? se lo ganó el veterano y gran barítono Rolando Panerai, en el mismo Gianni Scicchi en el que el tenor Dalmau González mostró la indiscutible calidad de su materia prima. Apreciabilísimo, en el mismo título, el O mió bambino caro de la excelente soprano Angeles Peters, solo falto de esa medida última que pide delicadeza y mimo. La que le faltó de unción expresiva y encanto vocal a la, por otra parte, más que convincente Suor Angélica de la magnífica María Chiara; que tuvo apropiadísima réplica como Zia principessa- y que luego sería una aún mejor Zita de Gianni Schicchi- en la mezzo búlgara Maragarita Lilowa. Actuaciones destacadas Sirvieron bien en el Michele, la Giorgietta y el Luiggi de tabarro, el barítono Alessandro Classis, la soprano Olivia Stapp y el tenor Niccola Martinucci. Algún mayor temperamento en el primero y más acusada discriminación expresiva de los diversos estados anímicos por parte de la segunda, hubieran redondeado su trabajo. Cumplió con holgura el resto de los repartos, con dobles actuaciones destacadas, como la de Alfonso Echeverría, execelente ert Talpa y en Don Simone, Piero di Palma, Rosa María Ysás y Ascensión González, y colaboró de forma tan musical como discreta y entonada en Coro del Liceo, que llevan Romano Gandolfi y Vittorio Sicuri. Con todo ello, y sobre todo con el atinado acuerdo de hacer subir a su escenario el Trittico completo, bien cabe felicitar al Consorcio del Gran Teatro del Liceo por la puesta en marcha, en su envidiable historia, de una nueva temporada. De lo truculento a lo bufo Por muchas razones se sigue que cualquier montaje del Trittico no sólo ha de ciudar muy especialmente los climas de las tres historias, sino que ha de atender, hasta lo minucioso, la caracterología de los personajes, los movimientos que acompañan sus reacciones y aun su géstica menor. De suerte que todo coadyuve a dibujar esa línea secuencial que nos conduce desde lo truculento hasta lo bufo. De ahí que sean tan decisivas en el Trittico la escenografía y la dirección escénica. Pues bien, con todo y estar confiados de-