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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 4 DE NOVIEMBRE 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA alguien parece un d e s mentido v i viente al axioma marxista de que no son los individuos, sino las masas y las inexorables leyes económicas los que hacen la Historia, es Fidel Castro. Su influencia personal en los últimos cuarenta años de la vida de su país ha sido tan decisiva que ésta se confunde con su biografía y parece ilustrar más bien las tesis románticas y neofascistas de Carlyle, según las cuales la Humanidad progresa en función de esos semidioses: los héroes ABC REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID S EL GIGANTE Y LA HISTORIA (I) sus enormes puros, sin dar la menor señal de fatiga. Nos explicó la mejor manera de- preparar emboscadas y por qué enviaba a los homosexuales a trabajar en el campo, en batallones de castigo; nos anunció que el Che reaparecería pronto, al frente de una guerrilla, y teorizó, bromeó, contó anécdotas, tuteó y palmeó a todo el mundo. Cuando se fue, tan fresco como había llegado, todos estábamos exhaustos y maNo deja de ser una ironía que los ravillados. dos primeros esfuerzos para intentar Aunque ambos autores reconstruyen una biografía completa (hasta el precon bastante detalle la novelesca sente, claro está) de Fidel Castro provengan de dos norteamericanos: Peter trayectoria política de Fidel- que comienza entre las bandas de activistas Bourne, un psiquiatra que fue asesor y pistoleros que, en la década de los del presidente Cárter y luego subsecretario general de la ONU, y Tad cuarenta, dominaban la Universidad de La Habana y termina en la cúspide de Szulc, antiguo periodista de The New un poder absoluto sólo comparable al York Times y autor de varios libros que alcanzaron en el pasado Stalin, sobre América Latina. Aunque ninguno Mao y, en el presente, un Ceausescu de los dos autores es comunista y am- o un Kim II Sung- Tad Szulc es, de bos exponen en sus libros, sin medias lejos, el más informado y el que muestintas, el carácter totalitario del régimen tra mayor objetividad. El doctor Bourne cubano- l a falta de libertad, el vertica- atribuye, a mi juicio, una exagerada lismo, la regimentación ideológica y la importancia a que Fidel naciera antes dureza con que es castigada la diside que sus padres se casaran. Este dencia y hasta la simple neutralidad hecho explicaría, según él, muchas de ante la línea oficial- así como su endeudamiento económico y militar a la las actitudes y decisiones políticas esURSS, tanto Bourne como Szulc tra- pectaculares del dirigente cubano, que zan una descripción simpática, fasci- habrían sido tomadas en una búsquenante y fascinada del gigante barbudo da inconsciente de legitimidad Tamque, habiendo cumplido su promesa poco me parece persuasiva su convicde desembarcar en Cuba antes de que ción de que haber estudiado en un coterminara el año 1956, se las arregló, legio de jesuítas haya jugado un papel pese a u n primer revés militar- e n el determinante en la ideología y los méque de su fuerza de 81 hombres sólo todos políticos de Castro (aunque sí, sobrevivieron 1 6- para derrotar al tal vez como él sostiene, en su puritanismo en materias sexuales) Ejército de 40.000 soldados del dictador Fulgencio Batista, primero, y luego El doctor Bourne no tiene mayor copara instalar un Gobierno comunista a nocimiento del contexto latinoamerica 90 millas de los Estados Unidos. La fascinación de ambos biógrafos con su personaje es comprensible. La única vez que conversé con Fidel Castro- aunque conversar sea quizás exagerado, ya que Fidel, como corresponde a un semidiós, no admite interlocutores sino oyentes- quedé también enormemente impresionado con su energía y su carisma. Fue una noche de 1966, en La Habana. Un pequeño grupo de escritores fuimos llevados, sin explicación, a una casa del Vedado. Al poco apareció Fidel. Habló doce horas, hasta bien entrada la mañana, sentándose y levantándose y accionando sin tregua, mientras chupaba no y eso explica sin duda muchas de las insuficiencias de su libro. En la historia del continente, política y aventura han sido casi siempre inseparables. Si no se tiene en consideración la robusta tradición de caudillos y hombres fuertes que marcan el destino latinoamericano- algunos admirables, como Bolívar, y otros siniestros, pomo Trujillo y Somoza- la figura de Castro, que sólo se explica cabalmente con este telón de fondo histórico, queda, como en su libro, incompleta y algo estereotipada. EDICION INTERNACIONAL Para hacer llegar sus mensajes comerciales a todo el mundo. El doctor Bourne destaca lo logrado por Cuba en la educación y la salud y afirma, como experto en el tema, que en este último campo, sobre todo, la isla ha sentado un verdadero modelo para todo el Tercer Mundo. Su entusiasmo y sus elogios son seguramente, en este caso, apropiados. Mucho menos válida me parece, en cambio, su opinión de que el éxito de Fidel se debería a que éste entendió a tiempo que el grueso del pueblo cubano estaba más ansioso de acceder a la educación, la salud, la reforma agraria y la renovación del espíritu nacional que de democracia formal Si esto quiere insinuar que los cubanos estaban dispuestos a renunciar a la libertad, como a algo superfluo, a condición de tener escuelas, hospitales y trabajo, su libro no nos da ninguna prueba de ello. Por el contrario, de él se desprende clarísimamente que en Cuba, debido al carácter del sistema, no hay manera de saber con un mínimo de objetividad- e s decir, opiniones o elecciones- lo que piensan los ciudadanos de quién los gobierna. ¿Por qué esos cubanos que, cuando ocurrió lo de Mariel, se precipitaron en pocas horas en número de cien mil- y hubieran sido sin duda un millón si el propio Fidel no hubiera puesto fin al experimento- a emigrar a USA con lo que tenían puesto, apreciarían menos la libertad que, digamos, los polacos, o que el propio doctor Bourne? ¿Porque son pobres? ¿Sería, pues, la democracia formal un lujo digno sólo de los países ricos y cultos? Muchas de las afirmaciones e interpretaciones del proceso cubano, en el libro del ex asesor del presidente Cárter, adolecen de un simplismo semejante y lindan algunas veces- como cuando asegura que durante la primera década de su Gobierno, Fidel luchó por mantenerse ideológicamente independiente de la Union Soviéticade una candidez excesiva incluso en un aficionado al género histórico. Mario VARGAS LLOSA