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LUNES 2- 11- 87- CULTURA -ABC, pág. 37 Salvador Dalí: del deseo, Sade, la estética, la libertad y el sentimiento de velocidad Varios textos inéditos del pintor, editados en Francia Madrid. S. C. No tengo deseos elevados Los que yo considero los más nobles son los que tengo por más humanos; es decir, los más perversos. Así contestaba DaSí en marzo de 1932 a la revista yugoeslava Nadrealizam dañas i ovde Tal Ambos textos han sido recuperados por el yugoeslavo Branko Aleksic, que los ha editado en un volumen titulado Dalí: Inédits de Belgrade (1932) publicado por las editoriales Change International y Equivalences. La entrevista es una contestación a un cuestionario general; en cuanto a la novela surrealista, se titula Viva el surrealismo y se encuadra en la etapa más radical daliniana. como adelantó ABC, esta entrevista y otros textos de Dalí acaban de ser publicados en Francia. Ofrecemos a continuación un extracto de ia citada entrevista y un texto daiiniano destinado a formar parte de una novela surrealista. Salvador Dalí A J i -íaJc Encuesta sobre el deseo ¿Qué valor da usted a los deseos del hombre y a sus exigencias más inmediatas, y particularmente a sus propios deseos y exigencias? -Doy un gran valor a los deseos del hombre, y un valor mayor aún a mis propios deseos. ¿Considera usted que sus deseos y exigencias pueden entrar en conflicto con su educación y sus deberes (en los sentidos más diversos de estas palabras) -N o puedo concebir mi vocación ni mis deberes al margen de mis propios deseos, porque mi vocación y mis deberes son las realización de mis deseos. ¿Tiene usted deseos secretos que se puedan considerar culpables, inmorales, bajos, o que usted encuentre personalmente viles, infames, crapulosos? -N o tengo ningún inconveniente en hacer públicos mis deseos considerados más vergonzosos, lo que no quiere decir que lo haga de forma íntegra, a pesar de mis muy amplias tendencias exhibicionistas. Tengo deseos ocultos, secretos para mí mismo; como yo me descubro a mí mismo contantemente, pienso que tos deseos secretos representan el verdadero devenir, y también que la verdadera cultura espiritual no puede ser diferente a la de los deseos. Ningún deseo es culpable, sólo en su rechazo hay falta. Todos mis deseos son, para hacer uso de la misma terminología, viles, infames, crapulosos, etcétera. ¿Tiene usted deseos elevados? ¿Qué hace usted para rea f (y Le msmasrit criqjiul d U di DaH pagas 1- 2 ieritet p r Piul Ehard 7 Manuscrito original de la respuesta de Dalí lizarlos? ¿Qué deseos encuentra usted más nobles? -N o tengo deseos elevados Los que tengo por más nobles son los que considero más humanos; es decir, más perversos. ¿Cree usted que la palabra deseo está justificada en todos los casos en que se emplea habitualmente? ¿Cree que debería hacerse una distinción entre las diversas necesidades? -E l término deseo me parece justificado en todos los casos erotizable; es decir, en todos los casos habituales. No hay diferencias fundamentales (o sublimación ¿Qué papel atribuye usted a los padres y a los educadores de jóvenes respecto al deseo? ¿Qué peligros ve en los malos métodos de educación, si los hay, y cuál es en ese caso la utilidad de los buenos métodos? ¿Cuál es su opinión sobre los métodos de educación que están o han estado en uso en diversos países y épocas, siempre en relación con los deseos desbocados de la juventud? -Despertar el mayor número posible de deseos; fortalecer e! principio del placer (la más legítima aspiración del hombre) contra el principio de la realidad. La consecuencia del método contra- rio- reforzamiento del principio de la realidad contra el principio del placer- es la degradación moral. Sade: único educador perfecto para los deseos desbocados de la juventud. ¡Viva el surrealismo! En la cumbre de esta isla, mirando un magnífico barco suspendido al borde del horizonte, desplegadas las velas a la luz púrpura y nacarada del sol declinante, medito sobre la imbecilidad irremediable y ofensiva de una imagen tal; pues, incluso imaginando todas esas velas, todo ese barco enteramente manchado; incluso imaginando que ese barco tuviera por única carga un reloj hipnagógico, nada podría hacerme prever su más lejana posibilidad de evocar la imagen inconcebible del fantasma tradicional y acostumbrado. Los sistemas estéticos de algunas épocas demasiado frecuentes sólo han permitido la consideración lírica de algunos hábitos inadmisibles y vituperables como el considerar los barcos en alta mar, los astros, etcétera. Evidentemente, los procedimientos estéticos en general, y en (particular aquellos que condicionan tales observaciones, se ca- t racterizan siempre por la ausencia del sentimiento de velocidad esencial para los espíritus que tienden a la libertad Líneas de velocidad, de la perspectiva, líneas de la mar, caminos únicos y necesarios donde más rápidamente se pueden recorrer las fantasías de la aceleración de la vida. Líneas de perspectiva, puntos geométricos de perspectiva en el infinito de G. de Chirico, de Vermeer, de Delft, los espíritus más veloces de la historia, pintores de la velocidad, velocidad por otra parte desconocida, desapercibida especialmente a causa de lo que Gala llama la velocidad reprimida represión que en este caso constituye el autopudor de las figuraciones banalmente dinámicas de sus propios vértigos. Y aun el sueño, aun esas jovencísimas cantantes del teatro Paramount que cantan esa canción Medirina aun esa confusión donde los conceptos aparecen en tanto que síntesis trascendente, resultado de la visión periódica de tres tricornias que representan siempre cortezas de pan de diferentes formas y de diferentes dimensiones; aun ese libro, esta absurdidad donde leo más o menos esto: La conciencia de la velocidad se pierde cuando depone ciertas medidas y condiciones anecdóticas. Es entonces cuando, gracias a ello, del afrodisiaco se pasa no al reino de Dionisos, como querrían los estetas, sino, científicamente, al reino de las deformaciones relativas, según la fórmula onírica que quiere que La Velocidad Modifica la Memoria sobre los Cuerpos. IÍU COMENTARIOS El loco aspira a la cordura, el cuerdo aspira a ser sensato, el sensato no aspira a nada. Julio CERÓN