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72 ABC SOCIEDAD DOMINGO 1- 11- 87 Almendralejo, historia, tradición y premio internacional del vino En la capital de Tierra de Barros se crían toda clase de vinos Leticia Gil de Biedma Almendralejo, capital de Tierra de Barros, de fecunda tradición vinícola, se ha convertido en una década en el asombro de los amantes y estudiosos del etílico. Sus descomunales cosechas de uva, condenadas desde siempre a ser mero soporte de licores o simple alcohol, cubren, hoy, toda la gama de vinos de calidad. Es por eso que el pasado viernes recogió, en un acto celebrado en Roma, su título de Ciudad internacional del vino Cuenta, ufano, un oriundo de aquí, en un intento de ilustrar un rasgo de carácter del almendralejense, su particular visión de la historia. Allá por el 1536, Almendralejo, harta de someterse al yugo de Mérida, decide emanciparse. Sus, por entonces, quinientos vecinos reúnen en una copiosa bolsa el precio de su libertad. Presurosos acuden á por su título de villazgo y después de soltar lo estipulado, dejan caer una propina para que brinden los emeritenses por su independencia. En este ademán, entre chulesco y dispendioso, se reconocen muchos de ellos. Esta vieja propensión a derrochar es uno de los reproches más frecuentes en las homilías de su alcalde actual, José García Bote. A él le preocupa, no poco, ese movimiento horroroso de dinero, esa alegría de gastar que no existe en el resto de Extremadura; con decirte que en Almendralejo hay catorce Bancos y dos mil setecientos locales de diversión en una población de veinticinco mil habitantes... Dice que aquí se auna una enorme entrega en el trabajo, para marchar rápidamente, con el deber sobradamente cumplido, a gastarse el fruto de sus sudores. Habría que buscar el equilibrio entre el gasto y el ahorro. Quizá, la culpa resida en que Almendralejo ha sufrido escasas rachas de vacas flacas. La paz ha reinado siempre en ese matrimonio perfecto que forman esta tierra y sus gentes. Porque la Naturaleza, con frecuencia tan ingrata, en esta zona se deshace al menor mimo. Sus gentes saben cómo tratarla y la trabajan intensa y apasionadamente. Y ella se muestra siempre inagotable, de un rojo subido como la misma vida. De los frutos de esta tierra, sobre todo de la vid y del olivo, llevan viviendo desde principios de siglo. Astronómicas cantidades de aceitunas y uva arrancadas desde entonces, trituradas y expedidas. La uva se destinaba a la industria alcoholera o a la mezcla con otros vinos: Hará cosa de una década, se aventuraron en la crianza personal de sus cosechas. Cautos primeros pasos de elaboración a pequeña escala. Surgen las bodegas escuetas junto a las tradicionales naves industriales de vino a granel. Pronto, con el mismo tipo de vides y la introducción de otras de mayor calidad, como la macabeo y la uva negra, logran un vino de gran calidad rotunda afirmación ésta, de Eduardo Montero de Espinosa, vicepresidente de la Unión Internacional de Enólogos y presidente de la Cofradía de Tierra de Barros, a quien debemos la narración de la historia báquica de Almendralejo. Y así, pueden hoy día presumir de su Chacaito, un fino de estampa jerezana; de un oloroso, de nombre Castoreño; de Larr de Barros, un tinto perfecto; de un Marqués de Villalba, quizá el mejor blanco de la zona los dulcísimos Viña Almendra y Viña Almeida... Y para rizar el rizo, hasta un par de cavas de línea catalana: Bonaval y Vía de la Plata. Vinos que en una cata ciega quedan siempre muy bien de puntuación e incluso a veces dejan atrás a algunos franceses puntualiza, osadamente, Montero de Espinosa. De estos balbuceos independientes se ha pasado a empresas conjuntas, como las Jornadas Enológicas de Tierra de Barros, que reúnen desde hace nueve años a los especialistas de España. Pero el auténtico boom se ha producido este año, cuando la Organización Internacional del Vino incluyó a Almendralejo en la lista de ciudades internacionales del vino Lista de la que forman Este nombramiento es una tarjeta de presentación de nuestros productos en el mundo tenece a la parroquia de Nuestra Señora de la Purificación, templo construido en el siglo XVI de puro estilo herreriano, y devastado al alimón por republicanos y nacionales. Hoy, con las heridas quirúrgicamente camufladas, guarda unas pinturas al fresco de artistas italianos, nimia compensación a los valiosos y desaparecidos retablos. Sí esta torre es el orgullo de Almendralejo, la Virgen de la Piedad, que habita en una blanca ermita, es la patrona conciliadora de las cuatro fuerzas políticas del Municipio, quien en uno de sus últimos Plenos decidió nombrarla Alcaldesa Perpetua. El Obrero Extremeño, El Círculo Mercantil y la calle de La Luna son los focos por los que transcurre el ocio del pueblo. El Obrero Extremeño y El Círculo Mercantil, residuos de la separación tajante de clases, se desafían a escasos metros: el casino del proletariado y el club de los señoritos. Formalmente permanecen intactos. Tan es así, que al cruzar su umbral te ves transportado a principios de siglo, época en la que fueron construidos. De estilo modernista, El Círculo Mercantil parece suspendido en el tiempo, con sus salones repletos de butacas de piel oscura, el silencio apenas roto por el incesante rum- rum de añejos ventiladores y el crujir esporádico de las hojas del periódico. El Hoy y El Diario de Extremadura son la Prensa favorita de Almendralejo. El Obrero Extremeño surgió como Sociedad Cooperativa de Socorros Mutuos, en una época en que el Estado no se ocupaba de estos problemas, y como centro social de esparcimiento definitivamente instalado en un colosal edificio. Al irrumpir la Seguridad Social, su labor protectora se ha visto reducida a mero símbolo y su porvenir en el alero. Mientras, el trasiego juvenil discurre a lo largo y ancho de la calle de La Luna, auténtico foco de atracción de la juventud pacense, donde antiguas bodegas han sido transformadas en discotecas. Otra de las instituciones destacadas de Almendralejo es su biblioteca; la más importante de Extremadura y la segunda del mundo en temas, autores y ediciones extremeñas, fue fundada por Mariano Fernández Daza, su impulsor y máximo responsable. Alberga más de noventa mil volúmenes, de los cuales quince mil han sido microfilmados con su propio equipo. Forma parte del complejo cultural Santa Ana, donde un niño puede entrar en el primer nivel de EGB y salir de allí con categoría universitaria, como perito agrícola o maestro. Y si de Almendralejo se halla pendiente el mundo vinícola, también lo está el de medio ambiente. Para solucionar su angustioso problema de contaminación atmosférica, que le sitúa en el segundo puesto entre las ciudades más polucionadas de Europa, se está preparando una depuradora, lo último en su género. Mil doscientos millones de pesetas, sufragados por el Fondo Social Europeo y la Comunidad autónoma de Extremadura, para reconvertir los residuos en agua potable y energía. Almendralejo, unión perfecta entre sus gentes trabajadoras y una tierra siempre generosa El último avance en depuradoras para solucionar su angustioso problema de contaminación. parte otras localidades españolas: Jerez de la Frontera, San Sadurní de Noya, Logroño, Valdepeñas y Requena. Para su alcalde, este nombramiento supone el mejor momento para la economía de Almendralejo, sobre todo si se sabe aprovechar. Pero hay que hacer un trabajo serio para poder ofrecer calidad y cantidad, porque de nada sirve que te pidan un millón de botellas si sólo puedes ofrecer trescientas. Hay que buscar un equilibrio entre calidad y precio, crear una red comercial, averiguar qué es lo que quiere Europa y proporcionárselo. De otra forma se vendría abajo el montaje Brotó Almendralejo en el cogollo mismo de la provincia de Badajoz, en una zona ajena a la imagen entre tópica y real de la depauperada Extremadura. Zona célebremente rica; para muchos, un oasis, una isla privilegiada, descolgada de Extremadura. Pese a sobrepasar los veinticinco mil habitantes, su espíritu expansivo continúa con tendencias terrenales; aún no ha iniciado la conquista de las alturas. El clima ardiente o la disponibilidad de terreno donde expanderse explican la total ausencia de altas construcciones. Por eso, y pese a su notable tamaño, conserva el encanto definitivo de los pueblos. Insólitamente, al aproximarte a ella, desparramada por una llanura, lo primero que vislumbras es la torre de su iglesia mayor. Esta soberbia cresta per-