Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
18 A B C OPINIÓN MIÉRCOLES 4- 11- 87 Prensa extranjera Las cuatro crisis de 1929 Después de la temible, aunque breve, depresión de comienzos de los años veinte, los Estados Unidos iniciaron un período de vivo crecimiento económico, con elevaciones moderadas de los salarios, aumentos de los gastos de consumo e incrementos de las inversiones. Las empresas anunciaron resultados brillantes que impulsaron al alza sus cotizaciones en Bolsa. Este proceso alcista se alimentó con las compras de inversores particulares, que conseguían fácilmente de los Bancos y los intermediarios financieros los créditos necesarios para la especulación bursátil. En este ambiente favorable, pero frágil, aparecieron a principios de 1929 los signos de una pequeña depresión de naturaleza cíclica: baja de los precios de las materias primas, descenso de las compras de bienes de consumo duraderos (a causa de una cierta saturación del mercado) encarecimiento del crédito en Alemania, en Gran Bretaña y, finalmente, en los Estados Unidos. Esta pequeña recesión produjo una contracción de los beneficios trimestrales de las empresas norteamericanas, contracción que se tradujo, a su vez, en un descenso de las cotizaciones de las acciones, reforzado por el clima deflacionista resultante de los incrementos de los tipos de interés. Este es el comienzo de la primera crisis, la crisis bursátil, producida entre el 19 de septiembre y el 29 de octubre de 1929. A finales de año se registró una ligera calma, que tendrá breve duración. A principios de 1930 se acusó un nuevo enfriamiento de las cotizaciones, cundió el pánico y se multiplicaron las órdenes de venta con pérdidas. Como los vendedores no podían pagar sus deudas, a la crisis bursátil se añadió una crisis bancaria, primero norteamericana y después mundial. En efecto, los Bancos norteamericanos, que habían colocado parte de sus activos líquidos en Bancos europeos, retiraron bruscamente sus fondos. Los Bancos centrales tenían otras preocu- paciones. Las retiradas masivas de fondos de Gran Bretaña obligaron a este país a abandonar el patrón oro el 21 de septiembre de 1931. La libra perdió una tercera parte de su valor. A las dos crisis anteriores se agregó una tercera: la crisis monetaria. Durante casi una década, y a pesar de las conferencias monetarias, convocadas periódicamente, cada uno de los grandes países del mundo intentaba solucionar sus problemas a costa de los otros, impulsando sus exportaciones con devaluaciones monetarias. Esta práctica es el origen de la cuarta crisis: la crisis del comercio internacional. Para protegerse de las devaluaciones competitivas, como se las llamaba entonces, los Gobiernos levantaron barreras al comercio. Gran Bretaña comenzó poniendo fin a un siglo de libre cambio y creó después un mecanismo de discriminación en favor de sus colonias. Los Estados Unidos impusieron elevados aranceles aduaneros. Como todos los países procedieron después del mismo modo, el comercio internacional cayó brutalmente en valor y en volumen. El mundo industrial se precipitaba inexorablemente en la parálisis, Pascal Garcin. Journal de Géneve -ricz HUELGA EN EL PRADO- ¡Ya no tienes excusa para no vestirte! Planetario ORDENADORES POLÍTICOS D ECÍA anoche Antonio Garrigues, en la cena con los otros Jurados del premio Mayte de Teatro, que aparte las graves motivaciones coyunturales, el error de un ordenador electrónico podría haber sido una causa determinante del crack -o crash si se prefiere el verbo transitivo al intransitivo- sufrido días pasados por Wall Street. Programado el ordenador para comprar entre dos límites de alza y baja, rebasado este último, algo falló y el ordenador siguió vendiendo implacablemente. A la alienación de la máquina, acompañó inmediatamente la alienación, el espanto, de los agentes de Bolsa y el mundo tembló durante unos días ante lo que L. I. Parada ha llamado el fantasma del crack económico occidental añado yo. Hace diecisiete años, Alvin Toffler, en su resonante libro Future shock proponía ya levantar barricadas, perforar al azar las tarjetas de IBM y aprovechar todas las ocasiones para trastornar las maquinarias dé las instituciones. En los últimos veinte años, después del famoso mayo del 68, los santones del futuro se han desvalorizado. ¿Dónde quedan ya hoy Mac Luhan y Marcuse? Y no digamos de Cohn Bendit o la virulencia ideológica, entonces, de Bernard Henri Lévy, profundamen- PISOS POR TODO LO ALTO Y EN LA MEJOR SITUACIÓN Avda. de América, 2 Edificio rehabilitado. Pisos 2, 3 y 4 dormitorios De 87. a 184 rrv. Desde la planta 9. a la 21 INFORMACIÓN Y VENTA: Avda. de América, 2. 10 planta Teléf. 255 88 43 (laborables) te rectificada en su novela El diablo en la cabeza Nosotros tenemos aquí sindicatos de ideología decimonónica, cuando ya se ve que un ordenador obstinado tiene más capacidad de decidir por nosotros que todos los mineros de las Trade Unions antes de que la señora Thatcher les asentara las costuras. Sin embargo, Nicolás Redondo, apoyado y apoyando a Joaquín Leguina, se dispone a darle a Felipe González la batalla en nombre de la recuperación de las esencias ideológicas del socialismo anterior a la guerra civil. Se trata de suscitar un binomio parecido al que formaban Indalecio Prieto, flexible y moderado, y Largo Caballero, rígido y extremista. Equivalencia, González y Redondo, o González- Leguina. El sociólogo norteamericano Ltoy Warner explicaba ya, hace veinte años, que el elemento más importante en los directores de empresas dinámicas, del tiempo que venía, sería su liberación en profundidad de los lazos de familia de origen y su capacidad para pisar firmemente el presente y el f u turo, dispuestos siempre a hacer otras amistades y olvidarlas después. Esa es la actitud de Felipe González al pretender no ser encadenado por las ideologías tradicionales del partido y estar en condiciones de evitar que un ordenador programático le repita implacable, como el de Wall Street, una orden automática, capaz de conducirle al crack político y social. Lo peor de este momento sumamente incierto es la nostalgia. Es imposible regresar a las fuentes. Lo mismo que recuperar la inocencia. O la virginidad una vez perdida. Un binomio Leguina- González quizá no sea posible. ¿Sería tan siquiera conveniente? En estas dudas, los sectores de la oposición ni sueñan con actualizar sus ordenadores. Lorenzo LÓPEZ SANCHO